miércoles, mayo 31, 2006

AUTORIDADES

TODA AUTORIDAD O ES UNA AUTORIDAD EPISTEMOLÓGICA O ES UNA AUTORIDAD DEONTOLÓGICA
Estas palabras cultas no deben ocultarnos el sentido sencillo de la proposición, que se reduce simple y llanamente a esto: una es la autoridad del que sabe y otra la autoridad del que manda. La autoridad epistemológica, en efecto, es la del hombre que sabe más y mejor que el sujeto de esa autoridad. Por ejemplo: es epistemológica la autoridad del profesor sobre sus estudiantes. Es la autoridad del que objetivamente es más instruido. Por el contrario, la autoridad deontológica no es la de quien sabe más acerca de algo, sino la que corresponde al que preside, al jefe, al comandante, al dirigente. Debería quedar claro que una misma persona, con respecto al mismo sujeto y dentro de un mismo ámbito, puede poseer ambas autoridades. O, dicho con mayor exactitud, no se trata del mismo ámbito, sino de dos campos distintos estrechamente relacionados, a saber: el campo de la autoridad deontológica, formado en este caso por ciertas órdenes, y el campo de la autoridad epistemológica, constituido por unas proposiciones de índole práctica. Si, por ejemplo, analizamos la autoridad de un buen jefe de sección en una fábrica de productos químicos, veremos que por lo que se refiere a las personas empleadas en esa sección goza de la doble autoridad. Por una parte, posee la autoridad deontológica, puesto que tiene el derecho de impartirles órdenes; a uno le dirá: "calcula la cantidad de agua necesaria para hacer el producto X"; a otro le indicará: "eleve la temperatura de esa caldera a 320 grados". Pero, como es un buen jefe, disfruta también de una autoridad epistemológica; sabe, por ejemplo, mejor que sus subordinados la conveniencia, más aún, la necesidad de realizar el cálculo y de elevar la temperatura de la caldera hasta los 320 grados, si se quiere conseguir el producto deseado. Pero, y esto es un hecho muy importante, las dos autoridades son independientes entre sí. El que uno tenga la autoridad epistemológica no significa que también posea en ese campo una autoridad deontológica.

J. M. BOCHENSKI, ¿Qué es autoridad?. Ed. Herder, 1979.

CADENAS

Nuestra siguiente preocupación es la formación de cadenas de acción. Con esto queremos decir un ordenamiento de los procesos del poder, lo que une a más de dos personas, de manera que A tiene poder sobre B, B poder sobre C y C poder sobre D, etc. hasta que la cadena termina en una persona que, por su parte, no tiene a nadie bajo ella. Uno encuentra rasgos correspondientes en otros medios, por ejemplo, cadenas de intercambio por la vía del dinero, cadenas de verdades y falsedades establecidas como una base para la investigación posterior en las ciencias, o incluso cadenas de pasos hacia la selectividad aumentada en las relaciones amorosas, donde los pasos se devuelven por la limitación estructural de dos personas. El poder sirve como un catalizador para la construcción de cadenas de acción. Si el poder puede darse por sentado en varios puntos, surge, por decirlo así, una tentación de formar combinaciones de cadenas, en la que la selección de una acción conduce a la de otras, o las anticipa como consecuencia del término de la primera selección. Más frecuentemente que en el caso con la coincidencia casual de intereses, se da como resultado la formación de cadenas extensivas de acción que demuestran ser valiosas debido a las ganancias que produce la combinación. El hecho de subir el nivel de logro de este modo requiere que el medio se torne específico. No es algo que se pueda buscar en algún tipo de combinación, que podría tomar cualquier dirección, ya que en el análisis final toda persona tiene influencia sobre otra. Incluso una relación puramente causal entre las fuentes del poder no puede ser suficiente. Sólo queremos hablar en cadenas cuando, y en cuanto que A no sólo puede disponer de las acciones de B, sino también, específicamente, su ejercicio del poder; es decir, cuando A tiene a su disposición el poder de B sobre C. Por lo tanto, una cadena no existe si el rey puede dar órdenes al general, si este último puede dar órdenes a su esposa y ella, también, a sus sirvientes, quienes, debido a su posición, pueden tiranizar a sus vecinos. Pero una cadena sólo existe si, y en cuanto que, el portador de poder puede intervenir en la cadena.

NIKLAS LUHMANN, Poder. Ed. Anthropos, 1995.

martes, mayo 30, 2006

¿REVOLUCIÓN?

Entre las ofensivas de la Modernidad estética, ninguna como la del surrealismo ha puesto acento en la idea de que el interés central de la actualidad tiene que aplicarse a la explicación de la cultura, siempre y cuando, claro está, entendamos por cultura el compendio de mecanismos capaces de crear símbolos y de comportamientos orientados a la creación de productos artísticos. En la campaña de modernización, el surrealismo acata el imperativo de ocupar las dimensiones simbólicas. Su meta, explícita o secreta, no es otra que poner de manifiesto los procesos creativos y aclarar técnicamente en la medida de lo posible cuáles son las fuentes donde éstos hunden sus raíces. De modo burdo, esgrime razones en apoyo del fetiche de la época, la "revolución", el concepto que todo lo legitima. Ahora bien, como ya ocurre en el espacio político (donde, de facto, nunca se ha tratado de dar realmente la "vuelta" a algo en el sentido de una inversión del Arriba y del Abajo, sino de una proliferación de posiciones en la cima y su nueva distribución por los defensores de las capas medias ofensivas. En el terreno real, esta situación no ha tenido lugar sin una parcial transparencia de los mecanismos de poder, esto es, sin una democratización, y, rara vez, sin una fase inicial de abierta violencia procedente desde abajo), la definición de estos procesos es también en el espacio cultural evidentemente errónea: pues en ningún momento de lo que se trataba aquí era de una "revolución" en el sentido preciso de la palabra, sino más bien, y exclusivamente, de una nueva redistribución de la hegemonía simbólica, algo que requería de una cierta manifestación de los comportamientos artísticos, y que tenía como requisito previo una fase caracterizada por los barbarismos y la iconoclasia. En el ámbito cultural, "revolución" es una expresión encubierta de la violencia legítima contra la latencia. Escenifica la ruptura de los nuevos ejecutores, confiados en su actuación, con los holismos y las placenteras comodidades de las situaciones artísticas burguesas.

PETER SLOTERDIJK, Temblores de aire. Ed. Pre-Textos, 2003.

SPINOZA

A diferencia de Lipsio y de Hobbes, Spinoza no se detiene en la condena de la sedición y de los tumultos, ni se limita tampoco a subrayar tan sólo los aspectos virtualmente positivos en el aumento de las energías potenciales del Estado, como había sido sugerido por Maquiavelo con respecto a la República romana. Al contrario de los detractores de la democracia y de los derechos de la multitud, es decir, de cuantos afirman que la "plebe o sirve con humildad o domina con soberbia, que no tiene verdad ni juicio, etc.", él se limita simplemente a observar que la naturaleza es idéntica en todos los hombres. Éstos se comportan con mayor o menor racionalidad respecto de las pasiones que los dominan y de las ideas adecuadas o inadecuadas dentro de las cuales enmarcan sus mutuas relaciones. Si se condenan los excesos del pueblo, ¿qué decir entonces de la prepotencia de los nobles, cuya soberbia desmedida y ambición funesta parecen menos graves sólo porque están consagradas por una más dilatada costumbre en el poder? "Su arrogancia, no obstante, está revestida de fastuosidad, de lujo y de prodigalidad, de cierto encanto en los vicios, los cuales, cuando se los considera uno por uno, que es como más destacan, parecen dignos y hermosos a los inexpertos e ignorantes". El vulgo se comporta de manera pasional, superticiosa y violenta, precisamente porque ha sido a menudo sistemáticamente mantenido apartado de la política y del ejercicio del poder, obligado a adivinar por signos dispersos e hipótesis indemostrables lo que ocurre a escala del Estado: "Finalmente, que la plebe carece en absoluto de verdad y de juicio, no es nada extraño, cuando los principales asuntos del Estado se tratan a sus espaldas y ella no puede sino hacer conjeturas por los escasos datos que no se pueden ocultar". Pero una política que -conjugando racionalidad y pasión, cálculo e imaginación- se desarrolla en la penumbra del despacho de los príncipes y que deja filtrar al exterior nada más que oscuros mensajes o falsas pasiones es "necedad supina": es una de las causas principales que empujan al pueblo a sentir miedo o a vivir en el miedo.

REMO BODEI, Una geometría de las pasiones. Ed. Muchnik, 1995.

lunes, mayo 29, 2006

EL CASO ARGENTINO

La particular violencia del caso argentino, con una secuela de treinta mil desaparecidos sin paralelo con ningún país latinoamericano -a excepción de Guatemala-, puede pensarse precisamente por la extensión e influencia de los movimientos armados. Si cualquier política alternativa era inadmisible para el imperio, y debía ser erradicada, mucho más drástica debía ser la respuesta a aquellos movimientos que se atrevían a competir con el poder armado del Estado; ante ellos sólo cabía el exterminio (...) Así pues, se procedió a cortar de raíz, a exterminar todo germen de organización que existiera en las sociedades latinoamericanas, del signo que fuera, pero, en particular, se trató de aniquilar, sin apelación posible, cualquier intento de desafiar el monopolio del Estado en el uso de la fuerza. Se podría decir que esta violencia de "escarmiento" del Estado, contra aquellos que intentaban poner en entredicho su núcleo más medular, permanece como memoria de un miedo gigante que no se atreve siquiera, en el presente, a reconsiderar la difícil y decisiva relación entre política y violencia.

PILAR CALVEIRO, Política y/o violencia. Ed. Norma, 2005.

domingo, mayo 28, 2006

MAQUIAVELO

Después de la caída de Cámpora, la Juventud Peronista intentó contraatacar y enfrentó a López Rega. Estaba golpeada y confundida porque, si bien creía que el ministro se le estaba yendo de las manos a Perón, era evidente que éste brindaba un aval implícito a cada uno de sus movimientos. El dilema que se le presentaba a la izquierda peronista era cómo denunciar a López Rega sin cuestionar la figura del Líder. Intentando una resolución política de ese interrogante, la JP lanzó la "teoría del cerco", en la que acusaba a López Rega de haber atrapado al General, de retardar el cambio revolucionario y de interferir en el contacto directo entre Perón y su pueblo. El 23 de julio de 1973, la JP y sus organizaciones afines movilizaron a más de 100.000 personas hasta los alrededores de la residencia de Gaspar Campos para apoyar el encuentro en que el General recibiría a los líderes juveniles por primera vez desde su llegada a la Argentina. Pero el líder no estaba interesado en debatir con ellos, sino en disciplinarlos. Su respuesta aturdió a la JP. Los hizo recibir por López Rega. Y cuando los jóvenes pidieron un diálogo sin intermediarios, indicó que canalizaran sus solicitudes a través de la misma persona: López Rega. Fue una operación maquiavélica, clásica de Perón.
Por su parte, luego del encuentro, el ministro se mostró ajeno a un supuesto conflicto con la JP, negó diferencias con ésta y delimitó un horario de atención a sus reclamos.

MARCELO LARRAQUY, López Rega. La biografía. Ed. Sudamericana, 2004.

CULTURA IMPURA

Si Schoenberg fue capaz de asegurar que con el dodecafonismo garantizaría para el futuro la primacía de la música alemana; si Juan Carlos Paz, a finales de los 50, podía afirmar que la única estética con posibilidad de descendencia era el serialismo, y si, hace treinta años, todavía era posible hablar de lenguajes actuales y lenguajes del pasado, hoy el panorama aparece como mucho más complejo e indefinido. Sin embargo, esto sucede sólo en apariencia. Es cierto que, a primera vista, parece difícil señalar el rumbo futuro y anticipar cuál -si es que es alguna- entre las estéticas en pugna logrará predominar. Pero, a la luz de las fallas de los pronósticos realizados en el pasado, puede inferirse que esta supuesta confusión no es patrimonio de esta época. La cultura, por su propia naturaleza móvil, impura, polifónica, jamás ha tenido -y en este sentido sí puede anticiparse que seguramente nunca lo tendrá- el aspecto de una superficie pulida. La sensación de homogeneidad estética, esa que permite hablar del lenguaje del siglo XV, del barroco o del clasicismo, sólo puede lograrse con el tiempo (también con la ignorancia, pero el método no es aconsejable). Y, en parte, se podría aventurar, esa imagen homogénea se debe a todos los detalles que con el tiempo se pierden irremediablemente. Hoy pueden leerse con cierta claridad los rasgos comunes del barroco pero, a cambio, es imposible saber con exactitud, por ejemplo, los matices de las discusiones (si es que las había) entre Bach y su hijo Carl Philipp Emanuel, uno de los fundadores del clasicismo. La situación de un oyente de esta época con respecto a la música de este siglo, entonces, es privilegiada. Con los límites dados por el mercado, tiene ni más ni menos que todo el panorama a su disposición. El futuro siempre es desconocido, pero nadie está en mejores condiciones para acercarse al presente que quien vive en el presente.

DIEGO FISCHERMAN, La música del siglo XX. Ed. Paidós, 2002.

sábado, mayo 27, 2006

EL TANGO

Nacido, como el jazz, en los prostíbulos, y en "las casas de confianza", el título de los primitivos tangos alude de un modo transparente a ese origen. El Queco, nombre del quilombo en el lunfardo de los cuarteles y Dame la lata, que remite a la ficha que recibían las loras por cada cliente, se disputan el privilegio de ser el primer tango conocido. Otros títulos iniciales conservan las resonancias procaces de los ambientes prostibularios. El fierrazo, Con qué tropieza que no dentra, El choclo, Dos veces sin sacarla (...) En 1917 Gardel graba Mi noche triste y ahí empieza otra historia. Primer tango con letra, o mejor primera letra con argumento, en los versos de Pascual Contursi se funda una tradición. En ese tango inicial están todos los tangos por venir: el hombre abandonado le habla a la mujer perdida y se queja de su traición. "Percanta que me amuraste": la historia del tango es una variación incesante del primer verso de Mi noche triste. Como en todos los géneros populares, desde el western al cuento folklórico, el tango reitera dos o tres fórmulas básicas. El esquema central es nítido: el hombre que perdió a la mujer mira el mundo con cinismo y desencanto. La traición de la mujer es la condición para que el héroe del tango adquiera esa turbia lucidez que le permite filosofar sobre el pasado, el barrio, la pureza perdida, el sentido de la vida. La desdicha es el fundamento de la filosofía popular. Cambalache sintetiza bien esa visión del mundo sostenida en la pérdida y en el engaño. En un sentido Cambalache de Discépolo, es una versión popular de El aleph. En el cuento de Borges el hombre traicionado, que ha perdido a la mujer, percibe la esencia del mundo concentrada en una visión alucinada. La enumeración caótica y la percepción instantánea del significado del universo enlazan estos dos textos, emparentados, además, por su corrosivo cinismo. Como muchas de las mejores novelas argentinas El aleph tiene ese matiz tanguero: Los siete locos, Rayuela, Adán Buenosayres, Museo de la novela de la Eterna, cuentan, igual que El aleph, la pérdida de una mujer (se llame Elsa, la Maga, Solveig, la Eterna o Beatriz Viterbo) y la correlativa visión desengañada del mundo. El héroe herido en el corazón y hundido en la tristeza de la pérdida puede, por fin, mirar la realidad tal cual es y percibir sus secretos.

RICARDO PIGLIA, La Argentina en pedazos. Ediciones de la Urraca, 1993.

HOMO FLORESIENSIS

Fue recientemente hallado un homínido fósil -clasificado como LB1- de unos 18 mil años de antigüedad, a 500 metros de altitud sobre el nivel del mar, en estratos del Pleistoceno final de Flores, que es una pequeña isla situada en la provincia de Manggari, al este de Indonesia. El descubrimiento se realizó en septiembre de 2003 durante una excavación arqueológica. El esqueleto es muy frágil, no está fosilizado y partes estaban todavía articuladas, como la tibia flexionada bajo el fémur. Por la erupción dentaria y su grado de uso, así como por la anatomía pélvica, se infiere que LB1 fue un individuo femenino adulto. Cerca de allí se halló un molar de otro individuo (LB2), que podría ser más antiguo a juzgar por la mayor profundidad a la que fue encontrado. Sobre la base de una extraña mezcla de caracteres primitivos y derivados, LB1 fue asignado a una nueva especie. Tiene una estatura desusadamente pequeña y un volumen cerebral tan reducido que no alcanza para guardar relación alométrica con su talla (...) se advierte claramente el carácter disímil de la relación cerebro/estatura en H. floresiensis y otros fósiles (...) La combinación que este fósil posee entre rasgos primitivos -tendiendo a las formas arcaicas- y derivados -tendiendo a las formas actuales- permite asignarlo a una nueva especie homínida: Homo floresiensis. Sus descubridores dieron un paso muy atrevido al crear una nueva especie humana, pero tampoco cayeron en el absurdo. La relativa modernidad de este fósil no debe inducirnos a pensar en si el tiempo transcurrido es o no adecuado para que haya habido una divergencia tal como para producir una nueva especie, pues al no conocerse su real historia evolutiva, poco o nada puede asegurarse respecto del tiempo que insumió desarrollar el pronunciado dwarfismo (enanismo) que presenta. Sin embargo, no sería la primera vez que los antropólogos debemos cambiar de paradigma frente a la realidad objetiva (...) En su artículo de Nature, los autores destacan que "la sobrevivencia de H. floresiensis en el Pleistoceno tardío muestra que el género Homo es morfológicamente más variado y flexible en sus respuestas adaptativas que lo generalmente aceptado" y "es posible que la historia evolutiva de este fósil sea única, pero también es dable suponer que, siguiendo la dispersión de Homo fuera de África, se pueda alcanzar mayor variabilidad que la hasta ahora documentada."

