El plan B es una movilización a gran escala para desinflar la burbuja económica mundial antes que estalle. Para impedir que la burbuja estalle será necesario un nivel de cooperación internacional sin precedentes que permita estabilizar la población, el clima, los niveles freáticos y los suelos, y que se produzca a un ritmo de tiempos de guerra. De hecho, el esfuerzo necesario, por su escala así como por su urgencia, es comparable a la movilización estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. Nuestra única esperanza es un cambio rápido de sistema, un cambio basado en señales del mercado que reflejen la realidad ecológica. Esto supone reestructurar el régimen fiscal: reducir los impuestos sobre la renta y aumentar los impuestos sobre actividades destructivas del medio ambiente, como la quema de combustibles fósiles, para incorporar los costes ecológicos. A menos que podamos conseguir que el mercado envíe señales que reflejen la realidad, continuaremos tomando decisiones equivocadas como consumidores, responsables de planificación de empresas y responsables de políticas gubernamentales. Las decisiones económicas erróneas y las distorsiones económicas que crean pueden desembocar en un declive económico. El plan B es la única opción viable simplemente porque el plan A, que supone mantener las prácticas habituales, tiene consecuencias inaceptables: la continua degradación y alteración del medio ambiente y el estallido de la burbuja económica. Las señales de alarma son ahora más frecuentes, ya sea pesquerías esquilmadas, el deshielo de los glaciares o el descenso de los niveles freáticos. Hasta ahora las alertas han sido locales, pero pronto se convertirán en globales. Las masivas importaciones de cereales por parte de China así como el aumento de los precios de los alimentos que probablemente le seguiría podrían despertarnos de nuestro letargo.
Pero el tiempo se está acabando. Las economías de burbuja, que por definición están artificialmente infladas, no duran indefinidamente. Cada día que pasa, nuestras demandas al planeta superan a su capacidad de regeneración por un margen más amplio.
LESTER BROWN, Salvar el planeta. Ed. Paidós, 2004.
¿Qué saberes determinan al poder político en nuestra época? ¿Qué nuevos poderes se liberan de un saber ilimitado?
lunes, octubre 30, 2006
martes, octubre 03, 2006
LOS MEDIOS DE MASAS
La realidad de los mass media es la realidad de la observación de segundo orden. Los medios de masas sustituyen las tareas del conocimiento que en otras formaciones sociales estaban reservadas a sitios de observación privilegiados, los sabios, los sacerdotes, los nobles, el Estado: formas de vida que estaban privilegiadas por la religión o por la ética política. La diferencia es tan marcante que difícilmente se puede hablar de progreso o decadencia. Aquí sólo permanece, como modo de reflexión, la observación de segundo orden; es decir, la observación de que la sociedad deja en manos del sistema de los mass media su observación: observación en el modo de observación de la observación. El resultado de este análisis se puede resumir bajo el concepto de cultura. Este concepto engloba, desde el momento en que surgió al final del siglo XVIII, componentes reflexivos y de comparación. La cultura sabe por sí misma en todas sus especificidades que es cultura: construye sus propias diferencias de comparación nacionales o comparativas -al principio, con gestos que reflexionan sobre la propia cultura en comparación con las otras; y actualmente, más bien con la consideración resignada de una multiplicidad de culturas-. Aunque haya esta multiplicidad, uno puede muy bien permanecer en la propia cultura. La opción de moda por la cultural diversity legitima, al mismo tiempo, una posición conservadora respecto a la propia cultura y sólo una relación turística con respecto a las otras. La cultura, precisamente en este sentido (en el sentido de la conformación de todo y cada cosa bajo un mismo signo), es la coartada de los medios de masas (...) sin los medios de masas la cultura como cultura sería irreconocible (...) Con su permanente dictado de construcción de realidad, los mass media sepultan el entendimiento todavía dominante de la libertad. La libertad será, como en el derecho natural, conceptuada como ausencia de coacción. Tanto las ideologías liberales como las socialistas han establecido sus disputas en torno a este concepto de libertad haciendo siempre referencia a la coacción -sea del estado de derecho o de la sociedad capitalista. La "inocencia" de los medios masivos, su inocuidad se basa en que no coaccionan a nadie. De facto, la libertad se sostiene sobre condiciones cognitivas de observación y descripción de alternativas abiertas a un futuro decidible, pero desconocido.
NIKLAS LUHMANN, La realidad de los medios de masas. Ed. Anthropos-Universidad Iberoamericana, 2000.
NIKLAS LUHMANN, La realidad de los medios de masas. Ed. Anthropos-Universidad Iberoamericana, 2000.
Etiquetas:
coacción,
cultura.,
libertad,
observación de segundo orden
lunes, octubre 02, 2006
BERG NEURÓTICO
Su particular fijación con el pasado, con el mundo de los padres, tal vez incluso su sumisión a Schönberg, que llegaba hasta el temor -nos contó en cierta ocasión que incluso siendo ya adultos, él y Webern seguían dialogando siempre con Schönberg en tono interrogante- trae al pensamiento con fatal automatismo el concepto de neurosis. Es cierto que Berg se sentía neurótico y también que sabía lo suficiente sobre psicoanálisis como para cuestionarse su asma y otros síntomas evidentes como su temor a las tormentas. Él mismo me interpretó un día uno de sus sueños. Además, siendo joven había conocido a Freud en un hotel de los Dolomitas, creo que en San Martino; se había puesto enfermo con una de sus habituales gripes y lo había pasado en grande viendo cómo Freud, el único médico que había en el hotel a la sazón, no sabía cómo desenvolverse frente a aquella trivial enfermedad. Le gustaba bromear con el componente psíquico de sus males. Ligeras indisposiciones le proporcionaban la excusa para introducirse en el papel, tan a menudo dichoso, del niño enfermo rodeado de cuidados. Por lo general se deleitaba de modo vagamente morboso con los rasgos eufóricos de la enfermedad. Algunos aspectos neuróticos eran evidentes: sufría de una especie de complejo de ferrocarril. Tenía por principio llegar con mucho adelanto a los trenes, a veces con horas. En cierta ocasión, según nos contó, se presentó en la estación con tres horas de adelanto y sin embargo se las arregló para acabar perdiendo el tren. Pero tal y como suele ocurrir en no pocas ocasiones en las personas de gran fuerza espiritual, su neurosis no afectaba seriamente a su fuerza productiva, tal y como cabría esperar. En todo caso, el rasgo más llamativo sería la lentitud de su productividad. Pero esto más bien se debía a su rigor autocrítico y tremendamente racional, por mucho que tuviera también cierta parte de temor neurótico. A veces Berg recordaba al hombre que grita "¡al lobo, al lobo!".THEODOR ADORNO, Alban Berg. Ed. Alianza, 1990.
