domingo, septiembre 10, 2006

INICIO DEL TERROR MODERNO

...cabe asegurar que todo terror, a tenor de su principio de actuación, se entiende en términos atmoterroristas. Toma la forma del golpe atentatorio contra las intensas condiciones de vida medioambientales enemigas, empezando con el ataque tóxico a los recursos más inmediatos del entorno de un organismo humano, esto es, su aire para respirar. Se ha admitido en este sentido que lo que denominamos desde 1789 terreur o terror, y, con más razón, desde 1915, pudo ser anticipado con toda su ingenua brutalidad y malvada astucia en el empleo de la violencia contra las condiciones medioambientales de la existencia humana. Piénsese por ejemplo en los envenenamientos del agua, del que ya se brindaron ejemplos en la Antigüedad, en las acciones de infestación de fortalezas protegidas, en incendios y fumigaciones de ciudades y refugios, en la propagación de rumores infundados de horror y actos de igual parangón. Estas comparaciones, no obstante, cojean en lo esencial. Si abrazamos este planteamiento, el terrorismo sigue sin ser identificado como una criatura de la Modernidad; éste sólo puede acceder a una definición exacta de su identidad una vez que el precepto de ataque al medioambiente y la concepción inmunitoria de un organismo o de una forma de vida son expuestos a la luz de una completa explicitud técnica. Esto sucedió por vez primera, en los sucesos acaecidos el 22 de abril de 1915, cuando las nubes tóxicas de cloro procedentes de 5700 botellas de gas vaciadas para tal ocasión se cernieron, acompañadas por un viento favorable, partiendo de las posiciones alemanas, sobre las trincheras francesas entre las zonas de Bixschoote y Langemarck. Fue a la caída de la tarde de ese mismo día, entre las 18 y las 19 horas, cuando la aguja del reloj epocal de la fase vitalista y tardoromántica de la Modernidad pasó a marcar la hora de la objetividad atmoterrorista. Una cesura de igual calado no ha existido en este terreno desde entonces. Los grandes desastres del siglo XX, como los del apenas iniciado XXI, pertenecen todos sin excepción, como puede mostrarse, a esa historia de la explicación inaugurada esa tarde de abril en el frente occidental, cuando las sorprendidas unidades francocanadienses, a causa del shock de las nubes tóxicas de color blanco amarillento que se aproximaban hacia sus posiciones procedentes del nordeste, retrocedieron, presas de un pánico terrorífico, mientras no dejaban de toser y lanzar alaridos.

PETER SLOTERDIJK, Temblores de aire. En las fuentes del terror. Ed. Siruela, 2003.