HÉCTOR PUCCIARELLI, Novedades sobre el origen del hombre moderno. Revista Ciencia Hoy, febrero-marzo 2006.

viernes, mayo 26, 2006

CIRCUNCISIÓN EN RUSIA

En toda la casa, en cada puerta, cuelgan tabletas del tamaño de una mano, con símbolos cabalísticos impresos, para proteger de los malos espíritus a la madre durante el período comprendido entre el nacimiento y la circuncisión, ya que aquellos son singularmente peligrosos en ese período tanto para la madre como para el niño, tal vez porque el cuerpo de la primera está tan abierto que ofrece una cómoda entrada a todo lo malo, y porque el niño, por su parte, no puede ofrecer ninguna resistencia al mal mientras no haya entrado en la Alianza. Por eso acompaña a la madre una mujer, para que no se quede sola un instante. También para alejar a los espíritus malos, durante siete días a partir del nacimiento, exceptuando el viernes, de diez a quince niños, siempre distintos, guiados por el belfer (ayudante del maestro) son conducidos hasta el lecho de la madre, donde repiten el Schema Israel; luego se les reparte golosinas. Se cree que esos inocentes, criaturas de cinco a ocho años, son lo más eficaz para alejar a los malos espíritus, que se vuelven más activos al anochecer. Durante casi toda la semana se suceden los banquetes diarios, y el viernes tiene lugar una fiesta extraordinaria. El día anterior a la circuncisión los espíritus malos están más malos que nunca, por eso la noche es noche de vigilia y hasta que amanece todos montan guardia junto a la madre. La circuncisión se lleva a cabo en presencia de los parientes y los amigos a veces más de cien. Se permite al más distinguido de los asistentes llevar al niño hasta el lugar de la operación. El encargado de la circuncisión, que no cobra nada por su tarea, es generalmente un bebedor, ya que está tan ocupado que no puede participar en las diversas comidas festivas, y por lo tanto sólo toma unos tragos de aguardiente. En consecuencia, todos estos circuncidores tienen la nariz colorada y un aliento fétido. Por eso es poco agradable ver, terminada la circuncisión, que el hombre acerca la boca al miembro ensangrentado y lo chupa, como prescribe la ley. Luego cubren de aserrín el miembro, y más o menos tres días después está curado.

FRANZ KAFKA, Diarios 1910-1913. Ed. Marymar, 1978.

RITOS Y MITOS TACANA

Las tribus del grupo tacana practicaban una iniciación doble de los muchachos y muchachas, con ritos de mutilación corporal concebidos, tal parece, para afirmar una equivalencia de los sexos a pesar de su aparente diversidad. El mismo cuchillo de bambú servía para cortar el frenillo del pene de los muchachos, a hender el himen de las chicas. Una conducta reprensible tenía por sanciones paralelas el suplicio de las hormigas si el culpable era una mujer, el de las avispas si era un hombre. Y si bien la vista de los ídolos y de los objetos del culto estaba prohibida a las mujeres caviña, éstas disfrutaban del raro privilegio de tocar la flauta, en tanto que los hombres cantaban. Este afán de igualitarismo ante los ritos va por cierto hacia una conmutatividad de los sexos a que los mitos tacana parecen aspirar confusamente. Podría ser también que esta forma particular de dualismo, tal como se expresa de diferentes modos en los ritos y en los mitos, se explicase por la posición de los Tacana (y de sus vecinos del grupo lingüístico pano), que los pone en la intersección de las bajas culturas de la selva tropical y de las de la meseta andina. Si estos mitos exhiben muchos puntos comunes con los del Chaco y el Brasil central, difieren también por la presencia en las versiones tacana de un protagonista divino, miembro de un panteón complejo que no tiene equivalente entre las tribus de baja cultura, y del cual incluso hay dioses con nombres quechuas. En el siglo XVII había aún objetos de origen peruano en los templos cuadrados que los Tacana levantaban en lugares aislados. En virtud del papel que toca a estas divinidades desempeñar, todas las funciones míticas, en cierto modo, se corren un escalón, mas sin que este deslizamiento hacia arriba acarree una perturbación de las funciones que tienen que permanecer aseguradas. Los mitos tacana salen de apuro, si pudiera decirse, haciendo corresponder dos semitérminos a una función.

CLAUDE LEVI-STRAUSS, Mitológicas. De la miel a las cenizas II. Ed. F.C.E, 1982.

jueves, mayo 25, 2006

LOS BURAKUMÍN

Una peculiaridad poco conocida de la sociedad japonesa, íntimamente ligada con sus fundamentos religiosos, explica quizá que el pocero haya aparecido nimbado con un aura trágica a los ojos del niño Mishima. En medio de un silencio hecho de vergüenza y negación, existe todavía en Japón una casta de intocables, los burakumín. Descendientes de antiguos parias destinados a las tareas impuras, las que ponen en contacto con la sangre y la muerte, la podredumbre y los excrementos, los burakumín siguen siendo víctimas de la exclusión en cuanto al matrimonio y el trabajo, a pesar de la abrogación legal, hace más de un siglo, del régimen de castas. Las agencias de empleos son las comúnmente encargadas, por los patrones y las familias, de investigar los orígenes de un candidato a un puesto de trabajo o al matrimonio, con el fin de que esclarezcan cualquier ascendencia sospechosa (...) No se pronuncia la palabra burakumín, lo cual indica su carácter de tabú. Se piensa que admitir en la familia o en la empresa a un descendiente de estos parias equivaldría a dejar entrar la deshonra y la maldición. Los burakumín se dividen en dos grupos con distintos estatutos: los etá, los "impuros", llenos de manchas, y los hinín, los "no-humanos". Los primeros tenían los oficios que ponen en contacto con la sangre, la muerte y los desechos. Eran carniceros, curtidores o zapateros, sepultureros, guardianes de cementerio, basureros y poceros. Vivían relegados a la periferia de las poblaciones y los pueblos, en el flanco de la montaña o cerca del lecho de los ríos (...) El centro de las ciudades les estaba vedado, lo mismo que casarse fuera de su comunidad, o ejercer otros oficios que no fueran los que les estaba reservados. Se era etá de nacimiento, a diferencia de los hinín, los "no-humanos", provisionalmente suprimidos de la comunidad humana por algún acto delictivo o alguna actividad impura. Entre ellos se contaban la gente del espectáculo, los magos y las prostitutas. Su presencia era admitida en el centro de las ciudades. Los hinín habrían sido los inventores del teatro kabuki. A los burakumín se les debería el arte de los jardines.

CATHERINE MILLOT, Gide-Genet-Mishima. La inteligencia de la perversión. Ed. Paidós, 1998.

GALILEO Y DESCARTES

El pensamiento o, si se prefiere, la actitud mental de Galileo difiere sensiblemente de la de Descartes. No es puramente matemática, es físico-matemática. Galileo no emite hipótesis sobre los modos posibles del movimiento acelerado: lo que busca es el modo real, el modo que emplea la naturaleza. Galileo no parte, como Descartes, de un mecanismo causal, a fin de traducirlo luego a una relación puramente geométrica; o, incluso, de sustituirlo por tal relación. Galileo parte de la idea -preconcebida sin duda, pero que constituye la base de su filosofía de la naturaleza- de que las leyes de la naturaleza son leyes matemáticas. Lo real encarna lo matemático. Por eso no hay en Galileo separación entre la experiencia y la teoría; la teoría, la fórmula, no se aplica a los fenómenos del exterior, no "salva" esos fenómenos, expresa su esencia. La naturaleza no responde más que a las preguntas formuladas en lenguaje matemático, porque la naturaleza es el reino de la medida y del orden. Y si la experiencia guía "como de la mano" al razonamiento es porque, en la experiencia bien realizada, o sea en la pregunta bien planteada, la naturaleza revela su profunda esencia que, por lo demás, sólo el intelecto es capaz de captar (...) Galileo triunfó allí donde fracasó Descartes. Supo comprender y mantener en y por el pensamiento la paradójica noción del movimiento, hacer de ella la base de sus razonamientos. Descartes no lo logró, al menos al principio. ¿Le podemos culpar de eso? ¿No hay en esa resistencia cartesiana un indicio de algo importante y profundo? Nosotros así lo creemos: la noción clásica de movimiento (la misma que Descartes recogerá más tarde, permitiéndole formular el principio de inercia y consiguiendo el desquite sobre Galileo) no es tan clara y distinta como se ha dicho, como él ha dicho. Un cambio que es un estado... lo Mismo que es lo Otro... sólo por "fuerza" es posible hacer coincidir estos conceptos, como antaño lo hiciera el demiurgo de Platón.

ALEXANDRE KOYRÉ, Estudios galileanos. Ed. Siglo XXI, 1985.

miércoles, mayo 24, 2006

PALEOPOLÍTICA

Sólo es posible hablar de paleopolítica si uno empieza por atacar la imagen del mundo y de la historia que adoctrina a los miembros de nuestro hemisferio cultural con una falseada conciencia de calendario. La ideología oficial de la cultura superior, en todas sus variedades, quiere hacernos creer que la auténtica historia, aquella de la que merece ocuparse, no tiene más de cuatro o cinco mil años y que el género esencial en el que estamos obligados a contarnos salió de entre la niebla precisamente entonces, en Egipto, Mesopotamia, China y la India (...) el hombre no tiene más edad que la cultura superior, la humanidad propiamente dicha empieza ya a lo grande. Esta tesis opera en todas partes, pero quizá en ningún lugar se presenta de forma tan desnuda, como allí donde humanistas, teólogos, sociólogos y politólogos toman la palabra para elaborar modelos colectivos eficaces acerca de lo que es ser humano. Todos ellos hacen surgir al "hombre" ya a partir de la ciudad, del Estado o de la nación y, como es propio, no se olvidan de fijar la apariencia civilizada en los cráneos de los pupilos de la cultura. Nunca se podrá insistir bastante en lo falso que ha sido desde siempre este adoctrinamiento, y en lo funestamente que sigue actuando hoy. La obsesión por las culturas superiores es la mentira esencial y el error capital no sólo de la historia y de las humanidades, sino también de la ciencia política y de la psicología. Destruye, al menos como consecuencia última, la unidad de la evolución humana y hace que la conciencia contemporánea salga despedida de la cadena de las innumerables generaciones humanas que han elaborado nuestros "potenciales" genéticos y culturales. Ciega nuestra visión del suceso fundacional, del acontecimiento global que precede a toda cultura superior y respecto del que todos los llamados sucesos históricos no son más que tardías derivaciones: la antropogénesis. El omnipresente superiorismo de la cultura abrevia en un 95 o 98 por ciento, la duración real de la historia de la humanidad, a fin de tener manos libres para un adoctrinamiento antropológico que resulta ideológico en grado sumo: se trata de la doctrina, concebida por clásicos y modernos, del hombre como "ser vivo político". Su sentido es presentar a priori al hombre como un burgués animal de Estado, que necesita, para la plenitud de su esencia, capitales, bibliotecas, catedrales y embajadas. Pero en cuanto superamos esta anulación de la prehistoria queda a la vista una panorámica sobre la constitución milenaria de la humanidad, de la que sólo hace poco se han producido desviaciones notorias; desviaciones cuyos efectos se suman a lo que Levi-Strauss ha llamado "historia caliente". Resulta esencial a la paleopolítica que no presuponga al "hombre", sino que lo genere. Mientras las culturas superiores siempre consideran al hombre como algo ya dado, a fin de disponer de él para trabajos, cargos y funciones, el mundo de la prehistoria está atravesado por la conciencia de que el arte de lo posible consiste en llamar a la vida a nuevos hombres a partir de los más viejos que ya existen, en un mundo mezquino y peligroso. La paleopolítica es el milagro de la repetición del hombre por el hombre. Se ejerce y se logra en un medio que, en alguna medida, parece querer dificultar a los hombres el arte de reponerse en los hijos.

PETER SLOTERDIJK, En el mismo barco. Ed. Siruela, 1994.

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EL ONANISTA

Figura totalmente nueva del siglo XVIII, surge en íntima relación con las nuevas conexiones entre la sexualidad y la organización familiar, con la nueva posición del niño en el interior del grupo parental, con la nueva importancia concedida al cuerpo y a la salud. Surgimiento pues del cuerpo sexual del niño. Esta nueva figura de hecho cuenta con una larga prehistoria: el desarrollo conjunto de técnicas de dirección de la conciencia (en la nueva pastoral nacida de la Reforma y del Concilio de Trento) y de las instituciones de educación (...) Esquemáticamente se puede decir que el control tradicional de las relaciones prohibidas (adulterios, incesto, sodomía, bestialidad) se vio reduplicado por el control de la "carne" centrado en los movimientos elementales de la concupiscencia. Sobre este telón de fondo la cruzada contra la masturbación provoca sin embargo una ruptura. Se inicia en primer lugar en Inglaterra a bombo y platillo en los años 1710 con la publicación de Onania; se prolonga más tarde en Alemania antes de desencadenarse en Francia con el libro de Tissot hacia el año 1760. Su razón de ser es enigmática pero sus efectos fueron innombrables. Unos y otros no pueden ser determinados más que teniendo en cuenta algunos de los rasgos esenciales de esta campaña antimasturbatoria. Sería insuficiente no ver en ella más que un proceso de represión provocado por las nuevas exigencias de la industrialización: el cuerpo productivo contra el cuerpo del placer (...) se dirige de forma privilegiada, cuando no exclusiva, a los adolescentes y a los niños, más concretamente aún a los hijos de familias ricas o acomodadas. Esta campaña coloca a la sexualidad, o al menos al uso sexual del propio cuerpo en el origen de una serie de trastornos físicos que pueden hacer sentir sus efectos en todo el organismo y durante todas las etapas de la vida. La potencia etiológica ilimitada de la sexualidad es uno de los temas más constantes no solo en los textos de esta nueva moral médica, sino también en los mas serios tratados de patología. Y si bien el niño se convierte en virtud de este proceso en responsable de su propio cuerpo por el "abuso" que hace de su sexualidad, en realidad son los padres quienes son considerados como los verdaderos culpables: falta de vigilancia, negligencia, y sobre todo falta de interés por sus hijos (...) Lo que se perfila a través de esta campaña es el imperativo de un nuevo tipo de relación entre padres e hijos y más ampliamente una nueva economía de las relaciones intra-familiares: solidificación e intensificación de las relaciones entre padre-madre-hijos, reinversión del sistema de las obligaciones familiares (que iban antes de los hijos a los padres y que ahora tienden a convertir al niño en el objeto primero e incesante de los deberes de los padres), distribución de la célula familiar alrededor del cuerpo -sexual- del niño (...) y un control y un conocimiento médico externo para arbitrar y reglamentar estas nuevas relaciones (...) La cruzada contra la masturbación traduce la reconversión de la familia en familia restringida en tanto que nuevo aspecto de saber y de poder. La preocupación por la sexualidad del niño ha sido uno de los procedimientos para construir este nuevo dispositivo. La pequeña familia incestuosa que caracteriza a nuestras sociedades, el minúsculo espacio familiar sexualmente saturado en el que nos educamos y en el que vivimos se ha formado en relación con estos procesos.

MICHEL FOUCAULT, La vida de los hombres infames. Ed. de la Piqueta, 1990.

martes, mayo 23, 2006

AFRODITA - ISHTAR

La diosa más venerada en origen no es una madre, sino quien promueve y funda el ayuntamiento, un símbolo de voluptuosidad. Hay deidades de tipo materno, ciertamente, pero son diosas menores, que no suscitan tanta devoción popular. También hay deidades femeninas de la senectud, como Hécate, con escasos fieles igualmente. En su versión griega, esa diosa nace de un Cielo castrado por el Tiempo, cuyos genitales se mezclan con el mar océano. Llevados a la deriva, los restos formaron una blanca espuma -afros-, cada vez más densa, de la cual acabaría brotando una doncella que fue llamada por eso Afrodita. La parte inferior del cielo y la parte superior del mar habían producido un animal brillante y opaco a la vez, con el que amaneció la carne en su positividad inmediata, como vocación de goce.
Por donde iba pasando surgía la hierba, y el orden cósmico atribuyó a su persona el cuidado de los susurros, la risa y las chanzas. Era así Afrodita Pandemos, patrona de toda relación sexual, al mismo tiempo que Afrodita Urania, hija del propio Cielo, patrona del más puro conocimiento; no en vano decimos aún que los amantes se "conocen" al copular. Vestida por las Horas, esa doncella se personó en la asamblea de los inmortales y sedujo sin demora a todos los dioses: ni uno solo omitió ofrecerse como esposo perpetuo.
La carne es del sexo femenino -Innana, Astarté, Melita, Cali, Venus-, y guarda un parentesco no aclarado con Eros, un vástago de Tierra y Caos que no es del todo encarnación. La naturaleza de éste parece más bien masculina, aunque ambigua, y lo que en su contrapartida femenina es inclinación a conocerse con otro él lo expresa como agitación de todo lo quieto, como movimiento constante.
Pero la diosa del amor no se repartió por igual a lo largo de las eras. Primero se derramó generosamente en la ciudad de Uruk, hace unos cincuenta siglos. Allí, celebrada con el nombre de Ishtar, impuso una sociedad que el cronista describe con trazos vivos:
Donde la gente bulle en atavíos de fiesta
y todos los días son feriados;
donde muchachos y mujeres de placer pasean su desnudez
llena de perfume. ¡Gobiernan a los grandes desde sus lechos!