Etiquetas:
Freud,
niño enfermo.,
Schönberg,
síntomas,
Webern
domingo, septiembre 24, 2006
LA VOLUNTAD DE PODER
Quizás estemos legitimados para afirmar que Nietzsche alcanzó como autor las cimas más altas de la lengua alemana y de la sintaxis europea. En el cenit de su papel como pensador-cantante pudo considerarse como el órgano de un universo que se crea a sí mismo en las posiciones de autoafirmación de los individuos. Como filósofo él se habría celebrado demasiado prematuramente si hubiera llegado a compilar y publicar sus fragmentos y esbozos de su teoría de la voluntad en una obra. Pero sabemos que existieron quienes, explotando, reciclando y acelerando sus ideas, lo hicieron en su lugar, utilizando el nombre del autor para la marca; y, a decir verdad, contra la valoración más lúcida del autor, quien, en sus escritos, siempre vuelve a ese punto en el que se anula el presunto sistema provisional, la supuesta doctrina fundamental: no hay ninguna voluntad, por lo que tampoco existe una voluntad de poder; la voluntad es sólo un modo de hablar; sólo hay una multiplicidad de fuerzas, discursos, gestos, y su composición bajo la égida y dirección de un yo, que se afirma, se pierde y transforma a sí mismo. Es precisamente aquí donde el autor contradice su marca, siendo sus declaraciones al respecto explícitas (...): Es necesario purificar la superficie de la conciencia -la conciencia es una superficie- de cualquiera de los grandes imperativos. ¡Cuidado incluso con toda palabra pomposa, con toda actitud pomposa! (...) En mi recuerdo falta el que yo me haya esforzado alguna vez, no es posible apreciar en mi vida rasgo alguno de lucha, soy la antítesis de una naturaleza heroica. "Querer" algo, "aspirar" a algo, proponerme una "meta", un "deseo"... nada de esto conozco por experiencia. Todavía en este instante miro hacia mi futuro -¡un vasto futuro!- como si mirara a un mar liso: ningún deseo se encrespa en él. No tengo el menor deseo de que algo se vuelva diferente de lo que ya es; yo mismo no quiero llegar a ser algo diferente... pero así he vivido siempre. (Ecce homo).
PETER SLOTERDIJK, Sobre la mejora de la buena nueva. Ed. Siruela,2005.
PETER SLOTERDIJK, Sobre la mejora de la buena nueva. Ed. Siruela,2005.
miércoles, septiembre 13, 2006
HECHOS IRREPARABLES
La pérdida de la situación central, geográfica y sociológica, el abandono del axioma del progreso histórico o las extremadas reservas con que lo miramos, nuestra sensación de fracaso o de las graves deficiencias del conocimiento y del humanismo respecto de la acción social; todos estos hechos significan el fin de una estructura de valores jerárquica y aceptada. Esas divisiones o cortes binarios que organizaban la percepción social y que representaban la dominación del código cultural sobre el código natural se han borrado ahora o son directamente rechazados. Se trata de cortes entre la civilización occidental y todas las demás, entre los instruidos y los incultos, entre los estratos superiores e inferiores de la sociedad, entre la autoridad de la edad y la dependencia de los jóvenes, entre los sexos. Estos cortes eran no sólo diacríticos -que definían la identidad de las dos unidades en relación consigo mismas y entre sí- sino que eran expresamente horizontales. La línea divisoria separaba lo superior de lo inferior, lo mayor de lo menor, la civilización del primitivismo atrasado, la instrucción de la ignorancia, el privilegio social de la subordinación, la madurez de edad de la inmadurez, los hombres de las mujeres, y en cada caso estaba implícita una distinción de superioridad. Es el colapso, más o menos completo, más o menos consciente, de estos gradientes de valor jerarquizados y definitorios (¿y puede haber valores sin jerarquía?) lo que constituye ahora el hecho principal de nuestra situación intelectual y social (...) La pregunta que se formula menos frecuentemente es la de saber si vale la pena reanimar ciertos elementos centrales de los valores de la jerarquía clásica (...) ¿Para qué elaborar y transmitir cultura si ésta hizo tan poco para contener lo inhumano, si en ella están insertas ambigüedades que hasta solicitaron la barbarie? (...) ¿no se paga por la cultura un precio demasiado elevado? (...) ¿No es la noción misma de cultura sinónimo de elitismo? (...) Está la respuesta de Freud, su estoica aquiescencia, su suposición hosca y fatigada de que la vida humana es una anomalía cancerosa, un rodeo entre vastos estadios de reposo orgánico. Y por otro lado, está el alborozo nietzscheano ante lo inhumano, con su tensa e irónica percepción de que somos, de que siempre hemos sido, húespedes precarios en un mundo indiferente, frecuentemente asesino, pero siempre fascinante: (Escudo de la necesidad. ¡Supremo astro del ser! que ningún deseo puede alcanzar, que ninguna negación puede manchar, eterno Sí del ser, eternamente yo soy tu afirmación: pues yo te amo, ¡Oh eternidad!)
