lunes, enero 29, 2007

¡EUROPA, EUROPA!

El nombre de Europa designa una región del mundo en la que, de un modo indiscutiblemente singular, se ha preguntado por la verdad y la buena vida. Ni siquiera en los tiempos modernos los europeos dejarán de creer del todo que sólo aquello que es justo y digno del ser humano dispone a la larga de un derecho al éxito. No es casualidad que en sus conceptos de ciencia, democracia, Derechos Humanos y arte ellos busquen expresar algo de esta idea de verdad tan idiosincrásica. Estos conceptos se entreveran en el envite europeo lanzado al género humano: crear formas de vida que dignifiquen al hombre como un ser capaz de aspirar radicalmente a lo grande y más rico. En este envite en el que se miden consigo mismos los buenos europeos, la pasión europea constituye el eje central inmemorial. Sólo cuando la pasión entra en liza pueden los europeos querer con tenacidad sus éxitos y apreciarlos sin interrupciones; y sólo después de escapar de su cansancio y de su nihilismo. "Poder querer el éxito" significa saberse impulsado por una verdad que resiste a las depresiones. Tras 1500 años de experimentos con ascesis, piedades, nostalgias, búsquedas y denuedos, los europeos saben -o creen saber- que no es propia del hombre la condición de pobre, desheredado o abandonado. En la medida en que son conscientes de este hecho, son capaces de arrostrar los más grandes esfuerzos. Si olvidan este saber, son los seres más perdidos y menos dinámicos sobre la faz de la tierra. En su esfuerzo, los europeos son siempre, por tanto, rebeldes contra la miseria. Con un pathos que sólo a ellos les es característico, sueñan con las artes, en la medida en que el arte, como garante de la apertura de las creaciones, significa para ellos el gran antídoto contra las tentaciones inducidas por la miseria. No en vano sufren más que nadie de la miseria de no ver delante de sus ojos un proyecto contra la miseria. Las desesperaciones europeas son, por esta razón, más peligrosas que la de los miembros de otras culturas. Con razón se ha llamado a Europa la madre de las revoluciones; una definición más profunda definiría Europa como el foco de la revuelta contra la miseria humana.

PETER SLOTERDIJK, Si Europa despierta. Ed. Pre-Textos, 2004.

viernes, enero 26, 2007

SÓCRATES COMO TÁBANO Y COMADRONA

Generalmente se ha dicho que Sócrates creía en la posibilidad de enseñar la virtud y, en realidad, parece haber sostenido que hablar y pensar acerca de la piedad, de la justicia, del valor, etc. permitía a los hombres convertirse en más piadosos, más justos, más valerosos, incluso sin proporcionar definiciones ni valores para dirigir su futura conducta. Lo que Sócrates creía realmente sobre tales asuntos puede ser ilustrado mejor a través de los símiles que se aplicó a sí mismo. Se llamó tábano y comadrona, y, según Platón, alguien lo calificó de "torpedo", un pez que paraliza y entumece por contacto; una analogía cuya adecuación Sócrates reconoció a condición de que se entendiera que "el torpedo, estando él entorpecido, hace al mismo tiempo que los demás se entorpezcan. En efecto, no es que, no teniendo yo problemas, los genere en los demás, sino que, estando yo totalmente imbuido de problemas, también hago que lo estén los demás", lo cual resume nítidamente la única forma en la que el pensamiento puede ser enseñado; aparte del hecho de que Sócrates, como repetidamente dijo, no enseñaba nada por la sencilla razón de que no tenía nada que enseñar: era "estéril" como las comadronas griegas que habían sobrepasado ya la edad de la fecundidad. (Puesto que no tenía nada que enseñar, ni ninguna verdad que ofrecer, fue acusado de no revelar jamás su opinión personal, como sabemos por Jenofonte, que lo defendió de esta acusación.) Parece que, a diferencia de los pensadores profesionales, sintió el impulso de investigar si sus iguales compartían sus perplejidades, un impulso bastante distinto de la inclinación a descifrar enigmas para demostrárselos a los otros (...) Sócrates es un tábano: sabe como aguijonear a los ciudadanos que, sin él, "continuarían durmiendo para el resto de sus vidas", a menos que alguien más viniera a despertarlos de nuevo. ¿Y para qué los aguijoneaba? Para pensar, para que examinaran sus asuntos, actividad sin la cual la vida, en su opinión, no sólo valdría poco sino que ni siquiera sería auténtica vida. Sócrates es una comadrona. Y aquí nace una triple implicación: la "esterilidad", su experiencia en saber librar a otros de sus pensamientos, esto es, de las implicaciones de sus opiniones, y la función propia de la comadrona griega de decidir acerca de si la criatura estaba más o menos adaptada para vivir o, para usar el lenguaje socrático, era un mero "huevo estéril" del cual era necesario liberar a la madre (...) atendiendo a los diálogos socráticos, no hay nadie entre los interlocutores de Sócrates que haya expresado un pensamiento que no fuera un "embrión estéril". Sócrates hace aquí lo que Platón, pensando en él, dijo de los sofistas: hay que purgar a la gente de sus "opiniones" -es decir, de aquellos prejuicios no analizados que les impiden pensar, sugiriendo que conocemos, donde no sólo no conocemos sino que no podemos conocer- y, al proporcionarles su verdad, los ayuda a liberarse de lo malo -sus opiniones- sin hacerlos buenos, como decía Platón.