Efebos y rameras, bullicioso mercado, festejo cotidiano en oasis que se ensanchan a costa de la inmensidad arenosa, muy poco a poco, con acequias delgadas como venas para nutrir sus huertas. En el centro del oasis más floreciente una fortaleza de arcillosos muros, y dentro de ella una multitud que se aprieta sin esfuerzo, fascinada ante la perspectiva de ver y hasta oler el rastro de cuerpos venerables, capaces de gobernar a los poderosos desde sus lechos. Por lo que respecta a la diosa de la carne, a Ishtar, dice el mitógrafo que :
Todos se inclinan ante ella, mortales e inmortales;
su palabra es suprema entre los dioses, su visión crea júbilo.
Está vestida de placer y amor,
rebosante de fibra, de encanto y voluptuosidad.
Es dulce en los labios; la vida está en su boca.
Es glorioso su aspecto, su cuerpo es bello, brillan sus ojos.
Reina de las mujeres, protectora de su estirpe,
sea una esclava, una doncella o una madre.


ANTONIO ESCOHOTADO, Rameras y esposas. Ed. Anagrama, 1993.

lunes, mayo 22, 2006

BAUDELAIRE

La figura de Baudelaire entra de manera decisiva en su fama. Para la masa pequeñoburguesa de lectores su historia fue la image d´Epinal, la "historia de vida" ilustrada de un libertino. Esta imagen contribuyó en mucho a la fama de Baudelaire -a pesar de que quienes la difundieron no se hallaban precisamente entre sus amigos. A esta imagen se superpuso otra cuya influencia no fue tan amplia pero tal vez haya sido más duradera: allí, Baudelaire aparece como representante de una pasión estética igual a la que concibió Kierkegaard en la misma época. No puede existir ningún estudio en profundidad de Baudelaire que no se ocupe de la imagen de su vida. En realidad, esta imagen está determinada por el hecho de que fue él el primero en tomar conciencia, y lo hizo de un modo rico en consecuencias, de que la burguesía estaba a punto de retirarle su misión al poeta. ¿Cuál misión social podía tomar su lugar? Esta misión no podía encontrarse en ninguna clase social: debía inferirse principalmente del mercado y de sus crisis. Lo que ocupaba a Baudelaire no era la demanda manifiesta a corto plazo sino la demanda latente a largo plazo. Las Flores del mal comprueban que la estimó correctamente. Pero el ámbito del mercado en el que apareció esta demanda requería una forma de producción y de vida muy distinta de la de los poetas anteriores. Baudelaire tuvo que reivindicar la dignidad del poeta en una sociedad que ya no tenía dignidad alguna que conferirle. De ahí la bufonería de su presencia. En Baudelaire, el poeta expresa por primera vez su pretensión a un valor de exposición. Baudelaire fue su propio empresario (...) Interrumpir el curso del mundo -ese era el deseo más profundo de Baudelaire. El deseo de Josué. No tanto el profético: porque él no pensaba en un retorno. De este deseo nacía su violencia, su impaciencia y su ira; de él surgieron también los reiterados intentos de herir de muerte el corazón del mundo o de dormirlo mediante su canto.

WALTER BENJAMIN, Cuadros de un pensamiento. Ed. Imago Mundi, 1992.

RIMBAUD

Rimbaud carecía casi totalmente de maña para vivir. Mathilde Verlaine se indignaba cuando rompía adrede los objetos a los que ella tenía apego, y en todas sus provocaciones de juventud, hasta en su modo de vida cotidiana en África y en Arabia. Pedigüeño, no sabía dar las gracias; autoritario, tal vez como su padre el oficial y como la madre, era incapaz de cortesía, por orgullo, independencia, horror de la hipocresía, como ella, se expresaba siempre imperativamente (...) Cada carta a su familia es una petición, breve y seca como una orden de bolsa: "paguen", "envíen", "escriban". La amistad no tuvo ninguna parte en los amores "tigrescos" con Verlaine, sino la dominación pasional. Su gusto común por libros y licores fuertes, por el escándalo y por las "caricias" estaba salpimentado de maldad sádica, y Rimbaud amenazaba a Verlaine con la destrucción (...) se sentía demasiado diferente para confiarse íntimamente a nadie. Pero un amigo no es necesariamente un confidente, es aquel que siempre está cercano, el invariante: todas las relaciones se modifican con el tiempo, sólo los amigos permanecen; son aquellos a los que se ve rara vez y en los que se piensa a menudo con gusto, una relación de identidad. Rimbaud no tuvo alter ego. No escribió nunca una carta de amistad. En Harar, no quiso pensar más que en sí mismo; lo logró. Su único lazo era la familia -lo que quedaba de ella, la madre y una hermana ("sólo las tengo a ustedes"). No recibiendo ni dando ninguna señal de ternura, se dirigía a ellas con esta fórmula extraña, mis "queridos amigos", como si esas dos mujeres lejanas, por la ausencia de afecto, compensaran la amistad vacante. Rimbaud no habló nunca de su joven criado Djamí, de unos 20 años más o menos y que fue devoto suyo durante varios años -pero fue a Djamí a quien llamó durante su agonía. Djamí, cuyo nombre resuena como por magia con la palabra ami (amigo), fue sin duda el único ser del que Rimbaud recibió señales de fidelidad y de afecto (...) La idea de felicidad conyugal, como el pesar por no haber obtenido el bachillerato, o el proyecto de enriquecimiento -ese regreso a los valores llamados "burgueses" (simplemente lógico a partir del momento en que el vidente renuncia a reinventar el amor) contradice las ambiciones del poeta rebelde. Sin duda renegó incluso de la homosexualidad, concebida antaño como un gesto de carácter iniciático, un aspecto del "razonado desarreglo de todos los sentimientos" (...) Rimbaud pide siempre "lo imposible". Todos sus proyectos revelan un deseo desesperado de conformidad social, un patético esfuerzo de normalidad; y sus fracasos repiten sin cesar a aquel que buscaba para sí una moral ese "Imposible" en él (...) Su verdadera compañera, desde siempre fue la Naturaleza, a la que amaba físicamente ("He sentido un poco su inmenso cuerpo"), a la que animaba, en la que sabía perderse; de la que estuvo prendado, perdidamente; donde encontraba su libertad, su soledad.
Entonces no hablaré y no pensaré en nada:
Pero el amor sin fin subirá por mi alma,
E iré lejos, muy lejos, lo mismo que un bohemio,
Por la Naturaleza
-Lleno de dicha, igual que con una mujer.

Forzosamente solo, ferozmente solo. Si estuvo casado, fue con la estepa o la sabana, como el Dogo con el Adriático.

ALAIN BORER, Rimbaud en Abisinia. Ed. F.C.E, 1991.

domingo, mayo 21, 2006

UN DÍA EN LA ESCUELA

Un día, en la escuela -un instituto únicamente para varones en la frontera entre Londres y Kent-, nuestro profesor de música nos dijo que John Lennon y Paul Mc Cartney no eran en realidad los autores de las famosas canciones de los Beatles que tanto nos gustaban. Fue en 1968 y yo tenía trece años. Por primera vez en las clases de apreciación musical, íbamos a escuchar a los Beatles sin los bajos (...) Para el señor Hogg, nuestro profesor de música e instrucción religiosa, el bajo "oscurecía" la música. Pero escuchar cualquier cosa de los Beatles en la escuela era enaltecedor, un acto tan extraordinariamente liberal que resultaba confuso. El señor Hogg levantó la tapa del equipo estereofónico de la escuela (...) puso "She is leaving home" sin ninguna introducción, pero tan pronto como comenzó a sonar, el inició su análisis de los Beatles. Lo que dijo fue devastador, si bien lo hizo de una manera sencilla, como si estuviera exponiendo algo que era obvio. Éstos eran los hechos: Lennon y McCartney no podían haber escrito las canciones que se les adjudicaban; era un fraude; no podíamos dejarnos engañar por los Beatles, ellos sólo eran los hombres de paja (...) Yo estaba perplejo. ¿Cómo podía creer algo tan absurdo? En realidad, ¿qué había detrás de esa idea? El señor Hogg nos dijo que Brian Epstein y George Martin habían escrito las canciones (...) "En sus discos los que tocan son músicos de verdad", dijo. Luego guardó el disco en su famosa funda y cambió de tema. Pero yo pensé en la teoría de Hogg durante días (...) Los "cabezas de estropajo" ni siquiera sabían leer música..., ¿cómo iban a ser unos genios? Para el señor Hogg resultaba insoportable que cuatro hombres jóvenes, sin ninguna educación importante, pudiesen ser los portadores de tanto talento y merecedores de la aclamación de la crítica (...) Como es obvio, los Beatles no habían nacido inmersos en el conocimiento. Tampoco lo habían adquirido en ninguna academia o universidad reconocidas. Por el contrario, con apenas veinte años cumplidos, los Fabulosos hacían cultura una y otra vez, sin ningún esfuerzo, incluso mientras gesticulaban y hacían guiños ante las cámaras como si fuesen escolares (...) para Hogg las canciones no eran de los Beatles porque ellos eran muchachos como nosotros: ignorantes, groseros, maleducados; muchachos que jamás, en un mundo justo, conseguirían hacer nada importante con sus vidas. Esta creencia implícita, o forma de desprecio, no era abstracta. Nosotros sentíamos y algunas veces reconocíamos -y la actitud de Hogg hacia los Beatles lo ejemplificaba- que nuestros maestros no sentían ningún respeto hacia nosotros como personas capaces de aprender, de encontrar que el mundo era interesante y de querer conocerlo.

HANIF KUREISHI, Soñar y contar. Ed. Anagrama, 2004.

sábado, mayo 20, 2006

EL URANIO Y EL DÓLAR

Aunque parezca mentira, el uranio y el dólar tienen un origen común: ambos nacieron en Bohemia, en lo que actualmente es la República Checa. Y fue así: en las montañas de Erzgebirge, que marcan el límite natural entre Bohemia y Alemania, hay un lugar llamado Joachimsthal (que significa "lugar de Joachim") y donde se empezaron a explotar, desde el año 1516, minas de cobre y plata (...) en 1519 ya se acuñaban monedas con la plata de Joachimsthal. En el alto alemán (el dialecto que se hablaba en todo el sur de Alemania), tomando el nombre del lugar de procedencia, se llamó a esas monedas "monedas de sthal" o, más simplemente, "taler" (táleros). Inmediatamente, los ingleses convirtieron la palabra "taler" en "dólar" y la denominación se hizo luego corriente en las colonias inglesas de América. Ahora bien: las minas de plata producían también un montón de desechos, que se denominaban pechblenda (probablemente desechos de socavón). El químico alemán Martin Klaproth, trabajando con ese material de desecho, tratándolo con ácido y calentándolo intensamente, en 1789 obtuvo un polvo negro al que -en homenaje al recientemente descubierto planeta Urano- llamó Uranio. Y así fue como del mismo yacimiento nacieron el dólar renacentista y el uranio de la Ilustración: en 1942, grandes cantidades de dólares y de uranio se juntarían en el Proyecto Manhattan, que llevó a la fabricación de la primera bomba atómica.

LEONARDO MOLEDO, Curiosidades de la ciencia. Ed. Sudamericana, 1997.

viernes, mayo 19, 2006

¿ES CORRECTO LO QUE HAGO?

El teorema de Turing, aun siendo el más básico de todos los teoremas de indecibilidad, no fue sin embargo el primero de ellos. En 1930 Gödel publicó un trabajo que planteó un escollo insalvable al programa de Hilbert para demostrar la coherencia de la aritmética. Esta publicación echó por la borda asimismo otra de las creencias favoritas de Hilbert: que, en principio, todo problema podía ser resuelto. "Debemos saber, llegaremos a saber", proclamaba Hilbert. Pero Gödel demostró que existen otros aspectos más allá de lo que pudiera soñar Hilbert en su filosofía. Los dos teoremas que resultaron devastadores son los siguientes:
1. Si la teoría formal de conjuntos es coherente, entonces existen teoremas de los que no se puede demostrar ni su verdad, ni su falsedad.
2. No existe forma alguna de demostrar la coherencia de la teoría de conjuntos.
Dice la leyenda que Hilbert perdió los estribos al enterarse de los resultados del trabajo de Gödel. Al principio se pensó que todo se debía a la manera particular de formalizar la teoría de conjuntos que Gödel había utilizado. Sin embargo, a medida que se llegaba a comprender cómo funcionaba la demostración, empezó a verse claro que en cualquier formalización de la aritmética serían aplicables las mismas ideas. No es cuestión de echar la culpa a ninguna axiomatización especial: es cuestión de la aritmética en sí. Con los teoremas de Gödel se desvaneció para siempre toda esperanza de demostrar, más allá de cualquier duda, la pureza sin tacha de la matemática. Las matemáticas se vieron forzadas a encarar un hecho desagradable que todas las demás ciencias habían aceptado ya mucho antes: es imposible estar completamente seguro de que es correcto lo que se está haciendo. Esto no era malo, después de todo, ya que el objetivo de la perfección total era obviamente una quimera: ¿cómo puede ningún sistema demostrar su propia infabilidad? ¿Daría usted crédito a alguien que le dijera "Soy infalible", y lo justificara añadiendo "porque lo digo yo"?.

IAN STEWART, De aquí al infinito. Ed. Crítica, 1998.

jueves, mayo 18, 2006

CRIÓNICA

Una de las leyendas urbanas más difundidas vinculadas a la criopreservación es la que relata que el cadáver de Walt Disney fue congelado a fines de 1966 con la finalidad de resucitarlo cuando la ciencia hubiera avanzado lo suficiente como para que esto fuera posible. Si bien hay amplias evidencias que descartan que el creador del imperio Disney se encuentre congelado en una cámara criogénica ubicada en algún lugar desconocido, no cabe duda de que el suceso ha servido para difundir las bases de la criónica (...) El objetivo de la criónica es preservar la vida de seres humanos enfermos en estado de latencia con la esperanza de que en el futuro la ciencia médica pueda curarlos. Un protocolo clínico de la criónica sería: 1- seleccione N sujetos; 2- presérvelos; 3- espere 100 años; 4- vea si la tecnología del siglo XXII puede revivirlos... La etapa 1 no es de aplicación simple a seres humanos. Las leyes actuales requieren que la suspensión criónica comience después de la muerte legal; es decir, algunos minutos después de que el corazón haya dejado de latir. La hipótesis fundamental de la criónica es que la muerte no es un evento sino un proceso que puede revertirse si es interceptado a tiempo. Para la criónica, nadie está muerto hasta que su cerebro esté destruido y esto puede ser evitado mediante bajas temperaturas. La criónica postula, entonces, que la vida puede ser detenida y recomenzada y no considera que su finalidad sea preservar gente muerta, sino gente inconsciente. La primera descripción de la criónica fue la de Robert Ettinger en 1964 en su libro The Prospect of Inmortality. En 1972 se fundó en Arizona (EE.UU), la Alcor Extension of Life Foundation, institución líder en investigación y desarrollo de tecnología criónica. Recientemente investigaciones de Alcor concluyen que es posible con procedimientos ya disponibles preservar por vitrificación el cerebro, e informaron que habían logrado que perros y gatos recobraran su actividad cerebral luego de 16 a 60 minutos de privación total de oxígeno. Para los autores, la detención del tiempo biológico estableciendo un puente hacia una ingeniería del envejecimiento ya es consistente con el conocimiento científico y médico actual.

Roberto Corti, Criopreservación... ¿y después?. Revista Ciencia Hoy, dic. 2005-ene.2006.

miércoles, mayo 17, 2006

POSITIVISMO, DIALÉCTICA Y ANGUSTIA

En la perspectiva positivista, la inteligencia no es más que un afecto entre otros y se funda en la hipótesis de la inteligibilidad. Eso justifica esa psicología de echadores de cartas que puede desarrollarse en los lugares aparentemente más independientes, desde la cumbre de las cátedras universitarias. Inversamente, el afecto no es entonces más que inteligencia oscura.
Escapa a quien recibe esta enseñanza el efecto de oscurantismo que sufre. Sabemos dónde desemboca este efecto: en los proyectos cada vez más intencionales de una tecnocracia, en el examen psicológico de los sujetos que buscan empleos, en la entrada en los marcos de la sociedad existente, con la cabeza gacha bajo el patrón del psicólogo. Digo que el sentido del descubrimiento de Freud está respecto de esto en una oposición radical (...) Cuando se examina la dialéctica hegeliana, se la reduce en el fondo a raíces lógicas, como mostró el propio Hegel, y precisamente al déficit intrínseco de la lógica de la predicación; a saber: lo universal, si se lo examina bien -y esto no escapó al logicismo contemporáneo-, solo se funda en la agregación, mientras que lo particular, único que encuentra allí existencia, aparece como contingente. Toda la dialéctica hegeliana apunta a colmar esta falla y mostrar en una prodigiosa transmutación cómo lo universal puede llegar a particularizarse (...) Sin embargo, sea cual fuere el prestigio de la dialéctica hegeliana (sean cuales fueren sus efectos, que entraron en el mundo vía Marx completando así lo que Hegel significaba, a saber, la subversión de un orden político y social fundado en la Iglesia), sea cual fuere su éxito, sea cual fuere el valor de lo que sostiene en las incidencias políticas de su realización, la dialéctica hegeliana es falsa. La contradicen tanto el testimonio de las ciencias de la naturaleza como el progreso histórico de la ciencia fundamental, a saber, las matemáticas. Como percibió el contemporáneo del sistema de Hegel -que era entonces el Sistema a secas- como proclamó, indicó Kierkegaard, la angustia es el signo o el testimonio de una hiancia existencial (...) y la doctrina freudiana ofrece su esclarecimiento. La estructura de la relación de la angustia con el deseo, la doble hiancia del sujeto con el objeto que cae de él (...) ahí está la falla que no nos permite tratar el deseo en la inmanencia lógica de la mera violencia como dimensión para forzar los atolladeros de la lógica.
Freud nos conduce al corazón de eso en lo que se funda lo que era para él la ilusión. Él lo llamaba, según la modalidad de su época -que es la de una coartada-, la religión (...) yo lo llamo Iglesia. Freud avanza con las luces de la razón sobre ese mismo campo donde, contra la revolución hegeliana, la Iglesia se mantiene intacta y con todo el brillo que le pueden ver.