GEORGE STEINER, En el castillo de Barba Azul. Ed. Gedisa, 1991.
GEORGE STEINER, En el castillo de Barba Azul. Ed. Gedisa, 1991.
Etiquetas:
cultura,
humanismo,
inhumanidad,
jerarquía,
valores
domingo, septiembre 10, 2006
INICIO DEL TERROR MODERNO
...cabe asegurar que todo terror, a tenor de su principio de actuación, se entiende en términos atmoterroristas. Toma la forma del golpe atentatorio contra las intensas condiciones de vida medioambientales enemigas, empezando con el ataque tóxico a los recursos más inmediatos del entorno de un organismo humano, esto es, su aire para respirar. Se ha admitido en este sentido que lo que denominamos desde 1789 terreur o terror, y, con más razón, desde 1915, pudo ser anticipado con toda su ingenua brutalidad y malvada astucia en el empleo de la violencia contra las condiciones medioambientales de la existencia humana. Piénsese por ejemplo en los envenenamientos del agua, del que ya se brindaron ejemplos en la Antigüedad, en las acciones de infestación de fortalezas protegidas, en incendios y fumigaciones de ciudades y refugios, en la propagación de rumores infundados de horror y actos de igual parangón. Estas comparaciones, no obstante, cojean en lo esencial. Si abrazamos este planteamiento, el terrorismo sigue sin ser identificado como una criatura de la Modernidad; éste sólo puede acceder a una definición exacta de su identidad una vez que el precepto de ataque al medioambiente y la concepción inmunitoria de un organismo o de una forma de vida son expuestos a la luz de una completa explicitud técnica. Esto sucedió por vez primera, en los sucesos acaecidos el 22 de abril de 1915, cuando las nubes tóxicas de cloro procedentes de 5700 botellas de gas vaciadas para tal ocasión se cernieron, acompañadas por un viento favorable, partiendo de las posiciones alemanas, sobre las trincheras francesas entre las zonas de Bixschoote y Langemarck. Fue a la caída de la tarde de ese mismo día, entre las 18 y las 19 horas, cuando la aguja del reloj epocal de la fase vitalista y tardoromántica de la Modernidad pasó a marcar la hora de la objetividad atmoterrorista. Una cesura de igual calado no ha existido en este terreno desde entonces. Los grandes desastres del siglo XX, como los del apenas iniciado XXI, pertenecen todos sin excepción, como puede mostrarse, a esa historia de la explicación inaugurada esa tarde de abril en el frente occidental, cuando las sorprendidas unidades francocanadienses, a causa del shock de las nubes tóxicas de color blanco amarillento que se aproximaban hacia sus posiciones procedentes del nordeste, retrocedieron, presas de un pánico terrorífico, mientras no dejaban de toser y lanzar alaridos.
PETER SLOTERDIJK, Temblores de aire. En las fuentes del terror. Ed. Siruela, 2003.
PETER SLOTERDIJK, Temblores de aire. En las fuentes del terror. Ed. Siruela, 2003.
jueves, septiembre 07, 2006
FUTURAS SOCIEDADES
Hay algo de lo que hoy se puede estar seguro: la evolución siempre ha actuado en gran medida de forma autodestructiva. A corto y a largo plazo. Poco de lo que ha creado se ha conservado. Esto vale para la mayoría de los seres vivos que existieron un día. Del mismo modo, casi todas las culturas que han determinado la vida humana han desaparecido. El sentido que tuvieron para los que vivieron en ellas apenas es comprensible aún, a pesar de todo el refinamiento en la valoración arqueológico-antropocultural-científico-espiritual de que hoy disponemos. Las mentalidades que un día fueron actuales ya no lo son para nosotros, o en todo caso sólo son comprensibles a través de ficciones altamente artificiales. Sólo nos es posible una relación cuasiturística con esas culturas pasadas. A las obviedades y formas culturales, al "mundo de la vida" de nuestra sociedad le pasará lo mismo. Nadie puede dudar seriamente de ello. No hay que excluir, incluso mirándolo con atención es probable, que los hombres desaparezcan como seres vivos. Quizá se sustituyan a sí mismos por seres vivos humanoides genéticamente superiores. Quizá diezmen o extingan su especie mediante catástrofes autoproducidas. O destruyan de tal modo los auxiliares técnicos que nos son habituales que sólo sigan siendo posibles formas muy elementales de supervivencia. Como siempre, en todo caso las futuras sociedades, si es que las hay sobre la base de comunicación con sentido, vivirán en otro mundo, basado en otras perspectivas y otras preferencias, y en todo caso se asombrarán ante nuestras preocupaciones y nuestros hobbys como ante rarezas con un limitado valor de entretenimiento, si es que quedan rastros de ellas y competencia para leer esos rastros. Semejante futuro nos parece inaceptable, un escenario de horror que sólo podemos disfrutar en forma de ficción porque suponemos que no se dará. Quien contempla lo venidero sin signos de espanto es rechazado por cínico. En la comunicación, esta perspectiva actúa como si hubiera sido inventada para irritar a los otros y para disfrutar con su irritación. El que se tira de la torre Eiffel no puede disfrutar realmente de la caída, porque sabe cómo terminará.NIKLAS LUHMANN, Observaciones de la modernidad. Ed. Paidós, 1997.