HANNA ARENDT, De la historia a la acción. Ed. Paidós, 1995.

martes, enero 16, 2007

LA CRISIS EUROPEA ENTRE 1300 Y 1450

En Europa, la temperatura media está relacionada con la precipitación. De modo que los períodos fríos son también secos y en consecuencia menos productivos. La continua mejora del clima, hasta el fin del siglo XIII, permitió el aumento de la población, pero a partir de esa fecha (con el continuo descenso de la temperatura) comenzaron las dificultades. La sociedad no estaba preparada para manejar el cambio desfavorable tanto por razones demográficas como por la falta de tecnología y por el orden político y social existente. Sin respuesta tecnológica, comercial u organizativa, la única alternativa fue una mayor presión sobre nuevas tierras, generalmente de baja fertilidad, con la consiguiente pérdida de la productividad del trabajo y de la remuneración del mismo. Bajo condiciones de satisfacción de la demanda, el precio suele ser inversamente proporcional a la producción. Pero cuando la producción no cubre la mínima demanda, el precio aumenta y mucho más rápidamente a medida que cae la producción. Esto es todavía más pronunciado cuando se trata de bienes imprescindibles como los alimentos. En la crisis de 1300-1450 pasó exactamente eso: los alimentos alcanzaron con frecuencia precios exorbitantes, lo que determinó mayores rentas para ciertos productores y mayores costos para los consumidores. Este proceso está bien documentado en el caso de Inglaterra, pero también hay información coincidente de la mayor parte de Europa. Como no se produjeron adaptaciones tecnológicas ni del orden social y algunas actividades tuvieron que ser abandonadas, por ejemplo la vitivinicultura en Inglaterra, el resultado fueron hambrunas frecuentes que llevaron a la muerte de millones. La crisis terminó cuando la peste negra redujo la población a la mitad y condujo a un nuevo equilibrio demográfico hacia 1450. Este ejemplo muestra que un desastre de proporciones apocalípticas causado por un cambio climático no necesariamente produce modificaciones en la conducta colectiva para poder enfrentarlo. Como en la Edad Media la sociedad no era consciente de lo que estaba ocurriendo, cabe la esperanza de que en el caso actual, en que sí existe esa consciencia, la respuesta sea distinta.

VICENTE BARROS, El cambio climático global. Libros del Zorzal, 2006.

martes, enero 09, 2007

LA POLÍTICA Y LA VIDA

En el momento en que la vida de un pueblo, racialmente caracterizada, es asumida como el valor supremo que se debe conservar intacto en su constitución originaria o incluso como lo que hay que expandir más allá de sus confines, es obvio que la otra vida, la vida de los otros pueblos y de las otras razas, tiende a ser considerada un obstáculo para este proyecto y, por lo tanto, sacrificada a él. El bíos es artificialmente recortado, por una serie de umbrales, en zonas dotadas de diferente valor que someten una de sus partes al dominio violento y destructivo de otra. Nietzsche es el filósofo que aferra con mayor radicalidad este paso; en parte asumiéndolo como su propio punto de vista, en parte criticándolo en sus resultados nihilísticos. Cuando él habla de voluntad de potencia como del fondo mismo de la vida o cuando no pone en el centro de las dinámicas interhumanas a la conciencia, sino al cuerpo mismo de los individuos, entonces, hace de la vida el único sujeto y objeto de la política. Que la vida sea para Nietzsche voluntad de potencia no quiere decir que la vida quiera la potencia o que la potencia determine desde el exterior a la vida, sino que la vida no conoce modos de ser diferentes de un continuo potenciamiento. Lo que condena a las instituciones modernas (el Estado, el parlamento, los partidos) a la ineficacia y a la inefectividad es precisamente su incapacidad de situarse en este nivel del discurso. Pero Nietzsche no se limita a esto. La extraordinaria relevancia, pero también el riesgo, de su perspectiva biopolítica consiste no solamente en el haber puesto la vida biológica, el cuerpo, en el centro de las dinámicas políticas, sino también en la lucidez absoluta con que prevé que la definición de vida humana (la decisión sobre qué es, cuál es, una verdadera vida humana) constituirá el más relevante objeto de conflicto en los siglos por venir. En un conocido pasaje de los Fragmentos póstumos, cuando se pregunta “por qué no tenemos que realizar en el hombre lo que los chinos logran hacer con el árbol, de modo que por una parte produce rosas y por otra peras”, nos encontramos frente a un paso extremadamente delicado que va de una política de la administración de la vida biológica a una política que prevé la posibilidad de su transformación artificial. De este modo, al menos potencialmente, la vida humana se convierte en un terreno de decisiones que conciernen no solamente a sus umbrales externos (por ejemplo lo que la distingue de la vida animal o vegetal), sino también a sus umbrales internos. Esto significa que será concedido o, más bien, exigido a la política el decidir cuál es la vida biológicamente mejor y también cómo potenciarla a través del uso, la explotación, o si hiciera la muerte de la vida menos valiosa biológicamente.

ROBERTO ESPÓSITO, Biopolítica y filosofía. Grama Ediciones, 2006.