JACQUES LACAN, De los Nombres del Padre. Ed. Paidós, 2005.

martes, mayo 16, 2006

LOS ROLLOS DEL MAR MUERTO

En 1947, un joven pastor árabe había seguido a un animal extraviado del rebaño hasta un empinado acantilado hacia el lado oeste del Mar Muerto. Dio con una cueva que contenía elevados recipientes de arcilla, en los que había siete rollos de pergamino en distintos grados de conservación. El mayor mostró ser una copia del libro bíblico de Isaías, que data, según se presume, de la primera o segunda centuria antes de nuestra era, algo así como un millar de años más viejo que cualquier manuscrito hebreo del Antiguo Testamento entonces conocido. A pesar de lo excitante del descubrimiento, tal rollo no fue el más importante de los documentos de ese escondite. También se halló incluido un tratado, al que sus editores norteamericanos llamaron "Manual de Disciplina": normas para el gobierno interno, doctrinas, himnos y plegarias de una secta judía conocida por la historia como los esenios. Casi todo lo que se ha transmitido sobre este grupo marginal del judaísmo ha llegado a través de los escritos de historiadores primitivos como Josefo, del siglo primero, Filón de Alejandría, y el autor de una historia natural, Plinio el Viejo, pero esta era la primera evidencia original respecto a su doctrina y disciplina de que se tenía noticias. El descubrimiento provocó gran repercusión porque los arqueólogos siempre habían sostenido que en realidad ningún manuscrito antiguo se encontraría jamás en Palestina, ya que no podrían haber soportado el prevaleciente clima húmedo de ese país (...) En 1952 se realizó un nuevo descubrimiento extraordinario, esta vez por los arqueólogos mismos. Comprendía diversos trozos de pergamino de la biblioteca de los esenios hallados en una cueva hacia el norte del monasterio, y con ellos, en las piezas, un rollo que había sido inscripto, caso único, en hojas de cobre y ribeteado en los cantos como imitación de las pieles cosidas en un rollo de pergamino normal. El cobre se había oxidado por completo en el curso de dos milenios que permaneció en la cueva, y durante tres años el frágil rollo estuvo depositado en una vitrina del Museo Rockefeller desafiando todos los intentos de abrirlo por medios normales (...) en 1955 y 56 las piezas fueron trasladadas a Inglaterra (...) Eran, en verdad, el inventario de un tesoro enterrado -lo último que esperábamos encontrar en una comunidad dedicada a la pobreza voluntaria-. Casi con seguridad el tesoro de referencia representaba la riqueza del templo judío de Jerusalén, oculto por los zelotes que habían controlado el santuario antes de que los romanos llegaran el 70 a.C y lo destruyeran por el fuego (...) En su oportunidad se me comunicó de manera formal que se había tomado la decisión de hacer conocer la noticia de la afortunada operación del corte, pero que yo no debía, por ninguna razón, revelar a la prensa nada sobre el contenido del extraño documento (...) Sin embargo, seis meses después de abrirse los rollos se dieron a conocer noticias de su contenido junto con lo que semejaba una opinión arbitraria, según la cual el inventario era una leyenda de la imaginación, inscripta por algún "fanático"; se dijo que no poseía relevancia histórica o actual y era de importancia bastante reducida (...) de nuevo se me informó que yo debía permanecer en la sombra y no agregar nada a la noticia oficial.

JOHN M. ALLEGRO, La historicidad de Jesús y los rollos del Mar muerto. Ed. Rescate, 1986.

lunes, mayo 15, 2006

LA FICCIÓN DEL DINERO

Para Roberto Arlt la sociedad se asienta en la ficción porque el fundamento último de la sociedad es el dinero. Objeto mágico, ese papel que acredita el Estado es el signo vacío del poder absoluto. Hacer dinero: Arlt toma esa frase como esencia de la sociedad y la interpreta literalmente. Hacer dinero quiere decir fabricarlo: la falsificación es la estrategia central de la contraeconomía arltiana. El falsificador es un artista, el poeta del capitalismo (...) ¿Qué es lo falso y qué es lo verdadero? Arlt piensa esa cuestión desde el dinero. ¿Cómo hacer pasar por legítimo lo que es falso? Allí concentra su poética: la falsificación es el modelo de la ficción arltiana. El dinero, podría decir Arlt, es el mejor novelista del mundo: convierte en destino la vida de los hombres. En sus novelas el dinero aparece como causa y como efecto de la ficción. Causa, porque para tenerlo es preciso mentir, estafar, hacer el cuento. Efecto, porque ese enriquecimiento siempre postergado desencadena la historia de todo lo que se va a hacer, cuando se tenga dinero. En ese sentido, la sociedad secreta que construye el Astrólogo es una fábrica de producir relatos y de buscar plata. El Buscador de Oro, el Rufián Melancólico, Ergueta, Erdosain, todos traen la historia del dinero que han ganado, que deben, que quieren tener. En las novelas de Arlt el dinero define los enigmas y el suspenso de la trama (...) Inventores, falsificadores, estafadores, estos "soñadores" son los hombres de la magia capitalista: trabajan para sacar dinero de la imaginería. El punto final de ese camino es la locura. Para Arlt la locura es la ilusión de zafar de la miseria. Estar loco es ir más allá de lo posible, cruzar el límite: cambiar las relaciones de causalidad, manejar el azar, adivinar el porvenir, rechazar la realidad. La locura arltiana es una forma de la utopía popular. Se sale de la pobreza también por medio de los sueños locos y los proyectos imposibles (...) Para Arlt el trabajo sólo produce miseria y ésa es la verdad última de la sociedad. Los hombres que viven de su sueldo no tienen nada que contar salvo el dinero que ganan. No hay historia posible en el mundo del trabajo (...) Para Arlt el que tiene dinero esconde un crimen. El enriquecimiento es siempre ilegal, por principio. Los ricos tienen algo demoníaco, tienen el poder de hacerlo todo. "Los ricos, aburridos de escuchar las quejas de los miserables, construyeron tremendos jaulones. Verdugos cazaban a los pobres con lazos de acogotar perros". Esa escena sintetiza la versión arltiana de la lucha de clases.

RICARDO PIGLIA, La Argentina en pedazos. Ed. de la Urraca, 1993.

domingo, mayo 14, 2006

EL MITO DE LA SEPARACIÓN DE PODERES

Este texto es célebre. ¿Quién no conoce la teoría que pide que en todo buen gobierno se distinga rigurosamente el legislativo del ejecutivo y del judicial? ¿Que se asegure la independencia de cada poder para recibir de esta separación los beneficios de la moderación, la seguridad y la libertad? Tal sería el secreto del libro XI (...) inspirado a Montesquieu en ocasión de una estancia en Inglaterra en 1729-30, dónde descubriría un régimen radicalmente nuevo, que se proponía como objeto la libertad (...) La tesis del jurista Charles Eisenmann es que la teoría de Montesquieu ha engendrado un verdadero mito: el mito de la separación de poderes. Según muchos juristas el ideal político de Montesquieu coincidiría con un régimen en el que estuviera rigurosamente asegurada esta separación de poderes. Deberían existir tres poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Cada poder abarcaría exactamente una esfera propia, una función propia, sin ninguna interferencia. Cada poder estaría asegurado por un órgano rigurosamente distinto (...) y no sería concebible ningún tipo de injerencia de un poder sobre otro (...) y además ninguno de los miembros que componen un órgano podría pertenecer al otro (...) La primera audacia de Eisenmann consistió en demostrar que esta famosa teoría no existía, simplemente, en Montesquieu. Basta leer con atención los textos para descubrir: 1. Que el ejecutivo se injiere en el legislativo puesto que el rey dispone del derecho de veto. 2. Que el legislativo puede, en cierta medida, ejercer un derecho de inspección sobre el ejecutivo, puesto que controla la aplicación de las leyes que ha votado (...) puede pedir cuentas a los ministros. 3. Que el legislativo se injiere seriamente sobre el judicial, puesto que en tres circunstancias se erige en tribunal (...) No se comprende muy bien cómo pueden conciliarse semejantes interferencias de los poderes, con la pureza de su separación. La segunda audacia de Eisenmann ha consistido en mostrar que en realidad no se trataba, en Montesquieu, de separación, sino de combinación, de fusión y de enlace de los poderes. El punto esencial de esta demostración consiste en comprender perfectamente que el poder judicial no es un poder en el sentido propio. Este poder es invisible y como nulo, dice Montesquieu. Y, de hecho, el juez es para él sólo una presencia y una voz. Es un hombre cuya función consiste única y exclusivamente en leer y decir la ley (...) Nos encontramos, pues, enfrente de dos poderes: el ejecutivo y el legislativo. Dos poderes, pero tres potencias: el rey, la cámara alta y la cámara baja. Es decir, el rey, la nobleza y "el pueblo". Y aquí es donde Eisenmann demuestra de forma convincente que el verdadero objeto de Montesquieu es precisamente la combinación, el enlace de esas tres potencias. Y que se trata ante todo de un problema político de relación de fuerzas, en vez de un problema jurídico que concierne a la definición de la legalidad y sus esferas.

LOUIS ALTHUSSER, Montesquieu: la política y la historia. Ed. Ariel, 1974.

sábado, mayo 13, 2006

LABOR Y TRABAJO

¿En qué consiste una vida activa? ¿Qué hacemos cuando actuamos? (...) La vida activa no es solamente aquello a lo que están consagrados la mayoría de los hombres, sino también aquello de lo que ningún hombre puede escapar totalmente. Porque está en la condición humana que la contemplación, por ejemplo, permanezca dependiente de todos los tipos de actividades; depende de la labor que produce todo lo necesario para mantener vivo el organismo humano, depende del trabajo que crea todo lo necesario para albergar el cuerpo humano y necesita la acción con el fin de organizar la vida en común de muchos seres humanos de modo que la paz, la condición para la quietud de la contemplación, esté asegurada (...) ¿Por qué no fue descubierta la vita activa, con todas sus distinciones y articulaciones, tras la moderna ruptura con la tradición y la consiguiente inversión de su orden jerárquico, tras la "re-evaluación de todos los valores" en Marx y Nietzsche? (...) En contra de esta falta de evidencia se presenta el hecho simple y pertinaz de que todas las lenguas europeas, antiguas o modernas, contienen dos palabras no relacionadas etimológicamente para lo que hemos llegado a pensar como la misma actividad (labor y trabajo): de esta forma, el griego distinguía entre ponein y ergazesthai, el latín entre laborare y facere o fabricari, el francés entre travailler y ouvrer, el alemán entre arbeiten y werken. En todos estos casos, los equivalentes de labor tienen una inequívoca connotación de experiencias corporales, de fatiga y de incomodidad, y en la mayoría de los casos se usan significativamente para indicar los dolores de parto. Y el último en usar esta original conexión fue Marx, que definió la labor como la "reproducción de la vida individual", y el engendrar, como la producción de una "vida ajena", como la producción de las especies (...) Es obvio que la labor es una actividad que corresponde a los procesos biológicos del cuerpo, esto es, el metabolismo entre el hombre y la naturaleza, o el modo humano de este metabolismo que compartimos con todos los organismos vivos. Por medio de la labor, los hombres producen lo vitalmente necesario que debe alimentar el proceso de la vida del cuerpo humano. Y dado que este proceso vital, a pesar de conducirnos en un progreso rectilíneo de declive desde el nacimiento a la muerte, es en sí mismo circular, la propia actividad de la labor debe seguir el ciclo de la vida, el movimiento circular de nuestras funciones corporales, lo que significa que la actividad de la labor no conduce nunca a un fin mientras dura la vida; es indefinidamente repetitiva. A diferencia del trabajo, cuyo fin llega cuando el objeto está acabado, listo para ser añadido al mundo común de las cosas y de los objetos, la labor se mueve siempre en el mismo ciclo prescrito por el organismo vivo, y el final de sus fatigas y problemas sólo se da con el fin, es decir, con la muerte del organismo individual. En otras palabras, la labor produce bienes de consumo, y laborar y consumir no son más que dos etapas del siempre recurrente ciclo de la vida biológica. Estas dos etapas del proceso vital se siguen tan exactamente una a otra que casi constituyen uno y el mismo movimiento, que cuando casi ha acabado debe empezar de nuevo. La labor, a diferencia de todas las demás actividades humanas, se halla bajo el signo de la necesidad, de la "necesidad de subsistir" (Locke), de la "eterna necesidad impuesta por la naturaleza" (Marx). De ahí que el auténtico objetivo de la revolución sea, en Marx, no sólo la emancipación de las clases trabajadoras, sino la emancipación del hombre de la labor. Porque "el reino de la libertad empieza solamente donde la labor, determinada por la carencia" y la inmediatez de "las necesidades físicas", acaba (...) El trabajo, como distinto de la labor de nuestro cuerpo, fabrica la pura variedad inacabable de cosas cuya suma total constituye el artificio humano, el mundo en el que vivimos. No son bienes de consumo sino objetos de uso, y su uso no causa su desaparición. Dan al mundo la estabilidad y la solidez sin la cual no se podría confiar en él para albergar esta criatura inestable y mortal que es el hombre.

H. ARENDT, De la historia a la acción. Ed. Paidós, 1995.

FILOSOFÍA EVAPORADA

Cuando aún no se había encontrado una utilidad a los números complejos, la gente pensaba en ellos como si se tratara de un problema filosófico. Esto significaba que había que revestirlos de algún significado profundo y trascendente (...) Para los filósofos no hay nada mejor que una idea oscura y misteriosa que realmente a nadie le preocupa y tampoco nadie puede comprobar. La razón de esta preferencia es que tienen mucho espacio para lanzar argumentaciones inteligentes. Sin embargo, cuando algo llega a ser realmente útil, la mayoría de la gente deja de hablar de filosofía y, en vez de eso, pone manos a la obra. Ya no les importa cuál puede ser la esencia filosófica profunda del nuevo artilugio; desean sencillamente aprovecharlo para producir en profusión tantos resultados como sea posible en un tiempo mínimo (...) Esto es exactamente lo que les pasó a los números complejos entre 1825 y 1850. Los matemáticos descubrieron el análisis de variable compleja, es decir, cómo hacer cálculo infinitesimal con números complejos. Además, esto resultó ser un instrumento tan potente que habría sido tremendamente embarazoso si algún filósofo con ingenio, pero imprudente, hubiera demostrado que los números complejos en realidad no existen. Las preguntas filosóficas pueden ser a veces simplemente excusas para no avanzar en la tarea de desarrollar una idea difícil. De la noche a la mañana el concepto de número complejo se convirtió en algo tan práctico que ningún matemático que estuviera en su sano juicio podía ignorarlo. De esta manera la pregunta se fue convirtiendo poco a poco en "¿Qué se puede hacer con los números complejos?", y la pregunta filosófica... se evaporó (...) Existen otros casos de este tipo en matemáticas, pero quizá ninguno que haya sido más claro que éste. A medida que el tiempo pasa, la visión cultural del mundo cambia. Lo que una generación considera un problema o una solución, no tiene la misma interpretación para la gente de otra generación. Hoy en día, cuando los números "reales" no se consideran menos abstractos que muchos otros conjuntos de números, incluido el de los números complejos, es difícil de entender la manera tan diferente en que veían todo esto nuestros antepasados. Estaría bien que tuviéramos esto presente cuando reflexionamos acerca del desarrollo de las matemáticas. Contemplar la historia únicamente desde el punto de vista de la generación actual es exponerse a la distorsión y a las falsas interpretaciones.