Etiquetas:
autodestrucción,
cinismo,
evolución,
humanoides,
mentalidad
miércoles, septiembre 06, 2006
CULTURA Y BARBARIE
Spengler ha subrayado de tal modo el carácter natural de la cultura que ha sido capaz de resquebrajar para siempre la confianza en la función reconciliadora de ésta. Más penetrantemente que ningún otro ha argüido Spengler el hecho de que la naturalidad de la cultura se mueve siempre hacia el ocaso y la catástrofe, y ha mostrado cómo la cultura misma, en tanto que forma y orden, está sometida al ciego dominio que en permanente crisis va preparando el destino a sus víctimas y a sí mismo. Todo lo que es cultura lleva en sí la impronta de la muerte; negar este hecho sería ingenuo luego del alegato de Spengler (...) Para romper el círculo mágico de la morfología spengleriana no basta con condenar la barbarie y confiar en la salud de la cultura. Ante esa ingenuidad reiría Spengler con motivo. Lo que hay que hacer es penetrar con la mirada el elemento de barbarie que hay en la cultura misma. Sólo tienen una posibilidad de sobrevivir al veredicto de Spengler aquellos pensamientos que someten a juicio la idea de cultura exactamente igual que la realidad de la barbarie. El alma vegetativa de la cultura spengleriana, el vitalista "estar en forma", el mundo simbólico, inconsciente y arcaico que le entusiasma (...) son embajadores de la tragedia cuando realmente entran en acción. Todos ellos dan testimonio de la constricción y del sacrificio que la cultura impone a los hombres. La aguda mirada del cazador spengleriano que registra despiadadamente las ciudades de los hombres como si fueran la selva que son, ha pasado por alto una cosa: las fuerzas que se liberan en la decadencia de la ruina (...) En el mundo de la vida violenta y oprimida, la decadencia -que arrebata a esa vida, a su cultura, a su rudeza y a su excelsitud, todo séquito- es el refugio de los mejores. Los impotentes, los que, según el decreto de Spengler, son dados de lado por la historia y son aniquilados, encarnan negativamente en la negatividad de esta cultura algo que promete romper el veredicto y terminar con el espanto de la prehistoria -por más débilmente que pueda sonar esa promesa. En la aparición de esas fuerzas yace la última esperanza de que el destino y el poder no tengan la última palabra en el mundo.
THEODOR ADORNO, Crítica cultural y sociedad. Ed. Sarpe, 1984.
THEODOR ADORNO, Crítica cultural y sociedad. Ed. Sarpe, 1984.
lunes, septiembre 04, 2006
LA REDENCIÓN DE LA VENGANZA
La respuesta que Nietzsche da a nuestra pregunta sobre ese representar que predomina de antemano en todo el parpadeo del último hombre, está escrita en el párrafo antepenúltimo de la segunda parte de Así habló Zaratustra(1883). Tiene por título las palabras "De la redención", y dice así: "El espíritu de la venganza: amigos míos, esto ha sido hasta ahora lo mejor a donde llegó el pensar de los hombres; y donde había sufrimiento, allí debía estar siempre el castigo." Venganza, vengar, wreken, urgere, significan: empujar, aguijonear, perseguir, acechar. El pensar, el re-presentar del hombre tal como ha sido hasta ahora, está determinado por la venganza, por el acechar. Ahora bien: si Nietzsche pretende salir y sobrepasar al hombre tal como ha sido hasta el presente y su representar, para llegar a un hombre distinto y superior, ¿cuál es el puente que conduce a un camino de transición? ¿En qué piensa Nietzsche al buscar este puente, para llegar del último hombre al super-hombre? ¿Qué es lo único y más propiamente tal que pensaba este pensador, aun cuando no lo expresaba en cada ocasión ni de la misma manera? El mismo Nietzsche nos da la respuesta a nuestra pregunta en la misma segunda parte de Así habló Zaratustra, en el párrafo "De las tarántulas", donde hace decir a Zaratustra: "Pues, que el hombre sea redimido de la venganza: esto es para mí el puente hacia la suprema esperanza y un arco iris al cabo de muchas tormentas."
MARTIN HEIDEGGER, El espíritu de la venganza. Revista Descartes nº6, 1989.
MARTIN HEIDEGGER, El espíritu de la venganza. Revista Descartes nº6, 1989.
domingo, septiembre 03, 2006
EL JUEGO
El pasaje de lo sagrado a lo profano puede, de hecho, darse también a través de un uso (o, más bien, un reuso) completamente incongruente de lo sagrado. Se trata del juego. Es sabido que la esfera de lo sagrado y la esfera del juego están estrechamente conectadas. La mayor parte de los juegos que conocemos deriva de antiguas ceremonias sagradas, de rituales y de prácticas adivinatorias que pertenecían tiempo atrás a la esfera estrictamente religiosa. La ronda fue en su origen un rito matrimonial; jugar a la pelota reproduce la lucha de los dioses por la posesión del sol; los juegos de azar derivan de prácticas oraculares; el trompo y el tablero de ajedrez eran instrumentos de adivinación. Analizando esta relación entre juego y rito, Emile Benveniste, ha mostrado que el juego no sólo proviene de la esfera de lo sagrado, sino que representa de algún modo su inversión (...) el juego libera y aparta a la humanidad de la esfera de lo sagrado, pero sin abolirla simplemente. El uso al cual es restituido lo sagrado es un uso especial, pero no coincide con el consumo utilitario. La "profanación" del juego no atañe, en efecto, sólo a la esfera religiosa. Los niños, que juegan con cualquier trasto viejo que encuentran, transforman en juguete aun aquello que pertenece a la esfera de la economía, de la guerra, del derecho y de las otras actividades que estamos acostumbrados a considerar como serias. Un automóvil, un arma de fuego, un contrato jurídico se transforman de golpe en juguetes. Lo que tienen en común estos casos con los casos de profanación de lo sagrado es el pasaje de una religio, que es sentida ya como falsa y opresiva, a la negligencia como verdadera religio (...) Así como la religio no ya observada, sino jugada abre la puerta del uso, las potencias de la economía, del derecho y de la política desactivadas en el juego se convierten en la puerta de una nueva felicidad.
GIORGIO AGAMBEN, Profanaciones. Ed. Adriana Hidalgo, 2005.