jueves, enero 04, 2007

CRECIMIENTO NO SUSTENTABLE

Como consecuencia del crecimiento del consumo de hidrocarburos, las emisiones de dióxido de carbono aumentaron y aumentarán exponencialmente al mismo ritmo que sus concentraciones en la atmósfera. Otro tanto está ocurriendo con el metano y el óxido nitroso. El resultado es un calentamiento global que amenaza con la extinción severa de especies. Se supone que el cambio climático estará acompañado de catástrofes, migraciones masivas y conflictos, algunos de los cuales se pueden ya avizorar (...) De un modo u otro, todo crecimiento exponencial encuentra sus límites en el agotamiento de alguno de los recursos que lo sustentan y se traduce en el fin del crecimiento o incluso en una declinación. En el caso de la crisis del clima, la pregunta es cómo se llegará al fin del crecimiento exponencial. ¿Podrá ser a través de un proceso consciente y ordenado mediante decisiones políticas globales o alternativas tecnológicas?, o ¿simplemente será impuesto por la catástrofe ambiental?. Los porcentajes de reducción de las emisiones necesarios para lograr la estabilidad de las concentraciones respecto a los niveles de 1990 en pocas décadas implican llevar las emisiones de dióxido de carbono al 40% de sus valores de 1990. Sin mediar alguna catástrofe inesperada, esta reducción no sería posible en las próximas dos o tres décadas por un cúmulo de razones económicas, políticas, e incluso culturales. Aun con el agotamiento del petróleo, la disponibilidad de carbón es tan abundante y se trata de un recurso tan barato que puede conducirnos a una gran catástrofe ambiental. Cabe la esperanza de que tal como ocurrió con las proyecciones de Malthus y del Club de Roma, el avance tecnológico posponga por algunas décadas los efectos más graves del cambio climático. La biotecnología podría abrir el camino para una mayor producción de biomasa que atienda la demanda global de alimentos y energía, y otros avances tecnológicos podrían en conjunto ofrecer también alternativas a los hidrocarburos. Pero aún en el caso de que se arribara a esas soluciones tecnológicas, a menos que sus costos fueran competitivos frente a los combustibles fósiles, su implementación dependerá seguramente de la comprensión y decisión colectiva para mitigar rápidamente el cambio climático.

VICENTE BARROS, Aspectos políticos y económicos del cambio climático. Revista CIENCIA HOY nº 96, Dic. 2006/Ene. 2007

martes, enero 02, 2007

LA HIPÓSTASIS DEL HÉROE

Siguiendo las referencias del psicoanalista Otto Rank, descubrimos en el núcleo de las subjetividades heroicas el drama de una enfermedad muy temprana que lo penetra todo. Lo que vuelve hacia sí a los héroes, carismáticos y profetas, es el recuerdo sufrido en silencio y, posteriormente, efectivo, de una total hipóstasis ("subsistencia incomunicable"). Antes de reflexión alguna, la vida se da en ellos como dolor total indistanciable. Al héroe no le duele en especial ninguna parte de su ser, sino todo. Ahí no hay situación que no sea desesperada. El motor de la formación del Yo heroico es la total autoexaltación desde el total hundimiento en el océano del desamparo. El héroe es el hombre que viene del mar de la desesperación y echa pie a tierra. Con él empieza la aventura de la civilización como colonización de la tierra firme del Yo, el morar y entronizar en el nuevo continente: propio arbitrio, poder, querer, saber. Por eso, los héroes son los pioneros psicológicos de la cultura; talan la jungla de la impotencia y la confusión. En retaguardia de los primeros héroes, fueron posibles hombres que, por vez primera, tenían la certeza de poder aprender, de manera rutinaria, lo que en su época es propio de las posibilidades humanas. Desde ese punto de vista, los héroes no son simplemente sujetos de fuerza con nombres sonoros; su Yo no es sólo un anexo de su energía. Mucho más que eso, los héroes con toda su fuerza no son otra cosa que héroes del ser-Yo, paladines de la autoexaltación del saber y de la conquista del propio nombre. Por eso es siempre protagonista la heroicidad mítica: porque su razón de ser es la primera lucha contra una primera derrota. Y sigue siendo, aun sofocada, mi lucha, tuya, suya, nuestra y vuestra. Es tan universal porque la experiencia de la desesperación en la hipóstasis impuesta afecta incomparablemente más que los casos de abandono, mortíferos y patentes, de lactantes a la intemperie hostil.

PETER SLOTERDIJK, Extañamiento del mundo. Ed. Pre-Textos, 1998.

viernes, diciembre 08, 2006

EL IDIOTA Y EL ÁNGEL

Precisamente porque el mundo moderno está saturado del ruido de los mensajeros de los partidos de poder y del estruendo artístico del genio, que llaman la atención sobre sus obras y sistemas delirantes, la diferencia religiosa ya no puede señalarse convincentemente desde la figura del embajador (o enviado). El Dios presente no puede alcanzar a los mortales como enviado, sino sólo como idiota. El idiota es un ángel sin mensaje: un íntimo complementador, sin distancia, de todos los seres que casualmente encuentra. También su aparición es escénica, pero no porque personifique en el más acá un fulgor trascendente, sino porque, en medio de una sociedad de representantes de papeles y de estrategas del ego, él encarna una ingenuidad inesperada y una benevolencia que desarma. Aunque príncipe por estirpe, es un ser humano sin símbolo de estatus: pertenece, así, sin reservas, al mundo moderno, pues si la jerarquía pertenece al ángel, el rasgo igualitario pertenece al idiota. Se mueve entre los seres humanos de la alta y baja sociedad como un niño grande que nunca ha aprendido a calcular en su propio beneficio (...) el salvador es un don nadie a quien no respalda ningún alto mandante. Los presentes consideran sus manifestaciones como naderías infantiles, y su presencia, como un mero incidente no comprometedor. Dostoievski no deja duda alguna con respecto precisamente a este rasgo; de una de las figuras de su novela El príncipe idiota, Ganja, se dice: "No se azoraba lo más mínimo ante el príncipe, como si estuviera solo en la habitación, pues le consideraba lisa y llanamente como nada". La presencia del príncipe Mishkin, no obstante, es una condición desencadenante de todos los acontecimientos que suceden en su cercanía; él cataliza de manera decisiva los caracteres y destinos de quienes se cruzan con él. Precisamente como no-enviado, soluciona con un método incomprendido el problema del acceso al interior de sus compañeros de juego. Ni sirenas ni ángeles, él es quien abre los oídos y centros de conmoción psíquica de sus compañeros de diálogo.