IAN STEWART, De aquí al infinito. Ed. Crítica, 1998.

viernes, mayo 12, 2006

DESCARTES

Y ahí lo tenemos, a los 32 años, ante el desmesurado problema de instituir un método universal. Pero es una tarea de tal magnitud que, pese a toda la seguridad y confianza en sí mismo bien justificada por los brillantísimos éxitos en matemática, continúa siendo una aventura en la que se encuentra comprometido todo su porvenir. Es importante que la mente que debe dedicar todos sus esfuerzos a este tema fundamental se vea desligada de las obligaciones del mundo, preservada de las preocupaciones y de las molestias que pueden crearle autoridades de todas clases, incluso al más aislado y meditativo de los seres. Descartes se crea una política de prudencia, de reserva y de retiro, hasta de desconfianza con respecto a los hombres. Con respecto a sí mismo, se exhorta a la renuncia; se prohíbe desear; quiere convencerse de que lo único que posee son sus pensamientos; y finalmente toma la decisión de ir a vivir a Holanda, cuya lengua desconoce y donde solamente mantendrá las relaciones que haya deseado y creado, entre gentes que se ocupan de mercadear y que "se preocupan más de sus propios asuntos que de curiosear en los ajenos". Se pone de una vez por todas en guardia contra todo aquello que pueda distraerle de su objetivo; estará en regla con las leyes, será respetuoso con las costumbres, con la religión, con la opinión y con las opiniones, reservándose el cambiar las suyas según su humor y según las circunstancias. O sea probabilismo, o en la jerga moderna: conformismo y oportunismo. Se crea una buena conducta gracias a la cual podrá desarrollar su abstracta temeridad. No todo el mundo está de acuerdo sobre la conducta que debe mantener un "hombre de ideas" con respecto al entorno social que le rodea, le tienta, le persigue y le solicita. La vanidad ataca su orgullo. Los placeres corrompen sus delicias internas. Las necesidades materiales atraviesan sus pensamientos con sus preocupaciones quitándole fuerzas y tiempo. El poder y los partidos sólo pueden verlo como un ser peligroso, o inútil, o utilizable, pues no son capaces de ver a las personas de otra manera. En suma el instinto de proseguir una obra larga y rigurosa de la mente se ve necesariamente contrariado por todo aquello que hace que un hombre no sea solamente espíritu ni pueda alimentarse sólo de espíritu. Pero sucede a veces que esas contrariedades engendran en ese mismo espíritu poderes o destellos inesperados. El accidente exterior excita en ocasiones algún acontecimiento accidental íntimo que será lo que llamamos un "rasgo de genio", de suerte que finalmente hay que aceptar que todo ha sido para bien, incluso en el peor de los mundos.

PAUL VALÉRY, Estudios filosóficos. Ed. Visor, 1993.

MITOLOGÍA DEL ESPIONAJE

Durante la Segunda Guerra Mundial desencadenó Goebbels en Alemania una ofensiva de propaganda, bajo el lema: "¡Atención! ¡El enemigo nos escucha!". En todas las paredes y columnas anunciadoras aparecía un negro sobre fondo amarillo. Esta figura es el fantasma del espionaje. Es conjurado con tanta mayor vehemencia cuanto menos realidad posee. En ninguna guerra moderna jugaron el espionaje o la traición de secretos, papel decisivo alguno. Hitler no debió su derrota a cestos de papeles registrados ni a cuartillas escritas con letra invisible. Mata Hari y los correos secretos de OrienteExpress pertenecen al imperio del folletín político. La leyenda tradicional del espionaje asimila gustosamente las ideas fijas del tabú oficial, las populariza y las hace plausibles. En este sentido el espionaje sólo tiene una función mitológica: sirve para conservar el tabú del secreto de Estado en política interior (...) Con la labor que prestan los servicios de información de las grandes potencias, no tiene ya nada que hacer. Esta labor forma parte de la rutina militar corriente, siendo, en cierto modo, una cuarta fuerza. De modo sistemático, se desenvuelve en un ambiente de extrema objetividad. Los adversarios se atienen a ciertas reglas de juego, de suerte que se puede hablar de un concierto con los servicios enemigos, con los cuales, por supuesto, están en constante contacto. Así, por ejemplo, se hacen prisioneros y a la primera y más favorable oportunidad se los intercambia. Faltan rasgos histéricos, cuando no paranoicos. Se trata de una profesión normal, perfectamente acreditada; de ordinario los dirigentes de estos departamentos de Información, de Defensa y de Planificación están firmemente convencidos de que sus mancomunados esfuerzos sirven única y exclusivamente para la consecución de la paz. Los datos de primera mano que se utilizan, proceden casi exclusivamente de dos fuentes: en primer lugar, de la vía de información corriente e interior de una moderna sociedad, la cual no puede ser interceptada sin riesgo mortal para la propia parte interesada, y en segundo lugar, de los datos obtenidos de la observación tecnológica del adversario mediante reconocimiento con aviones y radares (...) A ello corresponde la labor de rutina de los expertos que han reemplazado a los espías con gafas negras: se trata principalmente de matemáticos, estadísticos, teóricos del juego y demás especialistas en la manipulación de datos. En su sistemático trabajo no hay lugar para el concepto del secreto: cada parte sabe no sólo con toda exactitud todo lo referente al enemigo, sino también que dicho conocimiento se basa en la reciprocidad (...) Esta estrategia está en perfecto acuerdo con los teoremas pacifistas extremos; su eficacia se basa en que el secreto es eliminado.

HANS M. ENZENSBERGER, Política y delito. Ed. Anagrama, 1987.

jueves, mayo 11, 2006

AFORISMOS A LAS 3 AM

-La capacidad de alegría se atrofia cuando uno quiere ser igual que los otros.
-La venganza del inferior contra el superior tiende siempre a lo más extremo, a la aniquilación: únicamente así puede eliminar el contragolpe.
-Un corazón valiente y alegre necesita de vez en cuando un poco de peligro, de lo contrario el mundo se le hace insoportable.
-Los hombres corren detrás de quien sabe convencerlos de que han perdido su camino; tanto es lo que los halaga oír que tienen un camino.
-Sólo se es fecundo al precio de ser rico en antítesis.
-Lo que nosotros sabemos de nosotros mismos y conservamos en las memoria no es tan decisivo como se cree para la felicidad de nuestra vida. Un día nos cae encima lo que otros saben (o creen saber) de nosotros -y entonces nos damos cuenta de que eso tiene más poder. Nos resulta más fácil arreglárnoslas con nuestra mala conciencia que con nuestra mala reputación.
-Algunos maridos han sollozado porque les raptaron sus mujeres; los más, porque nadie ha querido raptárselas.
-No quedar adherido a nadie: aunque sea la persona más amada -toda persona es una cárcel y, también, un rincón.
-La inactividad de los "activos". No conocen la razón por la que trabajan,pierden, sin sentido, su vita: les falta actividad superior, la individual, piensan como funcionarios, como comerciantes, pero son inactivos en cuanto seres humanos únicos.
-No son pocas las personas que, para mantener su propia estima y una cierta capacidad de acción, necesitan completamente rebajar y denigrar en su imaginación a todos sus conocidos. Puesto que todos nosotros sacamos ventaja de esa capacidad, hemos de aprobar, por las buenas o por las malas, su instrumento necesario: la envidia y la denigración.
-En todas las instituciones en las que no penetra el aire cortante de la crítica pública crece como los hongos una corrupción no culpable (es decir, por ejemplo, en los cuerpos y organismos universitarios).
-En moral exigimos a todo el mundo la teoría más rigurosa.
-En los momentos difíciles las personas buenas no tienen escrúpulos.
-El que odia o desprecia la sangre extraña no es aún un individuo, sino una especie de protoplasma humano.
-Tratar a todos con igual benevolencia y ser bondadosos sin acepción de personas puede ser tanto el resultado de un profundo desprecio a los hombres como el resultado de un radical amor a ellos.
-Poner en guardia a los demás contra mí mismo.
-Las personas no se avergüenzan de pensar cosas sucias, pero sí cuando se imaginan que se las cree capaces de tener esos pensamientos sucios.
-No deberíamos hablar de nuestros amigos: de lo contrario estropearemos, a fuerza de hablar de ellos, el sentido de la amistad.
-El estado genial de una persona es aquel en que, con respecto a una y la misma cosa, se encuentra simultáneamente en estado de amor y en estado de burla.
-Quien ve mal, siempre ve algo de menos; quien oye mal, siempre oye algo de más.
-Ningún vencedor cree en el azar.
-Ser compasivas, burlonas y seductoras con un solo timbre de voz -de eso sólo entienden las mujeres.
-El tratamiento de "señor" muestra que a todos los seres humanos los halaga la sumisión y que ante todo quieren que se los tenga por orgullosos y dominadores.
-Muchos maridos no están en absoluto descontentos del adulterio de sus mujeres, si así se liberan de ellas sin gastos.
-En la soledad el solitario se devora a sí mismo; en la muchedumbre lo devoran los muchos. Elige, pues.
-En las fiestas patrióticas también los espectadores forman parte de los comediantes.
-Un hombre de Estado divide a los seres humanos en dos especies, primero instrumentos, segundo enemigos. Propiamente no hay para él, por tanto, más que una especie de seres humanos: enemigos.
-¡Una obra encantadora! Pero qué insoportable resulta que su creador esté siempre recordándonos que es su obra. ¿Es que no sabe que "el padre" es siempre un personaje cómico?.

F. NIETZSCHE, Aforismos. Ed. Edhasa, 2002.

CINISMO SEÑORIAL

También la libertad de las prepotencias es una libertad doble. Comprende, en primer lugar, los privilegios y libertades señoriales que van unidos a la misma prepotencia. No es ninguna insolencia tomarse estas libertades y sólo hay que tener un cierto sentido del tacto para no hacerlo de una manera ostentosa. La mayoría de los antiguos Seigneurs no han hecho uso, por ejemplo, del derecho del feudalismo sexual, del "derecho de pernada de la primera noche" con las novias de los siervos, y la high life de los millonarios de hoy día se oculta discretamente detrás de fachadas de clases medias o en círculos sociales cerrados.
Pero también en los poderosos existe algo equiparable a las medias libertades. Tales, por regla general, son las que se toman sólo bajo presión, ya que con ello se manifiestan a la conciencia enemiga. La conciencia señorial conoce su insolencia específica: el cinismo señorial en el sentido moderno de la palabra, a diferencia de la ofensiva quínica. El quinismo antiguo, el primario, el agresivo, fue una antítesis plebeya contra el idealismo. El cinismo moderno, por el contrario, es la antítesis contra el idealismo propio como ideología y como mascarada. El señor cínico alza ligeramente la máscara, sonríe a su débil contrincante y le oprime. C´est la vie. Nobleza obliga. Tiene que haber orden. Las necesidades de hecho van a menudo más allá de la inteligencia de los afectados, ¿no es verdad? ¡Necesidad de poder, necesidad de hecho! La prepotencia airea en sus cinismos un poco de sus secretos, practica una media autoilustración y se va de la lengua. El cinismo señorial es una insolencia que ha cambiado de lado. Ahí no es David quien provoca a Goliath, sino que los Goliaths de todos los tiempos -desde los arrogantes reyes militares asirios hasta la moderna burocracia- enseñan a los Davides, valientes pero sin perspectiva, dónde es arriba y dónde es abajo; cinismo al servicio del Estado (...) Tan pronto como la conciencia de señores con sus cinismos se desenmascara, aunque sea un poco, se manifiesta en la antipotencia. Pero, ¿qué pasa cuando no hay nadie? En sociedades en las que ya no se ofrece ninguna alternativa afectiva moral más y en las que potenciales antipotencias están implicadas en su mayor parte en los aparatos del poder, no hay nadie que pueda rebelarse contra los cinismos de la prepotencia. Cuanto más carente de alternativas aparezca una sociedad moderna tanto más se permitirá el cinismo.

PETER SLOTERDIJK, Crítica de la razón cínica. Ed Taurus, 1989. Hay una nueva edición en Ed. Siruela, 2004.

miércoles, mayo 10, 2006

PROMETEO

¿Cómo distribuir los lugares entre los dioses y los hombres? En este caso la violencia brutal es inconcebible. Los humanos son demasiado débiles, basta un leve golpe para aniquilarlos. Tampoco puede haber acuerdo entre inmortales y mortales como si fueran pares. Por consiguiente, se impone una solución que no sea producto de un exceso de fuerza ni de un acuerdo entre iguales. Para realizar esta operación, necesariamente espuria y arbitraria, Zeus recurre a un personaje llamado Prometeo. La separación de dioses y hombres, la solución de la competencia entre ellos, se realizará de manera por demás extravagante, y Prometeo es el personaje más adecuado para llevarla a cabo. ¿Por qué? En el mundo de los dioses, él ocupa un lugar ambiguo, indefinido, paradójico. Se dice que es un Titán. En realidad es hijo de Jápeto, hermano de Cronos. Por consiguiente, su padre es un Titán. Prometeo no lo es, pero tampoco es un Olímpico, por cuanto no pertenece a su estirpe. Su naturaleza es titánica, como la de su hermano Atlas, que también será castigado por Zeus. Prometeo es un espíritu rebelde, astuto e indisciplinado, siempre dispuesto a criticar. ¿Por qué Zeus recurre a él para resolver este asunto? Porque este Titán que no lo es del todo no combatió con los Titanes contra Zeus. Adoptó una posición neutral, no participó del combate. Algunas leyendas dicen que Prometeo ayudó a Zeus, quien sin los consejos de este bribón astuto jamás hubiera triunfado. En este sentido es un aliado de Zeus. Aliado, pero no partidario: no pertenece al bando de Zeus sino que actúa de manera autónoma, por su cuenta. Zeus y Prometeo comparten muchos rasgos en el plano de la inteligencia y el espíritu. Ambos se caracterizan por un espíritu sutil y perverso, por esa cualidad que Atenea encarnará entre los dioses y Ulises entre los hombres: la astucia. El astuto sale adelante en situaciones que parecen completamente desesperadas, encuentra una salida donde todo está cerrado y, para lograr sus objetivos, no vacila en mentir, tender trampas al adversario, recurrir a todas las artimañas imaginables. Así son Zeus y Prometeo. Poseen esa cualidad en común. Sin embargo, la distancia entre ellos es infinita (...) En pocas palabras, se podría decir que Prometeo expresa la disidencia en el seno del universo ordenado de Zeus (...) Prometeo mantiene una relación de complicidad y connaturalidad con los hombres. Su estado es próximo al de los humanos porque éstos también son criaturas ambiguas que poseen un aspecto divino a la vez que un aspecto de animalidad. En los hombres, como en Prometeo, hay aspectos contradictorios.

JEAN-PIERRE VERNANT, Érase una vez... Ed. F.C.E, 2002.

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HOTEL DE DIOS

Cuando murió, a los 63 años, parecía mucho más viejo, incluso para su época. La bebida, las deudas, la muerte de muchos de sus seres queridos a causa de la peste podrían explicar los estragos sufridos. Pero los autorretratos apuntan algo más. En su madurez le tocó vivir un clima de fanatismo económico y de indiferencia, un clima, por otro lado, no muy distinto del que se vive hoy. Ya no era posible limitarse a copiar lo humano, como en el Renacimiento; lo humano ya no era evidente: había que buscarlo en la oscuridad. Rembrandt era un hombre obstinado, dogmático, astuto, capaz de cierta crueldad. No hagamos de él un santo. Pero buscaba una manera de salir de esa oscuridad.
Dibujaba porque le gustaba. Era una forma de recordarse diariamente lo que le rodeaba. La pintura -sobre todo en la segunda mitad de su vida- era para él algo distinto: pintando intentaba encontrar una salida de la oscuridad. Tal vez, la extraordinaria lucidez de los dibujos nos ha impedido ver la manera en que pintaba realmente (...) Los hospitales públicos, que como institución se originan en la Edad Media, se llamaban en Francia Hotels-Dieu. Eran lugares donde se daba techo y asistencia en el nombre de Dios a los enfermos o a los moribundos. Pero cuidado con idealizar. Durante la peste, el Hotel-Dieu de París estaba tan atestado que cada cama "la ocupaban tres personas: una enferma, una agonizante y otra muerta". Pero el término Hotel-Dieu, interpretado de otra forma, puede ayudarnos a explicar su pintura (...) Lo que encontraban los cirujanos en las disecciones de los cuerpos era una cosa. Otra muy distinta lo que él buscaba. Hotel-Dieu también puede significar en francés un cuerpo en el que reside Dios. En sus últimos autorretratos, tan inefables y terribles, parece que mientras contemplaba su propia cara estuviera esperando a Dios, pese a saber perfectamente que Dios es invisible. Cuando pintaba libremente a aquellos a los que amaba o imaginaba a aquellos de quienes se sentía próximo, intentaba entrar en su espacio corpóreo en ese preciso momento; intentaba entrar en su Hotel-Dieu, y encontrar así la salida de la oscuridad (...) Para Rembrandt, el abrazo era sinónimo del acto de pintar, y las dos cosas rozaban casi la oración.

JOHN BERGER, El tamaño de una bolsa. Ed. Taurus, 2004.

BENJAMIN (1892-1940)

Según Goethe, la primera de todas las cualidades es la atención. Sin embargo, ésta comparte su primacía con la costumbre, que le disputa el terreno desde el primer día. Toda atención debe desembocar en costumbre para no hacer estallar al hombre, toda costumbre debe ser alterada por la atención para no paralizarlo. La atención y el acostumbramiento, el escandalizarse y el aceptar, son la cresta y el valle de la ola en el mar del espíritu. Pero este mar tiene sus momentos de calma. No caben dudas de que alguien que se concentra totalmente en un pensamiento tortuoso, en un dolor y sus puntadas, puede caer en manos de un sonido débil, de un murmullo, del vuelo de un insecto que un oído más atento y más fino tal vez ni siquiera hubiera percibido. El espíritu, así se cree, se deja distraer más fácilmente cuanto más concentrado esté. Pero esta escucha atenta ¿no es más bien el despliegue extremo de la atención y no su pérdida, no es el momento en que de su seno parte la costumbre? Este silbido o zumbido es un umbral y, sin que nos demos cuenta, el espíritu lo ha atravesado. Y pareciera que ahora no quiere volver nunca más al mundo habitual, ahora vive en uno nuevo donde el dolor le da alojamiento. La atención y el dolor se complementan. Pero también la costumbre tiene un complemento, cuyo umbral atravesamos en el sueño. Porque lo que nos pasa en sueños es un descubrimiento nuevo y singular que parte del seno de la costumbre. Las vivencias cotidianas, los discursos triviales, el sedimento que nos quedó en la vista, el latido de nuestra propia sangre, esto que antes no notábamos, convierte al material, distorsionado y extremadamente nítido, en sueño. No hay asombro en el sueño ni olvido en el dolor porque ambos ya llevan su contrario en sí, así como la cresta y el valle de la ola se funden en los momentos de calma.