GIORGIO AGAMBEN, Profanaciones. Ed. Adriana Hidalgo, 2005.
miércoles, agosto 30, 2006
LA SITUACIÓN TERAPÉUTICA
Las investigaciones fructíferas más recientes ponen de relieve algo: casi todos los tipos de tratamiento psicoterapéutico practicados medio en serio y de modo persistente revelan en mayor o menor medida las mismas cuotas de éxito y fracaso. De ahí que se pueda extraer la conclusión de que los métodos y sus fundamentos no tienen más que un significado secundario. El factor activo y agente de la curación radica probablemente en la situación terapéutica como tal, por tanto en lo que produce efectos positivos para la mayoría de los hombres cuando ellos, tras un período de autodescuido y privaciones psíquicas, pueden conversar durante cierto espacio de tiempo acerca de sí mismos con una persona que los toma en serio de una manera seria. Todo lo restante es algo accesorio y superestructural, lo que cuenta es la situación básica de diálogo: en medio de un clima en el que reina la atención afectiva con un interlocutor impertérritamente constructivo, pueden alcanzar expresión algunas perturbaciones. Es en ese momento en el que todo marcha bien, cuando se hacen experiencias que permiten ocupar de manera positiva el espacio del otro. En el marco de la polemología esto mismo se denomina "proceso de paz". A la vista de este acontecimiento básico, resulta casi indiferente saber qué tipo de profesionalización desarrolla la parte terapéutica para justificar la situación terapéutica. Aquí nos las tenemos que ver con grandes variantes y también con ejercicios preliminares de alto valor histórico. A este respecto, en Esferas I he llamado la atención sobre esta antigua historia de las técnicas de cercanía en los albores de la sociedad burguesa. Ya en el siglo XVIII se necesitaban pretextos científicos para que los hombres quisieran reanimarse e impresionarse "magnéticamente". El sistema de distanciamiento del yo, consolidado en las sociedades del siglo XIX, requiere para tal fin una fundamentación de situaciones de cercanía, y vale como la mejor justificación del objetivo terapéutico, codificado científica y médicamente, hasta el momento actual.
PETER SLOTERDIJK-HANS HEINRICHS, El sol y la muerte. Ed. Siruela, 2004.
PETER SLOTERDIJK-HANS HEINRICHS, El sol y la muerte. Ed. Siruela, 2004.
lunes, agosto 28, 2006
EL INGENIERO BALDER
Sin duda la consagración supone un objeto elevado (el arte, la patria, la ciencia, etc), pero como inevitablemente el ordenamiento de esta consagración se produce, en la sociedad dada, por medio de individualidades y particularidades (determinada empresa académica o comercial, determinado grupo gobernante, determinado cuerpo profesoral, etc) que se imponen a su vez como los intermediarios ya ordenables y ordenados, resulta de aquí una determinación externa que en principio no es ajena. Y si no percibimos la necesidad de adaptarnos a ella, o, lo que es lo mismo, si percibimos la superfluidad de esa adaptación, buscaremos posiblemente la autodeterminación en el consagrarnos, en cada caso, a una singularidad como tal, en la que la importancia radique en el encanto que emana de ella, esto es, en una mujer. Y, en efecto, nada ni nadie prescriben que Balder viva para y muera por Irene Loayza; sólo sería su decisión; es él mismo, su vida, su tiempo... los que se dedican a Irene. Pero como, a la vez, la muerte por ella no sería un provecho para esta singularidad que es sólo una singularidad, fundamentalmente habrá que vivir para y por ella, y asegurar los medios de mantener la vida, la propia y la de ella. Así, pues, el sentido de esta abnegada y eficaz destinación a Irene exige la lubricidad y la perversión porque todo en Irene ha de ser siempre gozable y porque toda generalidad ha de hacerse singularidad gozosa al ser singularizada por Irene; de este modo, la experiencia primera de "el encanto de mirar comer a Irene" requerirá que haya de ser también encantamiento y prodigio oír orinar a Irene o atesorar sus secreciones y menstruos. Y sólo la obligación de ganarse burguesamente la vida puede ser un límite para que este enamoramiento ardoroso no degenere en chochera erótica. Extraña liberación de la coerción externa, pues implica la sumersión simultánea en un cuerpo ajeno y en el propio; pero logro, también de cierta autonomía a través de una mujer puesta en cada caso como absoluta y amorosamente deseable contra la relatividad y la heteronomía de la sociedad utilitaria.
CARLOS CORREAS, Arlt literato. Ed. Atuel, 1996.
CARLOS CORREAS, Arlt literato. Ed. Atuel, 1996.
sábado, agosto 26, 2006
PODER INQUISITIVO Y VENGANZA
(...) es dable rescatar el valor de la famosa frase la ciencia no piensa , al menos en el sentido de que sin ética que limite su enemistad con todos los obstáculos al poder, la ciencia camina hacia el Holocausto, lo que equivale a decir que el poder del dominus sin ética, marcha al genocidio y al ecocidio por el camino de la inquisitio.
Esta fue, sin duda, la mayor revolución protagonizada por la inquisición con el reemplazo de la disputatio (establecimiento de la verdad por lucha) por la inquisitio (establecimiento de la verdad por interrogación). Desde esta perspectiva puede afirmarse que la Edad Media no ha terminado y está lejos de terminar. Dependerá de la capacidad humana de transformación del conocimiento, que la inquisitio sea reemplazada algún día por el dialogus, en que el saber no sea ya de dominus sino de frater. Pero la mera perspectiva de este posible cambio civilizatorio muestra la formidable medida en que el problema trasciende el campo de lo penal para convertirse en una cuestión central de la cultura universal. Pretender ignorar esta dimensión y resolver la cuestión como un puro problema de política criminal que es posible liquidar en pocas páginas es una ingenuidad insostenible, o bien, una limitación de conocimiento inadmisible por su altísimo nivel de aislamiento respecto de los otros saberes.