PETER SLOTERDIJK, Esferas I. Ed. Siruela, 2003.

lunes, octubre 30, 2006

EL PLAN B

El plan B es una movilización a gran escala para desinflar la burbuja económica mundial antes que estalle. Para impedir que la burbuja estalle será necesario un nivel de cooperación internacional sin precedentes que permita estabilizar la población, el clima, los niveles freáticos y los suelos, y que se produzca a un ritmo de tiempos de guerra. De hecho, el esfuerzo necesario, por su escala así como por su urgencia, es comparable a la movilización estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. Nuestra única esperanza es un cambio rápido de sistema, un cambio basado en señales del mercado que reflejen la realidad ecológica. Esto supone reestructurar el régimen fiscal: reducir los impuestos sobre la renta y aumentar los impuestos sobre actividades destructivas del medio ambiente, como la quema de combustibles fósiles, para incorporar los costes ecológicos. A menos que podamos conseguir que el mercado envíe señales que reflejen la realidad, continuaremos tomando decisiones equivocadas como consumidores, responsables de planificación de empresas y responsables de políticas gubernamentales. Las decisiones económicas erróneas y las distorsiones económicas que crean pueden desembocar en un declive económico. El plan B es la única opción viable simplemente porque el plan A, que supone mantener las prácticas habituales, tiene consecuencias inaceptables: la continua degradación y alteración del medio ambiente y el estallido de la burbuja económica. Las señales de alarma son ahora más frecuentes, ya sea pesquerías esquilmadas, el deshielo de los glaciares o el descenso de los niveles freáticos. Hasta ahora las alertas han sido locales, pero pronto se convertirán en globales. Las masivas importaciones de cereales por parte de China así como el aumento de los precios de los alimentos que probablemente le seguiría podrían despertarnos de nuestro letargo.
Pero el tiempo se está acabando. Las economías de burbuja, que por definición están artificialmente infladas, no duran indefinidamente. Cada día que pasa, nuestras demandas al planeta superan a su capacidad de regeneración por un margen más amplio.

LESTER BROWN, Salvar el planeta. Ed. Paidós, 2004.

martes, octubre 03, 2006

LOS MEDIOS DE MASAS

La realidad de los mass media es la realidad de la observación de segundo orden. Los medios de masas sustituyen las tareas del conocimiento que en otras formaciones sociales estaban reservadas a sitios de observación privilegiados, los sabios, los sacerdotes, los nobles, el Estado: formas de vida que estaban privilegiadas por la religión o por la ética política. La diferencia es tan marcante que difícilmente se puede hablar de progreso o decadencia. Aquí sólo permanece, como modo de reflexión, la observación de segundo orden; es decir, la observación de que la sociedad deja en manos del sistema de los mass media su observación: observación en el modo de observación de la observación. El resultado de este análisis se puede resumir bajo el concepto de cultura. Este concepto engloba, desde el momento en que surgió al final del siglo XVIII, componentes reflexivos y de comparación. La cultura sabe por sí misma en todas sus especificidades que es cultura: construye sus propias diferencias de comparación nacionales o comparativas -al principio, con gestos que reflexionan sobre la propia cultura en comparación con las otras; y actualmente, más bien con la consideración resignada de una multiplicidad de culturas-. Aunque haya esta multiplicidad, uno puede muy bien permanecer en la propia cultura. La opción de moda por la cultural diversity legitima, al mismo tiempo, una posición conservadora respecto a la propia cultura y sólo una relación turística con respecto a las otras. La cultura, precisamente en este sentido (en el sentido de la conformación de todo y cada cosa bajo un mismo signo), es la coartada de los medios de masas (...) sin los medios de masas la cultura como cultura sería irreconocible (...) Con su permanente dictado de construcción de realidad, los mass media sepultan el entendimiento todavía dominante de la libertad. La libertad será, como en el derecho natural, conceptuada como ausencia de coacción. Tanto las ideologías liberales como las socialistas han establecido sus disputas en torno a este concepto de libertad haciendo siempre referencia a la coacción -sea del estado de derecho o de la sociedad capitalista. La "inocencia" de los medios masivos, su inocuidad se basa en que no coaccionan a nadie. De facto, la libertad se sostiene sobre condiciones cognitivas de observación y descripción de alternativas abiertas a un futuro decidible, pero desconocido.

NIKLAS LUHMANN, La realidad de los medios de masas. Ed. Anthropos-Universidad Iberoamericana, 2000.

lunes, octubre 02, 2006

BERG NEURÓTICO

Su particular fijación con el pasado, con el mundo de los padres, tal vez incluso su sumisión a Schönberg, que llegaba hasta el temor -nos contó en cierta ocasión que incluso siendo ya adultos, él y Webern seguían dialogando siempre con Schönberg en tono interrogante- trae al pensamiento con fatal automatismo el concepto de neurosis. Es cierto que Berg se sentía neurótico y también que sabía lo suficiente sobre psicoanálisis como para cuestionarse su asma y otros síntomas evidentes como su temor a las tormentas. Él mismo me interpretó un día uno de sus sueños. Además, siendo joven había conocido a Freud en un hotel de los Dolomitas, creo que en San Martino; se había puesto enfermo con una de sus habituales gripes y lo había pasado en grande viendo cómo Freud, el único médico que había en el hotel a la sazón, no sabía cómo desenvolverse frente a aquella trivial enfermedad. Le gustaba bromear con el componente psíquico de sus males. Ligeras indisposiciones le proporcionaban la excusa para introducirse en el papel, tan a menudo dichoso, del niño enfermo rodeado de cuidados. Por lo general se deleitaba de modo vagamente morboso con los rasgos eufóricos de la enfermedad. Algunos aspectos neuróticos eran evidentes: sufría de una especie de complejo de ferrocarril. Tenía por principio llegar con mucho adelanto a los trenes, a veces con horas. En cierta ocasión, según nos contó, se presentó en la estación con tres horas de adelanto y sin embargo se las arregló para acabar perdiendo el tren. Pero tal y como suele ocurrir en no pocas ocasiones en las personas de gran fuerza espiritual, su neurosis no afectaba seriamente a su fuerza productiva, tal y como cabría esperar. En todo caso, el rasgo más llamativo sería la lentitud de su productividad. Pero esto más bien se debía a su rigor autocrítico y tremendamente racional, por mucho que tuviera también cierta parte de temor neurótico. A veces Berg recordaba al hombre que grita "¡al lobo, al lobo!".