WALTER BENJAMIN, Cuadros de un pensamiento. Ed. Imago Mundi, 1992.

martes, mayo 09, 2006

UBICUIDAD

Borges rara vez se presenta en sus relatos como el que inventa una historia; su función, más bien, consiste siempre en recibirla de otro, en escucharla o leerla, como si el primer paso para contar una historia fuera ser su destinatario. La narración no implica una progenitura sino una especie de adopción providencial y tardía, secundaria, que no sólo se hace cargo de una historia ajena sino que preserva, también, todo lo que en ella delata que es ajena (las huellas de sus autores, las marcas que las circunstancias imprimieron en ella). A lo largo de su obra, Borges nunca deja de volver a esta suerte de escena primordial donde se decide cómo nace una narración (de dónde, en qué marco, en qué circunstancias) y qué clase de figura es la que tiene a su cargo narrarla. Si algo puede decirse del narrador borgeano es que en principio no tiene nada propio. Ni capital de experiencia, ni capacidad de invención, ni poder generativo: nada de lo que suele volver apetecible la imagen de un escritor. A lo sumo tiene cierta ubicuidad, que le permite estar en el lugar y el momento justos para interceptar la trayectoria de una historia y apoderarse de ella. El artista borgeano no es padre ni demiurgo; su épica es más modesta, más astuta, infinitamente más contemporánea: es la épica del transmisor, el propagador, el contrabandista, el que, excluido de la órbita de la propiedad, se aboca a trabajar con lo que hay.

ALAN PAULS, El factor Borges. Ed. Anagrama, 2004.

BOVARISMO

Una de las escenas más famosas de la historia de la filosofía es un efecto del poder de la literatura. Nietzsche al ver como un cochero castigaba brutalmente a un caballo caído, se abraza llorando al cuello del animal y lo besa. Fue en Turín, el 3 de enero de 1888, y esa fecha marca, en un sentido, el fin de la filosofía: con ese hecho empieza la llamada locura de Nietzsche que, como el suicidio de Sócrates, es un acontecimiento inolvidable en la historia de la razón occidental. Lo increíble es que la escena es una repetición literal de una situación de Crimen y Castigo de Dostoievski en la que Raskolnikov sueña con unos campesinos borrachos que golpean un caballo hasta matarlo. Dominado por la compasión Raskolnikov se abraza al cuello del animal caído y lo besa. Nadie parece haber reparado en el bovarismo de Nietzsche que repite una escena leída. (La teoría del Eterno Retorno puede ser vista como una descripción del efecto de memoria falsa que produce la lectura.)

RICARDO PIGLIA, Crítica y ficción. Ed. Seix Barral, 2000.

HOMBRE EN PELIGRO

Habría que preguntarse porqué la palabra "locura", incluso en Foucault, ha conservado un potencial de enigma tan considerable. Al menos en dos ocasiones Foucault se reprochará el haberse dejado seducir por la idea de que hay una profundidad de la locura, de que ésta constituiría una experiencia fundamental que se sitúa fuera de la historia y de la que los poetas (los artistas) han sido y pueden ser todavía los testigos, las víctimas o los héroes. Si esto fue un error, le ha sido beneficioso, en la medida en que, gracias a él (y a Nietzsche), tomó conciencia de su poca afición a la noción de profundidad, del mismo modo que perseguirá, en los discursos, los sentidos ocultos, los secretos fascinantes, es decir los dobles y triples fondos del sentido, de los que es cierto que no se puede llegar hasta el final más que descalificando el sentido mismo, así como, en las palabras, el significado, e incluso el significante.
Llegados a este punto, diré que Foucault, que en una ocasión se proclamó provocativamente un "optimista feliz", fue un hombre en peligro y que, sin hacer alarde de ello, tuvo una percepción aguda de los peligros a los que estamos expuestos, esforzándose por distinguir entre los más amenazadores y aquellos con los que podemos contemporizar. De ahí la importancia que tuvo para él la noción de estrategia, y de ahí que terminara especulando con el pensamiento de modo que hubiera podido, si el azar lo hubiera decidido así, convertirse en un hombre de Estado (un consejero político), lo mismo que en un escritor -término éste que él siempre rechazó con más o menos vehemencia y sinceridad- o en un filósofo puro, o en un trabajador sin cualificación, es decir, en un cualquiera.
En cualquier caso, un hombre de acción, solitario, secreto y que, precisamente por eso, desconfía del prestigio de la interioridad, se defiende de las trampas de la subjetividad, buscando dónde y cómo es posible un discurso de superficie, espejeante, pero sin espejismos, un discurso que no es ajeno, como se ha pretendido, a la búsqueda de la verdad, pero que pone de manifiesto (entre otras muchas cosas) los peligros de esta búsqueda y sus ambiguas relaciones con los distintos dispositivos del poder.

MAURICE BLANCHOT, Michel Foucault tal como yo lo imagino. Ed. Pre-Textos, 1988.

lunes, mayo 08, 2006

DE LA GUERRA

Es deber intelectual proclamar la imposibilidad de la guerra. Aunque no hubiera solución posible. A lo sumo, recordar que nuestro siglo ha conocido una excelente alternativa a la guerra, es decir, la guerra "fría". Ocasión de horrores, injusticias, intolerancias, conflictos locales, terror difuso, la historia al final deberá admitir que ha sido una solución muy humana y porcentualmente blanda, que ha visto incluso vencedores y vencidos. Pero no es competencia de la función intelectual declarar guerras frías.
Lo que algunos han interpretado como el silencio de los intelectuales sobre la guerra ha sido, quizá, el temor de hablar de ella en caliente a través de los medios de comunicación, por el simple hecho de que los medios de comunicación forman parte de la guerra y de sus instrumentos, y, por lo tanto, es peligroso considerarlos territorio neutral. Además, los medios de comunicación tienen tiempos diferentes de los de la reflexión. La función intelectual se ejerce siempre con adelanto (sobre lo que podría suceder) o con retraso (sobre lo que ha sucedido); raramente sobre lo que está sucediendo, por razones de ritmo, porque los acontecimientos son siempre más rápidos y acuciantes que la reflexión sobre los acontecimientos. Por eso Cosimo Piovasco di Rondó vivía encaramado a los árboles: no para sustraerse al deber intelectual de entender el propio tiempo y participar en él, sino para entenderlo y participar mejor.
Ahora bien, aun cuando elige espacios de silencio táctico, la reflexión sobre la guerra requiere al fin que este silencio se manifieste en voz alta. Con la conciencia de las contradicciones de una proclamación del silencio, del poder persuasivo de un acto de impotencia, del hecho de que el ejercicio de la reflexión no exime de la asunción de responsabilidades individuales. Pero el primer deber es decir que la guerra hoy anula toda iniciativa humana, e incluso que su misma finalidad aparente (y la victoria aparente de alguien) no puede detener el juego, a estas alturas autónomo, de pesos enredados en su misma red. Porque un peso "cuando es un peso, pende, y lo que pende depende... y aun quiere bajar, porque el próximo punto supera por lo bajo al que cada vez suspende... El peso no puede ser persuadido" (Michelstaedter).
Este descenso no puede justificarse, porque -en términos de derechos de la especie- es peor que un delito: es un despilfarro inútil.

UMBERTO ECO, Cinco escritos morales. Ed. Lumen, 1998.

RIESGOS

Tanto para la diferenciación riesgo/seguridad como para la de riesgo/peligro vale la siguiente tesis: no hay ninguna conducta exenta de riesgo. Para la primera de las formas se afirma: no hay ninguna conducta exenta de riesgo. Para la segunda: no se pueden evitar los riesgos cuando se decide algo. Se puede calcular como uno quiera y en ocasiones conseguir resultados muy valiosos. Sin embargo, estos no pasan de ser meras ayudas a la decisión. Lo cual significa que cuando se toman decisiones los riesgos no se pueden evitar. Y, por supuesto, en el mundo moderno el no decidir también es una decisión.
Ante la inexistencia de decisiones exentas de riesgo, conviene abandonar la esperanza (que un observador de primer orden alimenta constantemente) de que un mayor número de investigaciones y estudios sobre el riesgo, puedan neutralizarlo en favor de un mayor nivel de seguridad. La experiencia muestra lo contrario: conforme más racionalmente se calcula y más complejo se hace el proceso de cálculo, mayor es el número de facetas en las que reina la incertidumbre del futuro y, por ende, del riesgo. Visto así, no es casualidad que la perspectiva del riesgo se haya desarrollado en paralelidad con la diferenciación de la ciencia. La moderna sociedad del riesgo no es sólo resultado de la percepción de las consecuencias de realizaciones técnicas. Ella también está edificada sobre la expansión de la investigación y el conocimiento.

NIKLAS LUHMANN, Sociología del riesgo. Universidad Iberoamericana, 1992.

TITANISMO

¿Para qué poetas? Eso llenaba de consternación a Hölderlin. Quien continúa siendo indispensable es el filósofo; a él le toca afianzar a la persona singular en su rango propio, en ese rango que no podrá arrebatarle ningún siglo, tampoco el tremendo que está al llegar con sus amenazas. Cada uno de los siglos tiene su propia forma de ataque -el XVIII, la subordinación, el XIX, la proletarización, el XX, la numerificación. En el próximo la persona singular habrá de decidir si se entrega o no se entrega completamente al titanismo, pese a que participar en él es algo que no sólo entraña peligros, sino que produce fascinación. Resulta especialmente difícil contestar a esa pregunta en unos tiempos en que se ha vuelto absurda la teodicea. Ya están planteándose ciertas cuestiones previas. Lo que las distingue es que no forman parte de los ritos usuales en los Parlamentos y en los Estados y que tampoco pueden ser solventadas por el derecho y ni siquiera por la moral. El anhelo de encontrar un buen maestro es algo que va adquiriendo primacía a medida que lo que puede sacarse de las universidades es cada vez menos, aparte del know how técnico. A un buen maestro acuden en tropel las gentes, aunque resida en el Himalaya.
También en esto hay que hacer una salvedad: la técnica, en especial la técnica de la física y de la biología, ha alcanzado entretanto un nivel que la acerca a la trascendencia. El hombre que considere importante "saber lo que la tierra quiere" hará bien, por tanto, en asomarse a esos sectores. En ellos echará en falta menos cosas que en los pensadores, los cuales están casi siempre inficionados de política; y, además, "no se sale del tema". También hay que prevenir de los historiadores; se envilecen hasta el punto de convertirse en meros peones y cómplices del periodismo.

ERNST JÜNGER, La tijera. Ed. Tusquets, 1997.

sábado, mayo 06, 2006

IRONÍA

... la salud de Freud hacía frente a la tensión con valentía; se veía sin embargo condenado a la pasividad, que él detestaba. Para pasar el tiempo, mientras aguardaba que los nuevos dueños del poder aprendieran su oficio y pusieran fin a sus tropelías, clasificó y ordenó sus libros, sus antigüedades, sus papeles. Se desembarazó de títulos que no le interesaban, e intentó tirar cartas y documentos, aunque Marie Bonaparte y Anna Freud lograron rescatar algunas para la posteridad, recogiéndolas del cesto de los papeles (...) Incluso halló energía para dedicarse un poco a dar algunos toques a su Moisés y la religión monoteísta. El 6 de mayo, el embajador Wilson informó al secretario de Estado, desde Berlín, que el funcionario de la Gestapo a cargo del caso Freud no veía más que un obstáculo para la partida: el arreglo de las deudas de Freud con su editor. Pero ese único asunto ocupó más tiempo de lo que se esperaba. Tres días más tarde, le escribió a su hijo Ernst que " el vigor juvenil y la energía optimista de Anna, afortunadamente, no se han visto conmovidos. De no ser así, habría sido difícil incluso soportar la vida". Volviendo a una antigua preocupación, añadió un comentario sobre las diferencias entre hombres y mujeres: " En general, las mujeres resisten mejor que los hombres". En ese momento Freud ya había aceptado por completo la idea de emigrar (...) El trabajo, aunque fuera poco trabajo, seguía siendo para Freud la mejor de las defensas contra la desesperación. Su sentido sarcástico del humor, por otra parte, no lo había abandonado por completo. Inmediatamente antes de dejarlo salir, las autoridades insistieron en que firmara una declaración dejando bien claro que no se le había sometido a ningún tipo de malos tratos. Freud lo hizo, añadiendo un comentario: "Puedo darles a todos las más altas recomendaciones de la Gestapo" ("Ich kann die Gestapo jederman auf das beste empfehlen"). Se trata de algo curioso que invita a hacer especulaciones. Freud tuvo la suerte de que los hombres de las SS que leyeron su recomendación no advirtieran la ironía oculta. Nada habría sido más natural que considerar ofensivas sus palabras. ¿Por qué, entonces, en el momento de la liberación, corrió conscientemente ese riesgo mortal? ¿Actuaba algo en Freud que lo empujaba a permanecer, y morir, en Viena? Fuera cual fuere la razón profunda, su "elogio" de la Gestapo fue el último desafío de Freud en suelo austríaco.

PETER GAY, Freud. Una vida de nuestro tiempo. Ed. Paidós, 1989.

PESCADO INVISIBLE

El año 1977 empezó con la noticia de la separación de Invisible y el rumor de que "Las golondrinas de Plaza de Mayo" no podía difundirse por la radio: era una de las tantas canciones prohibidas por los militares, que empezaban a intensificar los controles sobre los medios y las industrias culturales. Unas semanas antes, el nombre de Spinetta había figurado en la planilla de músicos nacionales y extranjeros que el capitán de navío Adanoli, interventor de (radio) El Mundo, Mitre y Antártida, ordenaba no difundir. Lo que pocos supieron en ese momento fue que Spinetta acababa de ser detenido "por averiguación de antecedentes". Se trató de una detención menor, pero de una transitoriedad suficiente como para que el músico experimentara la represión en uno de sus aspectos más siniestros. En el calabozo donde Luis pasó un par de horas, un grafitti en la pared reproducía la letra entera de "Cementerio Club", del disco Artaud. Al descubrirlo, a Spinetta se le heló la sangre. Y lloró por el destino de aquel chico desconocido, aquel oyente de Pescado Rabioso. ¿Qué había sido de él? ¿Estaría de regreso en su casa, escuchando música? ¿O habría sido derivado a otra comisaría, o silenciado sin explicaciones, sin pistas? Hasta ese momento, Spinetta no había sentido tan directamente los efectos de la represión ilegal. Tenía noticias de gente desaparecida, de que el nombre de Tommy figuraba en listas negras y de que varios amigos de su baterista Pomo ya habían sido chupados por los militares. Pero a medida que avanzaba el año, entre disoluciones, listas negras y experiencias como la de aquella detención, el mundo se iba ensombreciendo cada vez más.
"Cementerio Club": aquella letra se había vuelto folklore, pero en un sentido diferente del de los libros de antropología, porque esta vez, anónimo era el oyente, no el músico. No sólo eran blancos los estudiantes imaginados por (el ministro de educación) Bruera: también los detenidos que anotaban letras de Spinetta en las paredes de las cárceles. En los próximos años Pescado Rabioso figuraría entre los nombres borrados de las programaciones radiales. Rezarían las listas del Comfer: "Pescado Rabioso. Grupo musical prohibido".

SERGIO PUJOL, Rock y dictadura. Ed. Emecé, 2005.

HOSPITAL GENERAL

1656: decreto de fundación, en París, del Hospital General. A primera vista, se trata solamente de una reforma, o apenas de una reorganización administrativa. Diversos establecimientos ya existentes son agrupados bajo una administración única (...) Todos son afectados ahora al servicio de los pobres de París "de todos los sexos, lugares y edades, de cualquier calidad y nacimiento, y en cualquier estado en que se encuentren, válidos o inválidos, enfermos o convalecientes, curables o incurables". Se trata de acoger, hospedar y alimentar a aquellos que se presenten por sí mismos, o aquellos que sean enviados allí por autoridad real o judicial; es preciso también vigilar la subsistencia, el cuidado, el orden general de aquellos que no han podido encontrar lugar, aunque podrían o merecerían estar. Estos cuidados se confían a directores nombrados de por vida, que ejercen sus poderes no solamente en las construcciones del hospital, sino en toda la ciudad de París, sobre aquellos individuos que caen bajo su juridiccción. "Tienen todo poder de autoridad, de dirección, de administración, de comercio, de policía, de juridicción, de corrección y de sanción, sobre todos los pobres de París, tanto dentro como fuera del Hospital General" (...) Desde luego un hecho está claro: el Hospital General no es un establecimiento médico. Es más bien una estructura semijurídica, una especie de entidad administrativa, que al lado de los poderes de antemano constituidos y fuera de los tribunales, decide, juzga y ejecuta. "Para ese efecto los directores tendrán estacas y argollas de suplicio, prisiones y mazmorras, en el dicho hospital y lugares que de él dependan, como ellos lo juzguen conveniente, sin que se puedan apelar las ordenanzas que serán redactadas por los directores para el interior de dicho hospital; en cuanto a aquellas que dicten para el exterior, serán ejecutadas según su forma y tenor, no obstante que existan cualesquiera oposiciones o apelaciones hechas o por hacer, y sin perjuicio de ellas, no obstante todas las defensas y parcialidades, las órdenes no serán diferidas." Soberanía casi absoluta, juridicción sin apelación, derecho de ejecución contra el cual nada puede hacerse valer; el Hospital General es un extraño poder que el rey establece entre la policía y la justicia, en los límites de la ley; es el tercer orden de la represión. Los alienados que Pinel encontrará en Bicetre y en la Salpetriere, pertenecen a este mundo. En su funcionamiento, o en su objeto, el Hospital General no tiene relación con ninguna idea médica. Es una instancia del orden, del orden monárquico y burgués que se organiza en Francia en esta misma época.