De lo dicho resulta claramente que la enemistad no es sólo –ni mucho menos- una cuestión del poder represivo, sino un condicionamiento cultural del modo de saber inquisitorial, que es propio de la civilización que nació con el poder punitivo y se planetarizó en un proceso creciente a partir de la revolución mercantil y los genocidios colonizadores.
Este saber inquisitorial de dominus se acumula como saber señorial tecnológico en una recta de pretendido progreso lineal e infinito, que condiciona la idea del tiempo que tiene la civilización planetaria: el tiempo lineal. La concepción lineal del tiempo está íntimamente vinculada a la venganza, al punto que de ella depende: la venganza es siempre venganza contra el tiempo, dado que no es posible, en una concepción lineal, hacer que lo que ha sido no haya sido. La venganza es contra lo que fue y ya no puede ser de otro modo ni volver a ser. El humano está preso del tiempo y de su “fue”. La venganza es una necesidad de la concepción lineal del tiempo.
EUGENIO ZAFFARONI, El enemigo en el derecho penal. Fundación para la Capacitación e Investigación Social, 2006.
Esta fue, sin duda, la mayor revolución protagonizada por la inquisición con el reemplazo de la disputatio (establecimiento de la verdad por lucha) por la inquisitio (establecimiento de la verdad por interrogación). Desde esta perspectiva puede afirmarse que la Edad Media no ha terminado y está lejos de terminar. Dependerá de la capacidad humana de transformación del conocimiento, que la inquisitio sea reemplazada algún día por el dialogus, en que el saber no sea ya de dominus sino de frater. Pero la mera perspectiva de este posible cambio civilizatorio muestra la formidable medida en que el problema trasciende el campo de lo penal para convertirse en una cuestión central de la cultura universal. Pretender ignorar esta dimensión y resolver la cuestión como un puro problema de política criminal que es posible liquidar en pocas páginas es una ingenuidad insostenible, o bien, una limitación de conocimiento inadmisible por su altísimo nivel de aislamiento respecto de los otros saberes.
De lo dicho resulta claramente que la enemistad no es sólo –ni mucho menos- una cuestión del poder represivo, sino un condicionamiento cultural del modo de saber inquisitorial, que es propio de la civilización que nació con el poder punitivo y se planetarizó en un proceso creciente a partir de la revolución mercantil y los genocidios colonizadores.
Este saber inquisitorial de dominus se acumula como saber señorial tecnológico en una recta de pretendido progreso lineal e infinito, que condiciona la idea del tiempo que tiene la civilización planetaria: el tiempo lineal. La concepción lineal del tiempo está íntimamente vinculada a la venganza, al punto que de ella depende: la venganza es siempre venganza contra el tiempo, dado que no es posible, en una concepción lineal, hacer que lo que ha sido no haya sido. La venganza es contra lo que fue y ya no puede ser de otro modo ni volver a ser. El humano está preso del tiempo y de su “fue”. La venganza es una necesidad de la concepción lineal del tiempo.
EUGENIO ZAFFARONI, El enemigo en el derecho penal. Fundación para la Capacitación e Investigación Social, 2006.
viernes, agosto 25, 2006
DIÓGENES EN EL MERCADO
La opinión pública del ágora ateniense fue electrizada por la ofensiva quínica. Aunque Diógenes no aceptó realmente ningún discípulo, su impulso doctrinal, si bien de una manera subliminal, se convirtió en uno de los más fuertes de la historia del espíritu. Cuando Diógenes orina y se masturba en la plaza del mercado, hace ambas cosas en una situación modelo, dado que lo hace públicamente. Publicar algo significa la unidad fáctica de mostrar y generalizar. De esta manera, el filósofo concede al pequeño hombre del mercado los mismos derechos a una experiencia desvergonzada de lo corporal, que hace bien en oponerse a cualquier discriminación. La moralidad puede ser incluso buena, pero la naturalidad también lo es. No otra cosa es lo que proclama el escándalo quínico. Dado que la doctrina explica la vida, el quínico tuvo que llevar al mercado la sensualidad reprimida. Mirad qué bien se lo pasa con su miembro este hombre sabio, ante el que Alejandro Magno se quedaba lleno de admiración. Y defecar lo hace él a la vista de todos. Consiguientemente no puede ser tan malo. Y con ello comienza una risa filosóficamente rica en contenido de verdad, risa de la que habrá que acordarse de nuevo, ya que hoy día todo tiende a que a uno se le acabe la risa. Las filosofías posteriores -por supuesto, las cristianas y las no cristianas incluso más- desintegran paso a paso la regla de la corporización (...) El que la destrucción del principio corporización, sea una obra de esquizofrenias cristiano-burguesas y capitalistas, no necesita ulterior explicación. El principio de la corporización no puede ser portado -por razones de constitución cultural- por los intelectuales modernos (...) El filósofo moderno, mientras siga reivindicando este nombre, se convertirá en un animal cerebral esquizoide... incluso cuando vuelva su atención teóricamente a la negatividad, a lo excluido, a lo humillado y a lo vencido.
PETER SLOTERDIJK, Crítica de la razón cínica. Ed. Taurus, 1989.