THEODOR ADORNO, Alban Berg. Ed. Alianza, 1990.

domingo, septiembre 24, 2006

LA VOLUNTAD DE PODER

Quizás estemos legitimados para afirmar que Nietzsche alcanzó como autor las cimas más altas de la lengua alemana y de la sintaxis europea. En el cenit de su papel como pensador-cantante pudo considerarse como el órgano de un universo que se crea a sí mismo en las posiciones de autoafirmación de los individuos. Como filósofo él se habría celebrado demasiado prematuramente si hubiera llegado a compilar y publicar sus fragmentos y esbozos de su teoría de la voluntad en una obra. Pero sabemos que existieron quienes, explotando, reciclando y acelerando sus ideas, lo hicieron en su lugar, utilizando el nombre del autor para la marca; y, a decir verdad, contra la valoración más lúcida del autor, quien, en sus escritos, siempre vuelve a ese punto en el que se anula el presunto sistema provisional, la supuesta doctrina fundamental: no hay ninguna voluntad, por lo que tampoco existe una voluntad de poder; la voluntad es sólo un modo de hablar; sólo hay una multiplicidad de fuerzas, discursos, gestos, y su composición bajo la égida y dirección de un yo, que se afirma, se pierde y transforma a sí mismo. Es precisamente aquí donde el autor contradice su marca, siendo sus declaraciones al respecto explícitas (...): Es necesario purificar la superficie de la conciencia -la conciencia es una superficie- de cualquiera de los grandes imperativos. ¡Cuidado incluso con toda palabra pomposa, con toda actitud pomposa! (...) En mi recuerdo falta el que yo me haya esforzado alguna vez, no es posible apreciar en mi vida rasgo alguno de lucha, soy la antítesis de una naturaleza heroica. "Querer" algo, "aspirar" a algo, proponerme una "meta", un "deseo"... nada de esto conozco por experiencia. Todavía en este instante miro hacia mi futuro -¡un vasto futuro!- como si mirara a un mar liso: ningún deseo se encrespa en él. No tengo el menor deseo de que algo se vuelva diferente de lo que ya es; yo mismo no quiero llegar a ser algo diferente... pero así he vivido siempre. (Ecce homo).

PETER SLOTERDIJK, Sobre la mejora de la buena nueva. Ed. Siruela,2005.

miércoles, septiembre 13, 2006

HECHOS IRREPARABLES

La pérdida de la situación central, geográfica y sociológica, el abandono del axioma del progreso histórico o las extremadas reservas con que lo miramos, nuestra sensación de fracaso o de las graves deficiencias del conocimiento y del humanismo respecto de la acción social; todos estos hechos significan el fin de una estructura de valores jerárquica y aceptada. Esas divisiones o cortes binarios que organizaban la percepción social y que representaban la dominación del código cultural sobre el código natural se han borrado ahora o son directamente rechazados. Se trata de cortes entre la civilización occidental y todas las demás, entre los instruidos y los incultos, entre los estratos superiores e inferiores de la sociedad, entre la autoridad de la edad y la dependencia de los jóvenes, entre los sexos. Estos cortes eran no sólo diacríticos -que definían la identidad de las dos unidades en relación consigo mismas y entre sí- sino que eran expresamente horizontales. La línea divisoria separaba lo superior de lo inferior, lo mayor de lo menor, la civilización del primitivismo atrasado, la instrucción de la ignorancia, el privilegio social de la subordinación, la madurez de edad de la inmadurez, los hombres de las mujeres, y en cada caso estaba implícita una distinción de superioridad. Es el colapso, más o menos completo, más o menos consciente, de estos gradientes de valor jerarquizados y definitorios (¿y puede haber valores sin jerarquía?) lo que constituye ahora el hecho principal de nuestra situación intelectual y social (...) La pregunta que se formula menos frecuentemente es la de saber si vale la pena reanimar ciertos elementos centrales de los valores de la jerarquía clásica (...) ¿Para qué elaborar y transmitir cultura si ésta hizo tan poco para contener lo inhumano, si en ella están insertas ambigüedades que hasta solicitaron la barbarie? (...) ¿no se paga por la cultura un precio demasiado elevado? (...) ¿No es la noción misma de cultura sinónimo de elitismo? (...) Está la respuesta de Freud, su estoica aquiescencia, su suposición hosca y fatigada de que la vida humana es una anomalía cancerosa, un rodeo entre vastos estadios de reposo orgánico. Y por otro lado, está el alborozo nietzscheano ante lo inhumano, con su tensa e irónica percepción de que somos, de que siempre hemos sido, húespedes precarios en un mundo indiferente, frecuentemente asesino, pero siempre fascinante: (Escudo de la necesidad. ¡Supremo astro del ser! que ningún deseo puede alcanzar, que ninguna negación puede manchar, eterno Sí del ser, eternamente yo soy tu afirmación: pues yo te amo, ¡Oh eternidad!)