MICHEL FOUCAULT, Historia de la locura en la época clásica. Ed. F.C.E, 1990.

viernes, mayo 05, 2006

HOSPITALIDAD

El rescate del material humano sobrante del Tercer Reich trajo aparejado el problema de encontrar trabajo para los recién llegados, que en una gran cantidad de casos eran oficiales SS sin conocimientos profesionales o experiencia previa en el mundo laboral. En 1950 por lo tanto, Carlos Fuldner constituyó la Compañía Argentina para Proyectos y Realizaciones Industriales (CAPRI). Nacida bajo la inspiración de Ludwig Freude (...) el directorio incluía entre sus miembros al ex espía nazi y amigo de Perón, August Siebrecht. El hecho de que CAPRI era una bolsa de trabajo para nazis desocupados era tan conocido en la comunidad alemana que se la rebautizó como la Compañía Alemana Para Recién Inmigrados (...) La compañía tenía sus oficinas en la avenida Córdoba 374, junto con la institución bancaria Fuldner y Compañía, que atendía en el quinto piso del edificio. Actuaba en el ámbito del ente estatal Agua y Energía Eléctrica bajo un decreto regulatorio del año 1947. Hasta 1955 se dedicó al estudio del curso de ríos en la provincia de Tucumán (...) bajo una adjudicación ganada por Fuldner dentro del plan quinquenal peronista. A CAPRI se unió también Carlos Schulz tras perder su puesto como edecán del coronel Domingo Mercante. Schulz organizó el trabajo de campo en Tucumán, proveyendo a sus empleados de documentos de identidad "CAPRI" firmados por el jefe de policía de la provincia, una ocurrencia ingeniosa que facilitó luego la obtención de documentos oficiales argentinos para varios fugitivos. Schultz organizó también la sucursal de CAPRI en el pueblo abandonado de Cadillal, a 32 km. de la ciudad de Tucumán, abriendo una casilla de correo allí donde llegaban las cédulas de identidad obtenidas para los alemanes, incluyendo una a nombre de Ricardo Klement, el alias tras el cual se escudaba la siniestra figura de Adolf Eichmann, ordenador del transporte de judíos a los campos de concentración del nazismo durante la guerra.
El mismo Perón durante sus años de exilio en Madrid admitió a quien quisiera preguntarle su relación personal con criminales nazis fugitivos en la Argentina. Así, la mañana del 9 de septiembre de 1970 relataba con entusiasmo al periodista argentino Tomás Eloy Martínez cómo durante su segundo gobierno "un especialista en genética... solía visitarlo en la residencia presidencial de Olivos, entreteniéndolo con el relato de sus maravillosos descubrimientos." (...) El periodista preguntó si recordaba el nombre del "geneticista" (...) "se llamaba Gregor. Doctor Gregor." La hospitalidad del presidente se extendía desde criminales adinerados y bien protegidos por la comunidad alemana local tales como el doctor Josef Mengele de Auschwitz, pues tal era el hombre que se escudaba tras el alias de Helmut Gregor, hasta ignotos ex miembros de las SS que debían ganarse la vida como obreros de la construcción en la quinta de Olivos y que, como Mengele, habían ingresado al país con papeles falsos (...) Para el año 1950 muchos de los espías de la red nazi trabajaban para el gobierno, los expertos en radiocomunicaciones hallaron que sus habilidades eran tenidas en alta estima por los militares argentinos.

UKI GOÑI, Perón y los alemanes. Ed. Sudamericana, 1998.

HOTELES

Es una suerte que los hoteles modernos simplifiquen el asunto. Por ejemplo, en contraste con la ciudad de La Paz está el hotel Europa. Internacional, moderno. Con su decoración teatral, con sus empleados con uniformes de opereta que obsequian con amabilidad a quien cruza por la puerta con aire de tener con qué pagar... ¿quién no se siente un señor, sin seguir ninguna regla complicada? La falta de tacto es excentricidad. Aunque junta gente como otros internados, no pertenece a la letra C (cárcel, cuartel, colegio, campamento, casa de prostitución, campo de concentración, crucero marítimo). Tampoco es un convento, aunque merodean jóvenes pupilas que viven de la secta del Fénix, algunas veces sin distinción del género sexual. Braun leyó sobre el tema en un libro de Armando de Miguel, un sociólogo español.
A la inversa, son los hospitales, los asilos y los prostíbulos los que adoptan apariencias de hoteles para amortiguar el peso social de sus inquietantes actividades, lindantes con el sexo y la muerte. Hotel, una palabra francesa. Hotel, hostería y hostal tienen la misma raíz que hospicio. El hostes, conocido como huésped, es tanto el que recibe como el que se aloja. En inglés, el latino host para el que recibe y el anglosajón guest para el anfitrión, cuidan una sutil asimetría.
Los turistas y los clientes forman un internado fugaz, y aunque quieran conocer el lugar, se revela un interés superficial: el souvenir dice aquí estuve, he marcado ese territorio al realizar mis funciones, al deslizarme por lugares señalados por toneladas de historia. Por eso el turismo no crea lazos entre los pueblos, exceptuando los ya existentes (como los lazos que mantienen los aristócratas, los escritores y los artistas en general). También los profesionales dibujan circuitos obligados, como parte de la carrera, con el pretexto de un intercambio de saberes que se reduce a un trueque de tarjetas.
En el hotel queda suspendida la regla puritana de la familia y el trabajo; para evitar el relajo hay reglas de cortesía, y hasta de rigurosa etiqueta.
El hotel Europa no era como el Ritz, más bien parecía un primo de algún Holiday Inn. No tenían salones espaciosos para conversar, sino lugares para consumir (restaurante, piscina). Los clientes se mantenían en actividad. Cuando no consumían algo digerible, podían consumir ropa, relojes, alhajas.
Braun supone que el hotel de La Paz, como cualquier lugar parecido, tiene una relación sigilosa con la policía: la Recepción sabe el sexo, el domicilio, la profesión y el estado civil de cada uno. Además de la procedencia, y el número de documento (...) La iluminación, a pesar del precio, no permite leer (actividad que consumiría el tiempo disponible para consumir en el hotel y/o la ciudad). Hay sala de convenciones, tarjetas de identificación en la solapa, y carpetas con papeles impresos. Gente de empresas que solventan actividades que se sustraen al control fiscal, y resultan una gratificación para sus empleados. Pero el ritmo se estabiliza, el tedio se instala. A Braun le sería difícil vivir en La Paz o en Santa Cruz (...) No tiene prisa por salir de Buenos Aires, pero quiere imaginar un lugar diferente donde le fuera posible residir.

GERMÁN GARCÍA, La fortuna. Ediciones de la Flor, 2004.

jueves, mayo 04, 2006

ARLT Y BORGES

Conquistándose contra la muerte y la locura de su tiempo, Arlt y Borges han de señalarnos la radicalidad en la invención como nuestro modo presente de conquistarnos. Hay que extraer todas las enseñanzas posibles del divismo del sufrimiento del primero, del hedonismo estético de exacta observancia del segundo. La literatura argentina se halla incluida entre estos dos términos. Y como la densidad revela la invención, es necesario que la radicalización en la densidad contenga asimismo la apelación más clara y precisa a los límites vividos y soñados por el lector, pues, hay densidad si el lector colabora. En esto también aprendemos de Arlt y Borges: fuera de ellos, jamás ningún otro escritor argentino ha creado en medida tan extrema la actividad del lector en la literatura.
Por lo que concierne a Roberto Arlt, la radicalidad debe orientarse hacia la invención del hombre, de sus fines y de sus valores, de sus tareas y de sus métodos. Los dos principios del humanismo de nuestra época: "el hombre es el porvenir del hombre" y "todo hombre es todo el hombre" mantienen aún su entera fuerza y sirven de guía. El primero nos instruye que el hombre está todavía por hacerse. El segundo, que el "pobre infeliz incalificable", la "bestia sanguinaria" o el "criminal genocida" soy yo; es usted, lector; es también Roberto Arlt. Es aquí donde éste nos ha dejado un muestrario excelente de los dolores y monstruosidades que apestan a la humanidad en su forma social contemporánea; no es imposible, es más bien conveniente engrosar y profundizar la colección. Los escépticos que se encogen de hombros ante el humanismo, y posan de "maduros avisados", consienten por lo general el primer principio -poco les cuesta aceptar, ya que no crear, un acontecimiento asignado a un porvenir que probablemente jamás verán-, pero no el segundo. Y es porque tienen el gusto de la distinción: yo soy yo y el otro es el otro, yo en mi sitio y el inculto en el suyo. En efecto, para estos misántropos la cultura es apenas una delgada película que separa al hombre de la bestia; ellos son los cultos y así alucinan que reprimen a "la fiera carnicera que alienta en el interior en cada uno". Por prejuicio y mala fe no quieren -y a veces ya no pueden- ver que es justo la cultura conservada y puesta a la defensiva la que convierte al hombre en bestia y reclama necesariamente formas contemporáneas de embrutecer a los hombres. Nuestro literato humanista Roberto Arlt, que alabó en una aguafuerte la fórmula hobbesiana homo homini lupus, tenía razón.La radicalización consiste aquí en dilucidar que "lobo" es la forma histórica que toma el hombre del presente en la relación con su prójimo (...) Por esto lo leemos y debemos leerlo: para saber quiénes somos, y para saber por qué no podemos saber quiénes somos, para conocer incluso nuestra voluntad de ignorarnos.

CARLOS CORREAS, Arlt literato. Ed. Atuel, 1996.

ÚLTIMA ENTREVISTA

Cuando estuve en Berlín hace cuatro años, me invitaron a una escuela para escritores y me pidieron que pronunciase un discurso. Dije: "Lo primero que tenéis que hacer, si es que queréis ser escritores, es salir de aquí por las puertas o por las ventanas, da igual, pero huid en seguida, porque no se puede aprender a ser escritor y no se os puede dar ningún consejo, como tampoco se puede dar instrucción a un escritor... El escritor no existe, todo el mundo es escritor, todo el mundo sabe escribir. Si se escribe una carta a la novia, se hace literatura; incluso diré más: cuando se habla o cuando se cuenta una anécdota, se hace literatura, siempre es lo mismo. Por lo tanto, pensar que la literatura es una especialidad, una profesión, es una inexactitud. Todos somos escritores. Hay personas que no han escrito en toda su vida y, de golpe, hacen su obra maestra. Los otros son profesionales, que escriben cuatro libros al año y publican cosas horribles. Un poeta polaco decía: "A veces me sucede que soy poeta". Creo que la frase es acertada y que debiera decir: "A veces me sucede que soy artista". Pero no entiendo qué quiere decir artista o escritor de profesión. El hombre se expresa y lo hace por todos los medios, baila o canta, o pinta o hace literatura. Lo que importa es ser alguien, para expresar lo que uno es, ¿no creen?. Pero la profesión de escritor, no, no existe... Hoy, las cosas se han complicado falsamente, es un intelectualismo para mí de poca calidad, que busca las cosas, las paradojas, las novedades y todo lo que se quiera, pero que olvida las cosas esenciales. Creo que la literatura debiera volver a su forma de vida de hace, tal vez, cuarenta o cincuenta años, porque todo lo que se ha hecho desde entonces es muy sospechoso y ha dado muy malos resultados.
Cuando me pongo a contar cosas en mis libros, busco los efectos más elementales, cuento sin preocuparme de si estoy en el estructuralismo o en el "nouveau roman", o donde quiera que sea, pero explico las cosas casi en una entera libertad interior. Y esa libertad interior es, para mí, lo más importante (...) Yo he tenido siempre la sensación de que el arte no puede dar dividendos. Un artista que se siente, ante todo, creador de una forma profunda o personal, no puede pretender además unos ingresos; por algo así más bien hay que pagar. Hay un arte por el cual se es pagado, otro por el cual hay que pagar. Y se paga con la salud, con las comodidades, etc. Naturalmente, no sé si soy un artista importante o no, pero de todas formas, en ese sentido, mi vida ha sido más bien ascética...

WITOLD GOMBROWICZ, Autobiografía sucinta. Ed. Anagrama, 1972.

RAFAEL

Nacido en Urbino en 1483, desde muy temprana edad Rafael dio muestras de tal interés por el dibujo que su padre llevó al muchacho a Perugia a trabajar como aprendiz del renombrado Pietro Perugino. No tardó en empezar a ejecutar sus propias obras y antes de los veinte había pintado varios retratos de miembros de la corte de Urbino, así como retablos para iglesias en Cittá di Castello, a un día de viaje de Urbino a través de las montañas camino de Perugia.
Pero, por entonces, Rafael, uno de los pintores predilectos de Nietzsche, sabía que no era un gran artista, pues había visto las obras de dos hombres, Miguel Ángel Buonarroti y Leonardo da Vinci. Gracias a ellos había descubierto su incapacidad para pintar figuras en movimiento y, pese a su aptitud para la geometría pictórica, su falta de dominio de la perspectiva lineal. La envidia podía haber alcanzado cotas exorbitantes. En lugar de ello, Rafael la convirtió en abono.
En 1504, a los 21 años, cambió Urbino por Florencia con el fin de estudiar la obra de sus dos maestros. Examinó sus cartones en la Sala del Gran Consejo del Palacio Viejo, donde Leonardo había trabajado en la Batalla de Anghiari y Miguel Ángel en la Batalla de Cascina. Se empapó de las enseñanzas de los estudios anatómicos de Leonardo y Miguel Ángel y siguió su ejemplo de diseccionar y dibujar cadáveres. Aprendió de la Adoración de los Magos y de los cartones de la Virgen y el Niño de Leonardo, y examinó minuciosamente un insólito retrato encargado a Leonardo por un noble, Francesco del Giocondo, deseoso de ver retratada a su mujer, una joven belleza de sonrisa más bien enigmática.
Los resultados cosechados por los esfuerzos de Rafael pronto se hicieron patentes (...) Mona dio a Rafael la idea de un medio cuerpo sentado en el que los brazos proporcionaban la base de una composición piramidal. Le enseñó a emplear ejes contrastantes para cabeza, hombros y manos con el fin de dar volumen a una figura. Mientras que la mujer dibujada en Urbino se antojaba torpemente constreñida en su vestido, con los brazos separados de manera poco natural, la mujer de Florencia se movía con comodidad.
Rafael no conquistó sus talentos espontáneamente; llegó a ser grande respondiendo de forma inteligente a un sentimiento de inferioridad que habría conducido a la desesperación a hombres de menos categoría. Su trayectoria aleccionó a Nietzsche sobre los beneficios del sufrimiento sabiamente interpretado.

ALAIN de BOTTON, Las consolaciones de la filosofía. Ed. Taurus, 2001.

CONTAR EL PROCESO

El autor no debe interpretar. Pero puede contar por qué y cómo ha escrito. Los llamados escritores de poética no siempre sirven para entender la obra que los ha inspirado, pero permiten entender cómo se resuelve el problema técnico de la producción de una obra. En La filosofía de la composición, Poe cuenta cómo escribió El cuervo. No nos dice cómo debemos leerlo, sino qué problemas tuvo que resolver para producir un efecto poético. Por mi parte, llamaría efecto poético a la capacidad que tiene el texto de generar lecturas siempre distintas, sin agotarse jamás del todo.
El que escribe (el que pinta, el que esculpe, el que compone música) siempre sabe lo que hace y cuánto le cuesta. Sabe que debe resolver un problema. Los datos iniciales pueden ser oscuros, instintivos, obsesivos, mero deseo o recuerdo. Pero después el problema se resuelve escribiendo, interrogando la materia con que se trabaja, una materia que tiene sus propias leyes y que al mismo tiempo lleva implícito el recuerdo de la cultura que la impregna (el eco de la intertextualidad). Miente el autor cuando dice que ha trabajado llevado por el rapto de la inspiración. Genius is twenty per cent inspiration and eighty per cent perspiration.
No recuerdo de qué famosa poesía suya Lamartine escribió que le había salido de una tirada, en una noche de tormenta, en medio de un bosque. Cuando murió, se encontraron los manuscritos con las correcciones y las variantes, y se descubrió que aquella poesía era quizá la más "trabajada" de toda la literatura francesa.
Cuando el escritor (o el artista en general) dice que ha trabajado sin pensar en las reglas del proceso, sólo quiere decir que al trabajar no era consciente de su conocimiento de dichas reglas. Aunque sería incapaz de escribir la gramática de su lengua materna, el niño la habla a la perfección. Pero el conocimiento de las reglas no es privativo del gramático: el niño las conoce muy bien, aunque no sepa que las conoce. El gramático sólo es aquel que sabe por qué y cómo el niño conoce la lengua.
Una cosa es contar cómo se ha escrito, y otra probar que se ha escrito "bien". Poe decía que "una cosa es el efecto de la obra, y otra el conocimiento del proceso". Cuando Kandinsky o Klee nos cuentan cómo pintan, no nos dicen si uno de ellos es mejor que el otro. Cuando Miguel Angel nos dice que esculpir significa eliminar lo superfluo, liberar la figura que ya está inscrita en la piedra, no nos dice si la Piedad del Vaticano es mejor que la Piedad Rondanini. A veces las páginas más esclarecedoras sobre los procesos artísticos fueron obra de artistas menores, que no sabían producir grandes efectos, pero sí reflexionar muy bien sobre sus propios procesos: Vasari, Horatio Greenough, Aaron Copland...