PETER SLOTERDIJK, Crítica de la razón cínica. Ed. Taurus, 1989.
jueves, agosto 24, 2006
SER AMADO
En todo imperialismo del sentimiento, hay un no sé qué de inautenticidad. Es un intento de librarse de la soledad. Pero entiéndase bien lo que esto quiere decir. Me llama poderosamente la atención esta mañana la exigencia universal de querer "ser amado". No es tan evidente a primera vista que haya que desear ser querido cuando se quiere a otra persona (...) si el hombre es un lleno existencial, debería querer poseer el objeto que ama, tenerlo a su entera disposición día y noche, percibir su dependencia completa en sus miradas serviles y en sus sonrisas. ¿Para qué necesita ir más lejos? Pues bien, semejante dependencia es más frecuente de lo que parece, y es sabido que está muy lejos de dar satisfacción; no hace más que acrecentar la avidez de esa búsqueda, que, más allá de la sumisión absoluta, persigue la conciencia libre cuyo amor se desea. Comprendo fácilmente que para el propietario el amor del ser vivo que es propiedad suya simplifica mucho las cosas. Sin embargo, veo también que a quien quiere el poder absoluto no le importa el amor en absoluto: se contenta con el miedo. Los monarcas absolutos y los dictadores nunca han buscado la estimación de sus súbditos, a no ser por política -y si encontraban un medio más económico de someterlos, inmediatamente lo utilizaban. Pero ocurre que un sometimiento total del ser amado llega a extinguir el amor del que ama. Siempre es a la vez confortante y enojoso ser amado más de lo que uno ama. Estas verdades de sentido común muestran suficientemente que el amante no sueña con el sometimiento completo del amado. No aspira a convertirse en objeto de una pasión desbordante y mecánica. Lo que quiere tiene algo de malabarismo, es un equilibrio inestable entre la pasión y la libertad. Quiere ante todo que la libertad se determine a sí misma a convertirse en amor, y no sólo al comienzo de la aventura, sino a cada instante. Nada es más valioso para el amante que la autonomía del amor en el ser amado.
JEAN-PAUL SARTRE, Cuadernos de guerra (1939-40). Ed. Edhasa, 1987.
JEAN-PAUL SARTRE, Cuadernos de guerra (1939-40). Ed. Edhasa, 1987.
martes, agosto 22, 2006
EL INDIVIDUALISMO
Nietzsche es un diseñador de tendencias. La tendencia que él encarnó y dio forma no es otra que la corriente individualista, que desde las revoluciones industriales y sus proyecciones culturales en el Romanticismo penetró irresistiblemente en su día en la sociedad civil y desde entonces no ha cesado de penetrarla. Hablamos aquí de individualismo no en el sentido de una corriente fortuita o meramente contingente dentro del ámbito de la historia de las mentalidades, sino más bien de un corte antropológico a la luz del cual sólo puede nacer un tipo humano inmerso en los medios de comunicación y de descarga suficientes como para individualizarse frente a sus "condicionamientos sociales". En el individualismo se pone de manifiesto la tercera insularización poshistórica del "hombre" (después de que la primera, la prehistórica, hubiera conducido a su emancipación de la Naturaleza y de que la segunda desembocara en el "dominio del hombre por el hombre"). De hecho, el individualismo no cesa de establecer alianzas inestables y cambiantes con todo lo que conforma el mundo moderno: con el progreso y la reacción, con los programas políticos de la izquierda y la derecha, con las motivaciones y principios nacionales y transnacionales, con proyectos masculinos, femeninos e infantiles, con sensibilidades tecnocráticas o tecnofóbicas, con morales ascéticas o hedonistas, con teorías y conceptos artísticos vanguardistas o conservadores, con terapias analíticas o catárticas, con estilos de vida deportivos o sedentarios, con tendencias activas a la producción o contrarias al desarrollo económico desenfrenado, con la fe en el éxito y con la incredulidad ante él, con formas de vida todavía cristianas o ya no cristianas, con ampliaciones ecuménicas o clausuras localistas, con éticas humanistas o poshumanistas, con ese Yo que ha de acompañar a todas mis representaciones o con esa identidad disuelta que sólo existe ya como sala de espejos de sus propias máscaras. El individualismo tiene la capacidad de trabar vínculos con todo tipo de posiciones, y Nietzsche es su diseñador, su profeta.
PETER SLOTERDIJK, Sobre la mejora de Buena Nueva. Ed. Siruela, 2005.
PETER SLOTERDIJK, Sobre la mejora de Buena Nueva. Ed. Siruela, 2005.
lunes, agosto 21, 2006
EL OCULTISMO
Precisamente porque la vida humana se ha transformado aquí en destino ya fijado pero todavía no experimentado como tal por nosotros, por esto produce esas "explicaciones" que son la astrología, la nigromancia, la teosofía, etc. Porque aquí vivimos nuestra desesperanza sobre un fondo de constante inquietud e incertidumbre cósmicas, por esto la vida humana se empobrece al punto de no propender sino a la seguridad y al sentimiento de la seguridad, al sentir que se ha de poder seguir contando con lo que ya se tiene; y así prevalece la idea de destino, uno para cada uno, destino de grandeza o de pequeñez, de fracaso o de gloria, de vida sin sentido propio o de conquista de sí mismo (...) Esa situación primordial es lo que llamamos el sistema de la miseria, y es dentro de este sistema donde se expande el ocultismo: teosofía, astrología, espiritismo, no sólo arrancan de la miseria, sino que permanecen dentro de ella, se cultivan y se propagan miserablemente en la medida en que en su cauce la vida humana se impregna de la pobreza del aislamiento respecto de los demás hombres y de la pobreza del ocultamiento de los procedimientos por los que se han de poner en juego fuerzas y poderes ocultos sobre otros hombres. El ocultismo es una "estrategia de poder" y toda estrategia de predominio sobre el prójimo exige el ocultismo como encubrimiento de las investigaciones y operaciones sobre las fuerzas por cuyo medio se ha de realizar el sojuzgamiento. Por consiguiente, el ocultismo pulsa en la política, en la diplomacia, en lo jurídico, en la etiqueta, en las denominadas "relaciones exteriores", en la publicidad...
CARLOS CORREAS, Arlt literato. Ed. Atuel, 1996.