GEORGE STEINER, En el castillo de Barba Azul. Ed. Gedisa, 1991.

domingo, septiembre 10, 2006

INICIO DEL TERROR MODERNO

...cabe asegurar que todo terror, a tenor de su principio de actuación, se entiende en términos atmoterroristas. Toma la forma del golpe atentatorio contra las intensas condiciones de vida medioambientales enemigas, empezando con el ataque tóxico a los recursos más inmediatos del entorno de un organismo humano, esto es, su aire para respirar. Se ha admitido en este sentido que lo que denominamos desde 1789 terreur o terror, y, con más razón, desde 1915, pudo ser anticipado con toda su ingenua brutalidad y malvada astucia en el empleo de la violencia contra las condiciones medioambientales de la existencia humana. Piénsese por ejemplo en los envenenamientos del agua, del que ya se brindaron ejemplos en la Antigüedad, en las acciones de infestación de fortalezas protegidas, en incendios y fumigaciones de ciudades y refugios, en la propagación de rumores infundados de horror y actos de igual parangón. Estas comparaciones, no obstante, cojean en lo esencial. Si abrazamos este planteamiento, el terrorismo sigue sin ser identificado como una criatura de la Modernidad; éste sólo puede acceder a una definición exacta de su identidad una vez que el precepto de ataque al medioambiente y la concepción inmunitoria de un organismo o de una forma de vida son expuestos a la luz de una completa explicitud técnica. Esto sucedió por vez primera, en los sucesos acaecidos el 22 de abril de 1915, cuando las nubes tóxicas de cloro procedentes de 5700 botellas de gas vaciadas para tal ocasión se cernieron, acompañadas por un viento favorable, partiendo de las posiciones alemanas, sobre las trincheras francesas entre las zonas de Bixschoote y Langemarck. Fue a la caída de la tarde de ese mismo día, entre las 18 y las 19 horas, cuando la aguja del reloj epocal de la fase vitalista y tardoromántica de la Modernidad pasó a marcar la hora de la objetividad atmoterrorista. Una cesura de igual calado no ha existido en este terreno desde entonces. Los grandes desastres del siglo XX, como los del apenas iniciado XXI, pertenecen todos sin excepción, como puede mostrarse, a esa historia de la explicación inaugurada esa tarde de abril en el frente occidental, cuando las sorprendidas unidades francocanadienses, a causa del shock de las nubes tóxicas de color blanco amarillento que se aproximaban hacia sus posiciones procedentes del nordeste, retrocedieron, presas de un pánico terrorífico, mientras no dejaban de toser y lanzar alaridos.

PETER SLOTERDIJK, Temblores de aire. En las fuentes del terror. Ed. Siruela, 2003.

jueves, septiembre 07, 2006

FUTURAS SOCIEDADES

Hay algo de lo que hoy se puede estar seguro: la evolución siempre ha actuado en gran medida de forma autodestructiva. A corto y a largo plazo. Poco de lo que ha creado se ha conservado. Esto vale para la mayoría de los seres vivos que existieron un día. Del mismo modo, casi todas las culturas que han determinado la vida humana han desaparecido. El sentido que tuvieron para los que vivieron en ellas apenas es comprensible aún, a pesar de todo el refinamiento en la valoración arqueológico-antropocultural-científico-espiritual de que hoy disponemos. Las mentalidades que un día fueron actuales ya no lo son para nosotros, o en todo caso sólo son comprensibles a través de ficciones altamente artificiales. Sólo nos es posible una relación cuasiturística con esas culturas pasadas. A las obviedades y formas culturales, al "mundo de la vida" de nuestra sociedad le pasará lo mismo. Nadie puede dudar seriamente de ello. No hay que excluir, incluso mirándolo con atención es probable, que los hombres desaparezcan como seres vivos. Quizá se sustituyan a sí mismos por seres vivos humanoides genéticamente superiores. Quizá diezmen o extingan su especie mediante catástrofes autoproducidas. O destruyan de tal modo los auxiliares técnicos que nos son habituales que sólo sigan siendo posibles formas muy elementales de supervivencia. Como siempre, en todo caso las futuras sociedades, si es que las hay sobre la base de comunicación con sentido, vivirán en otro mundo, basado en otras perspectivas y otras preferencias, y en todo caso se asombrarán ante nuestras preocupaciones y nuestros hobbys como ante rarezas con un limitado valor de entretenimiento, si es que quedan rastros de ellas y competencia para leer esos rastros. Semejante futuro nos parece inaceptable, un escenario de horror que sólo podemos disfrutar en forma de ficción porque suponemos que no se dará. Quien contempla lo venidero sin signos de espanto es rechazado por cínico. En la comunicación, esta perspectiva actúa como si hubiera sido inventada para irritar a los otros y para disfrutar con su irritación. El que se tira de la torre Eiffel no puede disfrutar realmente de la caída, porque sabe cómo terminará.

NIKLAS LUHMANN, Observaciones de la modernidad. Ed. Paidós, 1997.

miércoles, septiembre 06, 2006

CULTURA Y BARBARIE

Spengler ha subrayado de tal modo el carácter natural de la cultura que ha sido capaz de resquebrajar para siempre la confianza en la función reconciliadora de ésta. Más penetrantemente que ningún otro ha argüido Spengler el hecho de que la naturalidad de la cultura se mueve siempre hacia el ocaso y la catástrofe, y ha mostrado cómo la cultura misma, en tanto que forma y orden, está sometida al ciego dominio que en permanente crisis va preparando el destino a sus víctimas y a sí mismo. Todo lo que es cultura lleva en sí la impronta de la muerte; negar este hecho sería ingenuo luego del alegato de Spengler (...) Para romper el círculo mágico de la morfología spengleriana no basta con condenar la barbarie y confiar en la salud de la cultura. Ante esa ingenuidad reiría Spengler con motivo. Lo que hay que hacer es penetrar con la mirada el elemento de barbarie que hay en la cultura misma. Sólo tienen una posibilidad de sobrevivir al veredicto de Spengler aquellos pensamientos que someten a juicio la idea de cultura exactamente igual que la realidad de la barbarie. El alma vegetativa de la cultura spengleriana, el vitalista "estar en forma", el mundo simbólico, inconsciente y arcaico que le entusiasma (...) son embajadores de la tragedia cuando realmente entran en acción. Todos ellos dan testimonio de la constricción y del sacrificio que la cultura impone a los hombres. La aguda mirada del cazador spengleriano que registra despiadadamente las ciudades de los hombres como si fueran la selva que son, ha pasado por alto una cosa: las fuerzas que se liberan en la decadencia de la ruina (...) En el mundo de la vida violenta y oprimida, la decadencia -que arrebata a esa vida, a su cultura, a su rudeza y a su excelsitud, todo séquito- es el refugio de los mejores. Los impotentes, los que, según el decreto de Spengler, son dados de lado por la historia y son aniquilados, encarnan negativamente en la negatividad de esta cultura algo que promete romper el veredicto y terminar con el espanto de la prehistoria -por más débilmente que pueda sonar esa promesa. En la aparición de esas fuerzas yace la última esperanza de que el destino y el poder no tengan la última palabra en el mundo.