UMBERTO ECO, Apostillas a El nombre de la rosa. Ed. Lumen, 1985.

miércoles, mayo 03, 2006

WITOLDO (1904-1969)

Finalmente, me veo obligado a definir (pues estoy viendo que si yo no lo hago nadie lo hará en mi lugar) el principal problema de nuestro tiempo, el que domina todo el pensamiento occidental. El problema no es la Historia, ni la Existencia, ni la Praxis, ni la Estructura, ni la Epistemología, ni el Cogito, ni la Psique, ni cualquiera de los muchos problemas que han invadido el campo de nuestra visión. El problema principal es: CUANTO MÁS INTELIGENTE SE ES, MÁS ESTÚPIDO. Lo recojo de nuevo aunque me haya ocupado de él en otras ocasiones. La estupidez me aqueja -cada vez más fuerte, de forma cada vez más humillante- la imbecilidad que me oprime y que me atormenta, ha aumentado enormemente desde que me he acercado a París, la ciudad más "estupidizante" de todas las ciudades. No creo ser su única víctima; me parece que ninguno de cuantos toman parte en la gigantesca marcha de la consciencia contemporánea ha podido escapar a la emboscada que la imbecilidad les tiende (...) Y no hablo aquí de un cierto contingente de estupidez que todavía no ha sido sobrepasado: la evolución traerá, antes o después, su desaparición. Me refiero más bien a la estupidez que va a la par con la inteligencia y que crece con ella. ¡Ved todos esos festines del intelecto! ¡Esos descubrimientos! ¡Esos refinamientos! ¡Esas concepciones! ¡Esas perspectivas! ¡Esas publicaciones! ¡Congresos! ¡Discusiones! ¡Institutos! ¡Universidades! ¡Qué doctos somos y, sin embargo, qué estúpidos!
¡Es escandaloso que la gente no haya encontrado aún el lenguaje para expresar su ignorancia! Eso es lo que les obliga a estar siempre expresando únicamente lo que saben, "su conocimiento del tema". Cuando se instalan en una tribuna y toman la palabra, no hay nada que hacer: deben saber, no les está permitido no saber, o saber aproximadamente, no pueden indicar, ni siquiera con un gesto o por un guiño de ojo que su sabiduría está llena de lagunas y que sólo sirve para la ocasión. En el curso de las discusiones que agitan el pensamiento occidental no oiréis jamás elevarse una voz para decir "Yo no sé muy bien... desconozco por completo... no he leído muy bien... ¿quién podría recordarlo todo?... No hay tiempo para leer... sé un poco de eso, sí, pero no mucho..." ¡Y sin embargo, sería preciso empezar por ahí! ¿Pero quién se atrevería a empezar? (...) El Pensamiento Occidental es pues, desconfiado. Cierra los ojos a lo feo (...) La forma de transmitir el pensamiento, es el mismo cortejo de palabras sobre un papel. ¡Y ese cortejo ha llegado ya hasta el sol! ¿Por qué no gritar que el sol es inalcanzable?
Las facultades de ciencias humanas se resquebrajan bajo el peso de la profunda estupidez doctoral, Delenda est Cartago. ¡Liquidemos!

WITOLD GOMBROWICZ-JEAN DUBUFFET, Correspondencia. Ed. Anagrama,1972.

VAGAS FORMULACIONES

No podemos obviar el tema. Es más, es inevitable. Lo siento por todos los lectores sensibles, pero el pedo no se puede omitir en absoluto. Quien no quiere hablar de él, también tendría que callar sobre el culo (...) Hablar sobre el tema no resulta difícil en la medida en que esto supone un sonido que en situaciones sociales siempre significa algo. Quien sea testigo de un pedo produce innegablemente una interpretación de ese sonido. Resumiendo, la semántica del pedo es incluso un problema bastante complicado, demasiado descuidado por la linguística y la teoría de la comunicación. La escala de significados va desde la vergüenza hasta el desprecio, desde intenciones humorísticas hasta falta de respeto. Maestros, profesores, oradores y participantes en conferencias conocen el tormento de no poder hacer sonar fuertemente una flatulencia imperiosa, ya que un sonido semejante expresa algo que no se quiere decir en realidad. ¿Acaso podría fomentar nuestra empatía con los políticos el que nosotros, al escuchar sus discursos, pensésemos más a menudo que éstos posiblemente están ocupados en reprimir una ventosidad que podría interrumpir por un rato su conferencia? En efecto, el arte de las vagas formulaciones está en relación con el arte de un viento decente: ambas cosas son diplomacia.
Semióticamente, contamos el pedo en el grupo de las señales, es decir, de los signos que ni simbolizan ni reproducen nada, sino que dan indicaciones de un estado. Cuando la locomotora pita, advierte de su acercamiento y de sus posibles peligros. El pedo, entendido como señal, muestra que el abdomen está en plena acción y esto puede tener fatales consecuencias en situaciones en las que toda alusión a ámbitos semejantes es absolutamente indeseada. Ernst Jünger dejó anotado en su Diario parisino, a propósito de la lectura de la Guerra judía del historiador Flavio Josefo, lo que sigue: "De nuevo encontré el pasaje en el que se describe el comienzo de los disturbios que tuvieron lugar en Jerusalén bajo el mandato de Cumano (II, 12). Mientras que los judíos se reunían para la fiesta de los panes ácimos, los romanos dispusieron una cohorte sobre la sala de columnas del templo para observar la muchedumbre. Uno de los soldados de esta cohorte se subió la túnica, volvió el trasero hacia los judíos con una inclinación burlona y dejó escapar el indecente sonido que correspondía a su posición. Y ésta fue la ocasión que dio lugar a un choque que costaría la vida a diez mil personas, de tal manera que se puede hablar del pedo más funesto de la historia mundial".
El cinismo del soldado romano que ventoseó en el templo "de una manera blasfema y políticamente provocadora" encuentra un equivalente de la misma alcurnia en el comentario que hace Jünger, comentario que pasa al campo del cinismo teórico.

PETER SLOTERDIJK, Crítica de la razón cínica. Ed. Taurus, 1989.

SORDOS RUIDOS

El emperador Claudio, tres veces gran emperador, quien no se preocupaba sino del bienestar de sus súbditos, al haber sido informado de que algunos de ellos, llevados por el respeto, habían preferido morir a tirarse un pedo en su presencia, y al saber, gracias a textos de otros historiadores, que, en estos casos se acostumbra a morir en medio de espantosos cólicos, mandó publicar un edicto por el cual autorizaba a todos sus súbditos a tirarse pedos libremente, incluso a su mesa, con tal de que lo hicieran claramente.
La indecencia que se atribuye al pedo no tiene por principio sino el humor y el capricho de los hombres. No es contrario a las buenas costumbres y, por lo tanto, no es peligroso autorizarlo; además, tenemos pruebas de que, en muchos lugares e incluso en algún lugar del mundo civilizado, está permitido tirarse pedos libremente y es incluso visto como una gran crueldad el obligar a conservar sobre este tema el más mínimo escrúpulo. Los egipcios, por ejemplo, habían hecho del pedo un dios, cuya imagen se encuentra reproducida en los espacios dedicados al aseo. Los antiguos, según la salida más o menos ruidosa de sus pedos, auguraban tiempo bueno o malo. Pero probemos, con algunos ejemplos, por qué el pedo sigue siendo ventajoso para la Sociedad.
El pedo detiene los esfuerzos de los enemigos de la Sociedad. Por ejemplo: en un círculo numeroso de oyentes, un conferenciante se pone aburrido. Desde hace una hora, se explaya con sus gracias que no provocan sino el sueño del auditorio. Un pedo, de pronto, le cortará por lo sano.
En una brillante reunión, reina desde hace dos horas el silencio más incómodo; unos se callan por cumplido, otros por timidez, otros aún por torpeza: todos están a punto de despedirse sin cruzar palabra. De pronto, se oye un pedo; en seguida un murmullo preludia una larga disertación que la crítica sagaz y el juego de palabras sazonan. Es, pues, a ese pedo al que le debe la Sociedad la interrupción de un silencio desagradable y una conversación placentera.
En un grupo de filósofos atentos, que sueltan máximas pomposas, basta que alguno suelte también, de incógnito, algún pedo para que la moral emprenda la huida en pleno descontrol; todos ríen, se relajan, y la naturaleza se manifiesta con tanta más fuerza cuanto que se ve de costumbre frenada entre hombres tan extraordinarios.
Que no se diga, tan injustamente, que la risa provoca el pedo y que es más bien motivo de desprecio y piedad que de una auténtica alegría; el pedo es de por sí un placer, independientemente de los lugares y de las circunstancias en que se produce. Al ser el pedo algo agradable, al haberse demostrado su utilidad, tanto particular como general, al haberse combatido y anulado su pretendida indecencia, ¿quién podría negarle su voto?.

SALVADOR DALÍ, Diario de un genio. Ed. Tusquets, 1996.

lunes, mayo 01, 2006

CONTRA LA UTOPÍA ECONÓMICA

La imagen ideal virtuosa y racional del mundo coincide con una utopía económica del mundo y todos los planteamientos tienen como punto de referencia las reivindicaciones económicas. Lo ineluctable consiste en que dentro de ese mundo de explotadores y explotados no es posible ninguna magnitud de la cual no decida una instancia suprema; y esa instancia suprema es lo económico. Hay aquí dos especies de hombre, dos especies de arte, dos especies de moral -pero no se necesita mucha perspicacia para reparar en que es una sola fuente la que alimenta esas dualidades. A uno y el mismo progreso refieren también su justificación quienes libran el combate económico (...) Lo que hemos de ver es que existe, que está ahí, una dictadura del pensamiento económico en sí y que esa dictadura abarca dentro de su perímetro cualquier otra dictadura posible y coarta las medidas que ésta pueda tomar. Pues dentro de ese mundo no es posible efectuar ningún movimiento que no agite otra vez el turbio fango de los intereses, y no hay dentro de él ninguna posición desde la cual pueda romperse el frente. El centro de ese cosmos está formado por la economía como tal, por la interpretación económica del mundo, y es ella la que otorga su peso a cada una de las partes (...) Es bien sencillo el secreto que aquí se esconde: consiste, en primer lugar, en que la economía no es un poder capaz de otorgar libertad, y, en segundo lugar, en que el sentido económico no está en condiciones de abrirse paso hasta los elementos de la libertad -con todo, para poder adivinar ese secreto son precisos los ojos de una generación nueva (...) Ese es el motivo por el cual tiene tanta importancia para el trabajador el que rechace todas las explicaciones que pretenden interpretar su aparición como un fenómeno económico, más aún, como un producto de procesos económicos; ese es el motivo por el cual tiene tanta importancia para el trabajador el que cale la procedencia burguesa de tales explicaciones. La medida que más eficazmente puede cortar esas funestas ataduras es que el trabajador se declare independiente del mundo económico. Pero tal cosa no significa renunciar a ese mundo, sino subordinarlo a una reivindicación de dominio de índole más amplia. Significa que el eje de la sublevación no es ni la libertad económica ni el poder económico, sino el poder en sí. Al introducir taimadamente sus propios objetivos en los objetivos del trabajador, el burgués restringió a la vez el objetivo del ataque a un objetivo burgués (...) Para hacer realidad ese mundo vislumbrado no es suficiente, sin embargo, un combate por la libertad cuya conciencia se alimente del hecho de la explotación. Todo depende, antes bien, de que el trabajador se percate de su superioridad y de que se cree, sacándolas de ella, sus propias normas, por las cuales habrá de regirse su dominio futuro (...) Si es que queremos atrevernos a emprender una ofensiva nueva, no podemos hacerlo sino en dirección a unos objetivos nuevos. Esto tiene como presupuesto un frente diferente y unos aliados diferentes. Esto tiene como presupuesto que el trabajador se conciba a sí mismo de una manera diferente y que en sus movimientos cese de expresarse un reflejo de la conciencia burguesa y comience a expresarse una conciencia peculiar de sí mismo.

ERNST JÜNGER, El trabajador. Ed. Tusquets, 1993.

CONFESIONES

A las tres hijas de Marx les encantaba el juego de salón victoriano de las "confesiones" -al que hoy se suele conocer como "cuestionario de Proust"- y a mediados del año 1860, propusieron a su padre que se sometiera al interrogatorio. Estas fueron sus respuestas:


Tu virtud preferida: La sencillez
Tu virtud preferida en un hombre: La fuerza
Tu virtud preferida en una mujer: La debilidad
Tu principal característica: El tesón
Tu idea de la felicidad: Luchar
Tu idea de infelicidad: La sumisión
El defecto que más disculpas: La credulidad
El defecto que más odias: El servilismo
Lo que más detestas: Martin Tupper (escritor victoriano)
Ocupación preferida: Ser un ratón de biblioteca
Poeta preferido: Shakespeare, Esquilo, Goethe
Escritor preferido en prosa: Diderot
Héroe: Espartaco, Kepler
Heroína: Gretchen
Flor: La flor del daphne
Color: Rojo
Nombre: Laura, Jenny
Comida: Pescado
Máxima: Nihil humani a me alienum puto
(Nada de lo humano me es ajeno)
Lema: De omnibus dubitandum
(De todo se debe dudar)

FRANCIS WHEEN, Karl Marx. Ed. Debate, 2000.

TERRIBLE SECRETO

...Hitler no se daba cuenta de que la "solución final" estaba en marcha, que los judíos habían sido asesinados a miles ya en Rusia y que estaban siéndolo por entonces con gas venenoso en centros industriales de asesinato en masa que estaban funcionando ya en Chelmo, Belzec, Sobibor y Auschwitz-Birkenau (y que no tardarían en estarlo en Treblinka y Maidanek)? Eso parece inconcebible, aunque no tuviese por qué estar informado detalladamente de lo que estaba pasando, ni de los nombres de los campos de exterminio, en realidad (...) en marzo de 1942 Goebbels se había remitido a Hitler como la inspiración de la "solución más radical" de la "cuestión judía", al hablar de la liquidación de los judíos de la zona de Lublin (...) No podemos saber cuánto detalle pidió Hitler ni cuánto se le dió. Sin embargo, un indicio al menos de que estaba informado de la matanza de un enorme número de judíos lo proporciona un informe que Himmler había hecho redactar para él a finales de 1942, en el que había estadísticas sobre judíos "ejecutados" en el sur de Rusia por supuestas relaciones con la actividad "bandolera" (...) Las cifras de los que habían ayudado a las "bandas" incluían 363.211 "judíos ejecutados". La relación con la actividad subversiva era una farsa evidente (...) Cuatro meses después de esto, en abril de 1943, Himmler envió a Hitler un informe estadístico abreviado (...) Sabiendo como sabía que en el entorno de Hitler era tabú la mención explícita de la matanza en masa de los judíos, Himmler había presentado el informe en un lenguaje camuflado. Había que mantener la ficción. Himmler ordenó que en la versión abreviada que debía enviarse a Hitler se eliminase la expresión "tratamiento especial" (que era ya un eufemismo de matar). Su estadístico, el doctor Korherr, recibió orden de referirse sólo al "transporte de judíos". Había una alusión a que los judíos estaban siendo "canalizados" a través de campos no identificados. La técnica de camuflaje verbal se utilizaba allí con una finalidad específica (...) Cuando durante la comida del 29 de mayo de 1942 les habló a Goebbels y a los otros invitados de que era preferible "evacuar" a los judíos al África Central, Hitler estaba manteniendo la ficción, que tenía que mantenerse hasta en el "círculo de su corte", de que se estaba reasentando a los judíos y poniéndolos a trabajar en el este (...) Hitler había interiorizado ya su autorización de la matanza de los judíos (...) La preocupación de Hitler por mantener el secreto seguía siendo grande. En ninguna parte hay una indicación explícita, incluso en discusiones con ayudantes o secretarias, de que supiese del exterminio de los judíos. El tema probablemente no se mencionase, si es que se mencionaba, más que en privado a Himmler y en términos generales, y por lo demás se insinuaba oscuramente en comentarios camuflados, cuyo significado estaba perfectamente claro para los que sabían lo que estaba pasando. Himmler adoptó la misma estrategia. ¿Por qué estaba Hitler tan deseoso de mantener la ficción del reasentamiento y ocultaba el "terrible secreto" incluso a los miembros de su círculo íntimo? Una explicación parcial hay que buscarla sin duda en la fuerte tendencia personal de Hitler al secretismo extremo, que convirtió en una forma general de gobernar, tal como se establece en su "Orden básica" de enero de 1940, en la que dice que la información sólo debería ser accesible cuando hubiese "necesidad de saber". El conocimiento del exterminio podía proporcionar al enemigo un regalo propagandístico, e incluso provocar agitación y problemas internos en los territorios ocupados, sobre todo en la Europa occidental. Y por lo que se refiere a la opinión pública del propio Reich, la cúpula dirigente nazi creía que el pueblo alemán no estaba preparado para la enorme crueldad del exterminio de los judíos (...) Himmler aludiría a ello más tarde, hablando para los jefes de las SS, como "una página gloriosa de nuestra historia que nunca se escribirá", Era, evidentemente, un secreto que había que llevarse a la tumba.

IAN KERSHAW, Hitler (1936-1945). Ed. Península, 2001.