CARLOS CORREAS, Arlt literato. Ed. Atuel, 1996.
domingo, agosto 20, 2006
LEOPOLDO LUGONES
Hay un aspecto de Lugones que ha sido deliberadamente descuidado por sus exégetas: sus relaciones delirantes con la ciencia y sus manías de sabio apócrifo y marginal. Hombre de cultura vasta y pintoresca, Lugones es un buen ejemplo del erudito esotérico, lector de diccionarios y de manuales de divulgación científica, siempre interesado por los bordes excéntricos del conocimiento. A lo largo de una vida signada por la inconstancia y la práctica decidida de la inestabilidad ideológica, se mantuvo, por ejemplo, invariable su fidelidad al espiritismo y a las ciencias ocultas. Hacia 1900 era secretario general de la Rama Luz de la sociedad teosófica argentina, filial de la secta científica fundada por la vidente Helena Petrovna Blavatsky, y hasta su muerte fue un iniciado en el saber maldito. Este costado arltiano de Lugones que lo conecta con el astrólogo de Los siete locos define más de un aspecto de su obra (...) En los relatos de Lugones es difícil establecer con claridad los límites: la narrativa policial, la especulación filosófica, los delirios teóricos y la ficción científica se combinan para crear una suerte de híbrido (...) La fascinación por las hipótesis y las fórmulas, por los laboratorios y las máquinas, por los experimentadores alucinados, los inventores delirantes y los herméticos filósofos barriales, la atracción psiquiátrica y un poco lombrosiana por los marginales, los casos extremos y la locura social, permiten ligar entre sí a escritores tan diferentes como Arlt, Lugones, Macedonio, Marechal o Laiseca. ¿Se podría hablar en esos casos de cierta ficción paranoica que construye sus tramas poniendo en juego siempre relaciones de poder y de guerra, que trabaja con máquinas infernales, con teorías esotéricas y delirios filosóficos? En los cuentos de Lugones esos elementos están, de hecho, siempre presentes: miniaturas alucinadas de la verdad encierran los sueños más intensos de ese caballero argentino que creía en el poder de las fuerzas extrañas, tenía relaciones clandestinas con una maestra y se suicidó en un recreo del Tigre una noche de febrero de 1938.
RICARDO PIGLIA, La Argentina en pedazos. Ediciones de La Urraca, 1993.
RICARDO PIGLIA, La Argentina en pedazos. Ediciones de La Urraca, 1993.
sábado, agosto 19, 2006
EL MUSEO
El museo moderno es capaz de introducir una nueva diferencia entre las cosas. Esta diferencia es nueva porque no representa ninguna de las diferencias visuales ya existentes. La elección de los objetos para la musealización únicamente es interesante y relevante para nosotros si no únicamente reconoce y reafirma las diferencias existentes, sino que se presenta a sí misma como infundada, inexplicable e ilegítima. Para un espectador, esta elección abre una visión sobre la infinidad del mundo. Y más que esto: mediante la introducción de esta nueva diferencia, el museo cambia la atención del espectador de la forma visual de las cosas a su soporte material escondido y a su esperanza de vida. Lo Nuevo funciona aquí no como una re-presentación de lo Otro o como un paso adelante hacia una progresiva clarificación de lo obscuro, sino más bien como un nuevo recordatorio de que lo oculto permanece oculto, de que la diferencia entre lo real y lo simulado permanece ambigua, de que la longevidad de las cosas es insalvable. O, diciéndolo de otro modo, el museo nos da la posibilidad de introducir lo sublime dentro de lo banal. En la Biblia podemos encontrar la famosa intervención de que no hay nada nuevo bajo el sol. Evidentemente, esto es cierto, sin embargo, en el museo no hay ningún sol. Esta es probablemente la razón por la que el museo siempre ha sido -y aún es- el único lugar para una posible innovación.
BORIS GROYS, Sobre lo nuevo. FUOC, 2002.
BORIS GROYS, Sobre lo nuevo. FUOC, 2002.
viernes, agosto 18, 2006
LEVIATÁN
En el fondo, lejos de ser el teórico de las relaciones entre la guerra y el poder político, es como si Hobbes quisiera eliminar la guerra en tanto realidad histórica, es como si quisiera eliminarla de la génesis de la soberanía. Hay en Leviatán todo un frente del discurso que consiste en decir: poco importa, a fin de cuentas, haber perdido o no; poco importa haber sido derrotados o no, puesto que en todos los casos es siempre el mismo mecanismo el que funciona para todos los derrotados, mecanismo que se encuentra en el estado de naturaleza, en la constitución del estado e incluso en la relación más tierna y natural que existe, vale decir en la que se da entre los padres y sus niños. Hobbes transforma la guerra, el evento bélico, la relación de fuerza que se ha manifestado efectivamente en la batalla, en algo diferente para la constitución de la soberanía. La constitución de la soberanía ignora la guerra. Y en todos los casos, haya o no guerra, la soberanía se realiza siempre del mismo modo. El discurso de Hobbes es en el fondo un no a la guerra: no es la guerra la que crea efectivamente los estados (...) He aquí entonces el problema: dado que en las anteriores teorías jurídicas del poder la guerra nunca había desempeñado la función que Hobbes le niega obstinadamente, ¿contra quién o contra qué se dirige entonces esta eliminación de la guerra? (...) En síntesis, lo que Hobbes quiere eliminar es la conquista, o mejor, la utilización del discurso de la conquista en el discurso histórico y en la práctica política. El adversario invisible del Leviatán es la conquista. Hobbes sabía bien para qué servía el enorme fantoche artificial que tanto hizo estremecer a los bienpensantes del derecho y de la filosofía, el monstruo estatal (...) Por eso los filósofos, que tanto lo han denostado, en el fondo lo aman, y su cinismo ha hechizado hasta a los timoratos.
MICHEL FOUCAULT, Genealogía del racismo. Ed. Altamira, 1992.
MICHEL FOUCAULT, Genealogía del racismo. Ed. Altamira, 1992.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)