THEODOR ADORNO, Crítica cultural y sociedad. Ed. Sarpe, 1984.

lunes, septiembre 04, 2006

LA REDENCIÓN DE LA VENGANZA

La respuesta que Nietzsche da a nuestra pregunta sobre ese representar que predomina de antemano en todo el parpadeo del último hombre, está escrita en el párrafo antepenúltimo de la segunda parte de Así habló Zaratustra(1883). Tiene por título las palabras "De la redención", y dice así: "El espíritu de la venganza: amigos míos, esto ha sido hasta ahora lo mejor a donde llegó el pensar de los hombres; y donde había sufrimiento, allí debía estar siempre el castigo." Venganza, vengar, wreken, urgere, significan: empujar, aguijonear, perseguir, acechar. El pensar, el re-presentar del hombre tal como ha sido hasta ahora, está determinado por la venganza, por el acechar. Ahora bien: si Nietzsche pretende salir y sobrepasar al hombre tal como ha sido hasta el presente y su representar, para llegar a un hombre distinto y superior, ¿cuál es el puente que conduce a un camino de transición? ¿En qué piensa Nietzsche al buscar este puente, para llegar del último hombre al super-hombre? ¿Qué es lo único y más propiamente tal que pensaba este pensador, aun cuando no lo expresaba en cada ocasión ni de la misma manera? El mismo Nietzsche nos da la respuesta a nuestra pregunta en la misma segunda parte de Así habló Zaratustra, en el párrafo "De las tarántulas", donde hace decir a Zaratustra: "Pues, que el hombre sea redimido de la venganza: esto es para mí el puente hacia la suprema esperanza y un arco iris al cabo de muchas tormentas."

MARTIN HEIDEGGER, El espíritu de la venganza. Revista Descartes nº6, 1989.

domingo, septiembre 03, 2006

EL JUEGO

El pasaje de lo sagrado a lo profano puede, de hecho, darse también a través de un uso (o, más bien, un reuso) completamente incongruente de lo sagrado. Se trata del juego. Es sabido que la esfera de lo sagrado y la esfera del juego están estrechamente conectadas. La mayor parte de los juegos que conocemos deriva de antiguas ceremonias sagradas, de rituales y de prácticas adivinatorias que pertenecían tiempo atrás a la esfera estrictamente religiosa. La ronda fue en su origen un rito matrimonial; jugar a la pelota reproduce la lucha de los dioses por la posesión del sol; los juegos de azar derivan de prácticas oraculares; el trompo y el tablero de ajedrez eran instrumentos de adivinación. Analizando esta relación entre juego y rito, Emile Benveniste, ha mostrado que el juego no sólo proviene de la esfera de lo sagrado, sino que representa de algún modo su inversión (...) el juego libera y aparta a la humanidad de la esfera de lo sagrado, pero sin abolirla simplemente. El uso al cual es restituido lo sagrado es un uso especial, pero no coincide con el consumo utilitario. La "profanación" del juego no atañe, en efecto, sólo a la esfera religiosa. Los niños, que juegan con cualquier trasto viejo que encuentran, transforman en juguete aun aquello que pertenece a la esfera de la economía, de la guerra, del derecho y de las otras actividades que estamos acostumbrados a considerar como serias. Un automóvil, un arma de fuego, un contrato jurídico se transforman de golpe en juguetes. Lo que tienen en común estos casos con los casos de profanación de lo sagrado es el pasaje de una religio, que es sentida ya como falsa y opresiva, a la negligencia como verdadera religio (...) Así como la religio no ya observada, sino jugada abre la puerta del uso, las potencias de la economía, del derecho y de la política desactivadas en el juego se convierten en la puerta de una nueva felicidad.

GIORGIO AGAMBEN, Profanaciones. Ed. Adriana Hidalgo, 2005.

