domingo, julio 09, 2006

GENEROSIDAD

La novedad del regalo nietzscheano reside en la provocación a encarnar un modo de ser en el que el receptor pasa a ser activo en su fuerza como sponsor, es decir, en la capacidad de abrir y posibilitar futuros más ricos. Si Nietzsche es un maestro de la generosidad es en el sentido de que él contamina, infecta al receptor de su regalo con la idea de riqueza, la cual sólo vale la pena recibir a la vista de la posibilidad del derroche. Quien regala la provocación de regalar está legitimado a considerarse el primer eslabón de una cadena de consecuencias morales. Y por esta misma razón reinterpreta la temporalidad en su conjunto: en tanto que lapso temporal a la espera de la proliferación futura de generosidad, la "Historia" recibe un contenido que supera con creces sus causalidades hasta ahora predominantes. El futuro de la humanidad pasa así por un decisivo test: ¿Es posible eliminar el resentimiento como primera potencia histórica? En la línea ascendente de las virtudes generosas, la vida se glorifica a sí misma como una multiplicación imprevisible de posibilidades de crecimiento; encuentra la razón última de su agradecida autoalabanza en su participación en acontecimientos orientados a la generosidad. La Historia se descompone así en la época de la economía de la deuda y la época de la generosidad. Si la primera piensa siempre en el retorno vengativo y el reintegro del pago, la otra no se interesa más que por la donación futura. Toda vida se data a partir de ahora, sépalo o no, a la luz de este criterio: "Uno vive antes de él, uno vive después de él" (...) Ahorradores y capitalistas siempre tienen la expectativa de recuperar más de lo que invierten, mientras que el sponsor encuentra su satisfacción en el acto de dar sin tener en cuenta los posibles "rendimientos". Esto vale tanto para los enunciados como para los donativos (...) Este salto a la generosidad acontece por la afirmación de la riqueza en uno mismo y en los otros, toda vez que ella es la necesaria premisa de la generosidad (...) Una de las ideas básicas del arte nietzscheano del regalar es que el donante -si no quiere seguir estando oculto, lo que a priori no es posible para un autor- no puede presentarse engalanado bajo una falsa perfección: entonces se escaparía del mundo al abrigo de la mentira y continuaría dándoselas de listo frente al receptor, lo que equivaldría a un desprecio. Si él anima al receptor a aceptar su don, debe, en cambio, comunicarse, incluso en sus defectos e idiosincracias, sin desvirtuar en ningún momento la auténtica relevancia del regalo. Sólo de aquí surge "la maestría en la bondad".

PETER SLOTERDIJK, Sobre la mejora de la Buena nueva. Ed. Siruela, 2005.