miércoles, agosto 30, 2006

LA SITUACIÓN TERAPÉUTICA

Las investigaciones fructíferas más recientes ponen de relieve algo: casi todos los tipos de tratamiento psicoterapéutico practicados medio en serio y de modo persistente revelan en mayor o menor medida las mismas cuotas de éxito y fracaso. De ahí que se pueda extraer la conclusión de que los métodos y sus fundamentos no tienen más que un significado secundario. El factor activo y agente de la curación radica probablemente en la situación terapéutica como tal, por tanto en lo que produce efectos positivos para la mayoría de los hombres cuando ellos, tras un período de autodescuido y privaciones psíquicas, pueden conversar durante cierto espacio de tiempo acerca de sí mismos con una persona que los toma en serio de una manera seria. Todo lo restante es algo accesorio y superestructural, lo que cuenta es la situación básica de diálogo: en medio de un clima en el que reina la atención afectiva con un interlocutor impertérritamente constructivo, pueden alcanzar expresión algunas perturbaciones. Es en ese momento en el que todo marcha bien, cuando se hacen experiencias que permiten ocupar de manera positiva el espacio del otro. En el marco de la polemología esto mismo se denomina "proceso de paz". A la vista de este acontecimiento básico, resulta casi indiferente saber qué tipo de profesionalización desarrolla la parte terapéutica para justificar la situación terapéutica. Aquí nos las tenemos que ver con grandes variantes y también con ejercicios preliminares de alto valor histórico. A este respecto, en Esferas I he llamado la atención sobre esta antigua historia de las técnicas de cercanía en los albores de la sociedad burguesa. Ya en el siglo XVIII se necesitaban pretextos científicos para que los hombres quisieran reanimarse e impresionarse "magnéticamente". El sistema de distanciamiento del yo, consolidado en las sociedades del siglo XIX, requiere para tal fin una fundamentación de situaciones de cercanía, y vale como la mejor justificación del objetivo terapéutico, codificado científica y médicamente, hasta el momento actual.

PETER SLOTERDIJK-HANS HEINRICHS, El sol y la muerte. Ed. Siruela, 2004.

lunes, agosto 28, 2006

EL INGENIERO BALDER

Sin duda la consagración supone un objeto elevado (el arte, la patria, la ciencia, etc), pero como inevitablemente el ordenamiento de esta consagración se produce, en la sociedad dada, por medio de individualidades y particularidades (determinada empresa académica o comercial, determinado grupo gobernante, determinado cuerpo profesoral, etc) que se imponen a su vez como los intermediarios ya ordenables y ordenados, resulta de aquí una determinación externa que en principio no es ajena. Y si no percibimos la necesidad de adaptarnos a ella, o, lo que es lo mismo, si percibimos la superfluidad de esa adaptación, buscaremos posiblemente la autodeterminación en el consagrarnos, en cada caso, a una singularidad como tal, en la que la importancia radique en el encanto que emana de ella, esto es, en una mujer. Y, en efecto, nada ni nadie prescriben que Balder viva para y muera por Irene Loayza; sólo sería su decisión; es él mismo, su vida, su tiempo... los que se dedican a Irene. Pero como, a la vez, la muerte por ella no sería un provecho para esta singularidad que es sólo una singularidad, fundamentalmente habrá que vivir para y por ella, y asegurar los medios de mantener la vida, la propia y la de ella. Así, pues, el sentido de esta abnegada y eficaz destinación a Irene exige la lubricidad y la perversión porque todo en Irene ha de ser siempre gozable y porque toda generalidad ha de hacerse singularidad gozosa al ser singularizada por Irene; de este modo, la experiencia primera de "el encanto de mirar comer a Irene" requerirá que haya de ser también encantamiento y prodigio oír orinar a Irene o atesorar sus secreciones y menstruos. Y sólo la obligación de ganarse burguesamente la vida puede ser un límite para que este enamoramiento ardoroso no degenere en chochera erótica. Extraña liberación de la coerción externa, pues implica la sumersión simultánea en un cuerpo ajeno y en el propio; pero logro, también de cierta autonomía a través de una mujer puesta en cada caso como absoluta y amorosamente deseable contra la relatividad y la heteronomía de la sociedad utilitaria.

CARLOS CORREAS, Arlt literato. Ed. Atuel, 1996.

sábado, agosto 26, 2006

PODER INQUISITIVO Y VENGANZA

(...) es dable rescatar el valor de la famosa frase la ciencia no piensa , al menos en el sentido de que sin ética que limite su enemistad con todos los obstáculos al poder, la ciencia camina hacia el Holocausto, lo que equivale a decir que el poder del dominus sin ética, marcha al genocidio y al ecocidio por el camino de la inquisitio.
Esta fue, sin duda, la mayor revolución protagonizada por la inquisición con el reemplazo de la disputatio (establecimiento de la verdad por lucha) por la inquisitio (establecimiento de la verdad por interrogación). Desde esta perspectiva puede afirmarse que la Edad Media no ha terminado y está lejos de terminar. Dependerá de la capacidad humana de transformación del conocimiento, que la inquisitio sea reemplazada algún día por el dialogus, en que el saber no sea ya de dominus sino de frater. Pero la mera perspectiva de este posible cambio civilizatorio muestra la formidable medida en que el problema trasciende el campo de lo penal para convertirse en una cuestión central de la cultura universal. Pretender ignorar esta dimensión y resolver la cuestión como un puro problema de política criminal que es posible liquidar en pocas páginas es una ingenuidad insostenible, o bien, una limitación de conocimiento inadmisible por su altísimo nivel de aislamiento respecto de los otros saberes.
De lo dicho resulta claramente que la enemistad no es sólo –ni mucho menos- una cuestión del poder represivo, sino un condicionamiento cultural del modo de saber inquisitorial, que es propio de la civilización que nació con el poder punitivo y se planetarizó en un proceso creciente a partir de la revolución mercantil y los genocidios colonizadores.
Este saber inquisitorial de dominus se acumula como saber señorial tecnológico en una recta de pretendido progreso lineal e infinito, que condiciona la idea del tiempo que tiene la civilización planetaria: el tiempo lineal. La concepción lineal del tiempo está íntimamente vinculada a la venganza, al punto que de ella depende: la venganza es siempre venganza contra el tiempo, dado que no es posible, en una concepción lineal, hacer que lo que ha sido no haya sido. La venganza es contra lo que fue y ya no puede ser de otro modo ni volver a ser. El humano está preso del tiempo y de su “fue”. La venganza es una necesidad de la concepción lineal del tiempo.

EUGENIO ZAFFARONI, El enemigo en el derecho penal. Fundación para la Capacitación e Investigación Social, 2006.